El saludo de Raúl Castro y Barack Obama

Las relaciones internacionales tienen como premisa el respeto
recíproco y la cortesía.

Es eso lo que, por encima de cualquier otra consideración, fue el
motivo por el que estrecharon las manos en señal de saludo en
Sudáfrica los presidentes de Cuba y Estados Unidos, Raúl Castro y
Barack Obama.

Cuba y Estados Unidos, pese a la tensión que caracteriza sus tortuosas
relaciones, mantienen respetuosos vínculos que tienen cotidiana
expresión en la existencia de respectivas oficinas de representación
en Washington y La Habana.

Se trata de una alternativa para las relaciones diplomáticas formales
que fue acordada hace casi 40 años, cuando ambos gobiernos así lo
decidieron para darle mayor operatividad y alcance a sus nexos y poder
tratar los asuntos que por su carácter o su urgencia requerían de una
vía más expedita que la que podían propiciar los nexos a través de
terceros países designados por las dos partes para el manejo de estos
vínculos tras la ruptura de sus relaciones diplomáticas en 1959.

En una entrevista recientemente concedida al periódico cubano Granma
por el Embajador de Cuba Ramón Sánchez-Parodi, quien se desempeñó
durante 12 años al frente de la Oficina de Intereses de Cuba en
Washington se divulgan abundantes ejemplos del útil papel que han
desempeñado estas misiones cuasi diplomáticas en la evitación o
atenuación de enfrentamientos y promoción de posibles reencuentros
entre ambos países.

De modo que al estrechar sus manos, Barack Obama y Raúl Castro no
estaban cometiendo violación alguna del ceremonial ni otras reglas de
las que rigen las formalidades en las relaciones internacionales.

Como quiera que las dos naciones son partes integrantes del sistema de
las Naciones Unidas, con iguales derechos en ese y otros organismos y
organizaciones internacionales, los vínculos se han desarrollado sobre
la base de principios básicos del derecho internacional y la cortesía
por una y otra parte, sin que ello haya significado necesariamente
modificación de la tensión que ha caracterizado a estas precarias
relaciones.

Por eso, el acontecimiento de que los primeros mandatarios de Cuba y
Estados Unidos estrecharan sus manos en saludo durante las ceremonias
oficiales por el fallecimiento de Nelson Mandela, no debía asombrar.

El fallecimiento de Mandela fue muy lamentado por los pueblos de todo
el mundo pero, de manera muy particular, repercutió en ambas costas
del Estrecho de la Florida.

El líder revolucionario de Sudáfrica, ha estado durante muchos años
vinculado a Cuba por una estrecha amistad con Fidel Castro, el líder
histórico de la revolución cubana, un vínculo públicamente exaltado
por ambos héroes de sus respectivas naciones.

Esos nexos también se asientan en el firme y generoso apoyo que miles
de cubanos brindaron a la lucha de los revolucionarios sudafricanos
contra el oprobioso apartheid.

Más de dos mil cubanos murieron en África combatiendo junto a sus
pueblos contra el colonialismo. Sus nombres están grabados en una
pared de piedra -cuya construcción impulsó Mandela- en la colina del
Parque de la Libertad en Pretoria, la capital de Sudáfrica.

Momento culminante del internacionalismo cubano fue, en 1988, la
batalla de Cuito Cuanavale, en Angola, contra el ejército racista
sudafricano, abanderado del apartheid. Aquella victoria propició la
independencia de Namibia, significó un punto de inflexión en la lucha
contra el apartheid y abrió la senda para la liberación de Mandela
tras 27 años de encierro en prisiones de su país, con extenuantes
jornadas de trabajo forzado en canteras.

De la otra parte, en Estados Unidos, la presidencia de la nación está
siendo desempeñada, por vez primera en la historia, por un
descendiente de africanos, no blanco. Ese nexo promovió,
indudablemente, una empatía entre el héroe africano y el primer
mandatario negro estadounidense, hecho que ha estimulado el apoyo de
la comunidad afroamericana al Presidente Barack Obama, especialmente
en tiempos de elecciones.

Los poderes fácticos de Estados Unidos así como los medios
corporativos de la gran prensa se han ido quedando cada vez más
huérfanos de argumentos que sustenten la exclusión de Cuba y el
rechazo a la normalización de los nexos con la mayor de la Antillas.
Cada vez suenan más añejos e insustanciales los alegatos contra la
isla rebelde, tildada de promotora de guerrillas, satélite soviético,
terrorista, violadora de los derechos humanos y de mil maneras más
demonizada. Año tras años, más del 98% de la comunidad internacional
ratifica en Naciones Unidas su condena al criminal bloqueo económico y
comercial contra Cuba.

Con mucho tino pregunta a Obama el politólogo Tom Hayden en el título
de un artículo suyo aparecido en el diario Los Angeles Times el 13 de
diciembre: ¿No es ya tiempo de que Estados Unidos estreche la mano de
Cuba también?


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Manuel Yepe

Abogado, economista y politólogo. Profesor del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana, Cuba.

 manuelyepe@gmail.com

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