¿Acaso son los Estados Unidos quienes invaden Ucrania?

«El día del segundo aniversario de la invasión rusa, un pequeño sector que se reclama pacifista se manifestará frente al consulado americano. Como los trumpistas, pedirán que no se envíen más armas a Ucrania»

El próximo 24 de febrero se cumplirán dos años desde la invasión y guerra a gran escala de Rusia contra Ucrania. Durante estos dos años hemos visto cómo el gobierno, el pueblo y la gente trabajadora de Ucrania han dado y están dando apoyo a su ejército con el fin de echar al invasor. Las encuestas muestran que la ciudadanía apoya mayoritariamente, en primer lugar, a su ejército y, después, a su presidente. Y también que no quieren ninguna cesión de territorio ucraniano: el 72% se oponen muy firmemente y un 13% adicional también rechaza ceder territorio a Rusia. A la pregunta de por qué se enfrentan a un ejército muy superior, a una potencia nuclear, ya han respondido: ¡porque el pueblo ucraniano quiere ser libre y no estar bajo la bota del imperio ruso!

Después de dos años, las bajas de soldados de ambos ejércitos y de población civil ucraniana son terribles. Las infraestructuras destruidas, los barrios, la agricultura, la biodiversidad, todo quedará en muy mal estado durante muchos años. Durante decenios. Las secuelas de la guerra, con muertes, heridos, mutilados, violaciones, secuestros de niñas y niños..., se prolongarán en secuelas psíquicas y enfermedades.

Lo lógico, solidario y humano es, pues, apoyar a un país que ha sido invadido y que está sufriendo. Eso no es "belicismo". Eso es lo que van a hacer, en el segundo aniversario del ataque, la inmensa mayoría de las personas ucranianas que están en nuestro país, como ciudadanas o refugiadas. Y también la mayoría de las personas catalanas que sienten esta guerra como un crimen de una potencia contra una nación que no le ha hecho más daño que querer su propia libertad. Esta gente se reencontrará por la tarde, como el año pasado y quizás aún en mayor número, en el passeig de Grácia, para ir hasta la plaça de Catalunya.

Pero existe un pequeño sector, un recalcitrante sector, de personas y de algunas organizaciones que se reclaman pacifistas o "antiotanistas", agrupadas en la plataforma Catalunya per la pau, que actuarán en sentido contrario al de la manifestación. ¡El mismo día se concentrarán para exigir la paz ante el Consulado de Estados Unidos! Y les pedirán que no envíen más armas a Ucrania. ¡Vaya, como los trumpistas en Estados Unidos!

Esto es, no reivindican ante Rusia, el atacante, el imperio que quiere rehacer su autoridad y su "espacio" a base de invadir, si es necesario, y de imponer gobiernos títeres a los pueblos y naciones de su entorno, sino ante el imperio que, al menos por ahora, está ayudando a Ucrania a defenderse. Curiosa forma de entender la paz: dar cobertura política al agresor en contra del agredido.

La Red Europea de Solidaridad con Ucrania hemos pedido a la plataforma que nos conteste estas sencillas preguntas: "¿Por qué llamáis a manifestarse ante el Consulado de Estados Unidos, en lugar de ante el Consulado de Rusia?"; "¿quién creéis que es el agredido en esta guerra, Ucrania o Rusia?"; "¿no creéis legítimo que el país y pueblo agredido se pueda defender con armas y que las busque donde pueda?"; y "¿por qué no pedir a Rusia el alto el fuego y de bombardeos sobre zonas civiles y la retirada de sus tropas de Ucrania?".

Pues bien, ¿sabéis qué han contestado? Esto: "No os respondemos porque las preguntas que hacéis ya las respondimos hace meses a vosotros y a las señoras de la comunidad ucraniana en Cataluña."

¡Qué falta de respeto a las mujeres ucranianas refugiadas! No quieren responder por qué no saben qué decir. No quiero entrar en las mentiras de Putin que ellos repiten, como "ha sido la OTAN quien ha agredido a Rusia", o que Zelensky y casi todos los ucranianos son "nazis". La guerra sucia de Putin se libra también —¡y mucho!— en el terreno de la propaganda. La calumnia es utilizada como arma de destrucción masiva de conciencias. Y gente trabajadora, de izquierdas sobre todo, queda confundida o es engañada por el discurso justificativo del imperialismo ruso.

