De vergüenza

Garzón, el juez instructor de la mayor trama de corrupción habida en Europa después de las mafiosas en Italia, ha sido sentado en el banquillo por perseguir a las mafia política y condenado luego al ostracismo de su función. Así, la ultraderecha acaba de quitarse de en medio y de un plumazo al juez que descubrió a un tropel de corruptos que han contribuido al desastre económico de este país…  

 Y luego políticos, jueces y periodistas niegan que perduren, con un cambio de fachada, las Cortes franquistas integradas por los herederos de aquellos procuradores y su aparato. 

 Es imposible más descaro, más cinismo y más vergüenza, aparte ser un desafuero, una injusticia superlativa y un aviso a navegantes… Lo mismo les da a esos magistrados del alto tribunal lo que piensen y digan en su mayoría los ciudadanos españoles, y las reacciones de la opinión internacional: la misma actitud de los tiranos. El hecho de que aquí unos magistrados se solapen con otros en un órgano colegiado, es decir, formando parte de un grupo, no significa otra cosa que es menos arriesgado tomar decisiones que favorecen y robustecen a la plutocracia y a los políticos de la ideología dominante, que asumir la responsabilidad un solo magistrado o un solo sátrapa.  

 Ahora, con la inhabilitación del juez y la declaración de ilegales las escuchas telefónicas que permitieron descubrir en buena medida la trama Gürtel, la caterva de corruptos del partido en el gobierno, imputados o en espera de juicio, ya tienen vía libre para salir de prisión, condicional o preventiva, en que se encontraban, o para que los tribunales sobresean sus causas. 

 Y el proceso al yerno del rey, un tal Urdangarín, lleva el mismo camino, puesto que el Consejo del Poder Judicial ha intervenido en el asunto por supuestas “filtraciones” del sumario. Y ello, pese a que por razones obvias procesales los abogados y otras personas interesadas en la causa tienen copia de las actuaciones del juez. 

 Antes de este trago quienes, sin tener interés directo en la causa del juez, ni tener una simpatía especial hacia el juez instructor juzgado y condenado, ya presumíamos el fallo. 

 El mundo entero acaba de asistir a un magno acto de prevaricación (“dictar sentencia a sabiendas de que es injusta”) que puede verse como universal, pues medio mundo clama contra ella.  

 Lo que se podía haber ahorrado el tribunal es la escenificación de una pamema, de una parodia de justicia. Para tratar así el asunto, encajaba mejor un juicio sumarísimo similar a las causas instruidas por Franco a los rojos. El caso es que en España ya tenemos oficialmente a la ultraderecha también en la Justicia. Así se redondea su presencia en los tres poderes del Estado. Y a esto, un ejército de cínicos le sigue llamando democracia parlamentaria… 

 9 Febrero 2012

richart.jaime@gmail.com



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Jaime Richart


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