Los indignados de España y el triunfo del PP

No podemos ni debemos, desde Venezuela, decirles a los indignados de España cuáles deben ser sus tácticas políticas y cuál su estrategia política. Sólo ellos, los indignados, gozan de la potestad para decidir su destino aunque tengan, obligatoriamente, que echar una mirada al corredor internacional que bordea la Península estableciéndo circunstancias o condiciones a las cuales no pueden escapar ni que hagan lo del avestruz. Sin embargo, como organización política El Pueblo Avanza (EPA) que cree en el internacionalismo proletario o revolucionario y hasta a riesgo de recibir críticas demoledoras bajo la acusación de ser entrometidos donde no nos han llamado a opinar, creemos que tenemos el deber de decir algunas cosas que nos parecen necesarias para una verdadera reflexión de los camaradas o compañeros indignados de España, si así lo consideran prudente.

 Luego de realizar luchas políticas es imprescindible hacer un análisis político que permita establecer lo que se debió hacer y no se hizo y lo que se hizo y no se debió hacer. Eso facilita el fortalecimiento de la organización para la ejecución de futuras luchas políticas mucho más exitosas que las pasadas. Ninguna lucha política por un objetivo supremo de la lucha de clases ha sido una sucesión de victorias sin derrotas y, sobre éstas cuando se producen, siempre existe la posibilidad real de adquirir grandes experiencias o enseñanzas que sirven para triunfos del futuro. Una lucha no es victoriosa por el simple hecho de atraer hacia sí a miles y miles de personas sino, fundamentalmente, por la conquista de objetivos sobre la base del menor número de sacrificios humanos. Debemos reconocer que un gran éxito de los camaradas o compañeros indignados de España (15-M) fue haber hecho posible –con su ejemplo- que su movimiento se extendiera no sólo por Europa sino por otras regiones importantes en elmundo, como es el caso de Estados Unidos, enarbolando banderas de justicia social.

 En España como en Estados Unidos y muchas otras naciones del planeta, existen bipartidismos que se turnan en el gobierno cada cierto tiempo sin lograr cambiar de raíz las caóticas situaciones socioeconómicas que afectan y mantienen en la pobreza a la inmensa mayoría de sus pueblos. En el caso de España están: el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Parttido Popular (PP). Felipe González, José María Aznar, José Luis Zapatero y Mariano Rajoy, cada uno con la bandera de su partido, han llegado al gobierno no para rendirle lealtad al púeblo español sino a la Monarquía española. Se sabe que el rey y la reina, el príncipe y la princesa, las infantas y los duques y duquesas valen muchísimo más que el pueblo español completo. Y quienes más lo saben son las dirigencias del PSOE y del PP. Por lo menos el falangismo de Franco creyó más en la burguesía española que en la Monarquía. Pero todos, cada quien a su manera y alegando ideologías diferentes, coinciden en que los intereses del pueblo español es lo último que debe ser tomado en consideración y no lo más importante por resolver.

 Hasta ahora, cada ocho años se turnan el PSOE y el PP para dirigir el destino de España. Nada huele a revolución. ¡Malditos!, quienes hicieron fracasar a la Revolución Española en la primera mitad del siglo pasado y lograron que doblaran y repicaran las campanas en favor del falangismo y no del socialismo. Lástima, verdadera lástima, que el extinto Ovseienko Antónov (en miembro del Comité Militar Revolucionario de la Revolución Proletaria Rusa e internacionalista en la guerra española) no dejó nada escrito al respecto que sería, sin duda, un material rico en verdades históricas.

 Lo cierto es que la abstención política en el recién finalizado proceso electoral que culminó con el arrollador triunfo del PP, debe ser analizado si resultó positivo o negativo para los camaradas o compañeros indignados de España. Si la abstención fue una línea política de los indignados podemos asegurar que fueron derrotados y si no fue una línea política contribuyeron a que el partido de derecha (PP) ganara demasiados espacios en fundamentales instituciones del Estado como el gobierno y el parlamento. Si una masa importante de pueblo se indigna para sólo demostrarlo en manifestaciones públicas y no tomar en cuenta la necesidad de organización y de participación en la lucha política, todo sueño mental que se proponga termina siendo una utopía inalcanzable. En el caso de España, por ejemplo, lo que se haría es concentrar aún más la posibilidad de victoria siempre de alguno de los dos partidos que conforman el bipartidismo: PSOE o PP.

 No estamos diciendo que los indignados debieron tener su propio candidato presidencial en España. No, lo que decimos es que debieron establecer relaciones o alianzas políticas con algunas organizaciones o partidos que participaron en lasparlamentarias y eso hubiese podido darlesoportunidad de obtener algunos escaños quitándoselos al PP. La consigna de nada con lo que se refieras partido político termina siendo profundamete reaccionaria y reformista. Así lo vemos sin acusar a los camaradas o compañeros indignados de España de tales cosas. Sus luchas apenas comienzan. Lo que tal vez no se imaginaron era el éxito cuantitativo que iba a obtener en las primeras de cambio. Pero si eso se deja siempre a la marcha de la espontaneidad, termina diluyéndose hasta volver a cero. No son lecciones ni políticas ni morales, son verdades comprobadas en la experiencia de la historia de la lucha de clases.

 Nadie tiene derecho en este mundo ha negarle el deber a otros, de donde quiera que sean y donde quiera que estén, de desear se produzca la revolución socialista en toda la faz del planeta. Y ese deseo, lo confesamos los de El Pueblo Avanza (EPA) con la mayor sinceridad posible, es nuestro gran deber primario en este mundo. Si los camaradas o compañeros indignados, de cualquier parte del mundo, contribuyen a ello, bienvenidas sean sus luchas y sus éxitos.



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El Pueblo Avanza (EPA)


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