Porque lo importante no es la cantidad de gente que arrastra esta plataforma. Son cuatro gatos, como se verá en el ridículo que harán el próximo 24 de febrero frente al consulado americano. Lo que más duele de este tipo de "pacifismo", que da la razón y justifica al agresor, es la parálisis que genera en otras organizaciones. En particular, en los sindicatos, incapaces todavía de reaccionar y mostrar solidaridad de clase. El método de la calumnia —¡tan empleada por Stalin para destruir a los revolucionarios de su época y tan eficaz!— es soltar todo tipo de mentiras para desprestigiar a una persona, una idea, una nación. Y repetirlas y repetirlas. No hace falta demostrar nada, no hace falta que sea coherente: ¡calumnia, que algo queda!

Aquí conocemos qué fue el fascismo. Las jóvenes generaciones no lo han vivido. Pero la memoria democrática que nos esforzamos en rescatar nos recuerda que fueron 40 años de opresión, de semiesclavitud, de falta de libertades, de miedo. La joven República necesitaba armas para defenderse ante el golpe fascista. Pero mientras el fascismo internacional probaba aquí sus bombas y armas, la República no recibió el apoyo de las democracias occidentales. El mundo llamado democrático concilió con Hitler y se resignó a que ganara el fascismo. De esa forma preparó el terreno para la II Guerra Mundial. No deberíamos repetir el error que se produjo en los años 30 contra la República española.

Hoy la situación es distinta, por ahora. Estados Unidos, la OTAN y algunos países europeos están dando apoyo político y militar a Ucrania. Pero, ¿qué soporte le dan? La UE acaba de aprobar 50.000 millones que el ultraderechista húngaro Orbán (como los seguidores de Trump) bloqueaba. Pero no dan las armas en la cantidad y calidad necesarias para echar a las tropas rusas invasoras. No se trata de conceder préstamos que endeuden Ucrania para el futuro. No se trata de aumentar los presupuestos militares. ¡Lo que hace falta es dar gratis armas, aviones y municiones que ya tenemos y no utilizamos!

La paz no se obtendrá cediendo a Rusia las zonas que ahora ocupa. Ni repitiendo ante la Rusia imperialista de Putin concesiones como las que se realizaron ante la Alemania imperialista de Hitler. Eso sólo espolearía nuevas guerras y nuevas invasiones, incluso de otros países. Polonia, países bálticos, Finlandia... ¡Esto ya ocurrió con la invasión rusa en Crimea en 2014, ante la que nadie ayudó a Ucrania! Puede alcanzar a toda Europa si no se detiene esta dinámica.

El terrible genocidio en Gaza no puede hacernos olvidar la cruel guerra, ocupación y nuevo intento de genocidio (¡ya hubo el Holodomor de Stalin!) que lleva a cabo el imperialismo ruso dentro de Europa. Ser hoy antiimperialistas y anticolonialistas implica defender a los pueblos que luchan por su soberanía.

Defendemos el sindicalismo ucraniano contra las políticas neoliberales de Zelensky. Pese a su erróneo apoyo a Israel. Pero defendemos a Ucrania ante el ataque del imperialismo ruso que quiere destruir su identidad como nación y utiliza el engaño y la calumnia de que son gobernados por "nazis", mientras en el Kremlin actúan como un verdadero nuevo tipo de fascismo. Con el aplauso de Vox, Le Pen, Orbán o Meloni. Somos antifascistas.

Sólo habrá oportunidad para una verdadera paz cuando los representantes del poder ruso se vean obligados a retirarse del territorio ucraniano y paguen por los crímenes y daños causados.

 



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Alfons Bech

Militante obrero, y revolucionario marxista. Miembro de de la CCOO, la federación sindical más grande de España. Activista político de L?Aurora y EUiA.

 albech12@gmail.com      @alfonsbech

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