Los indignados o las expresiones de la crisis postcapitalista

La expresión de un conjunto de movilizaciones de diverso tipo, con un repertorio de protesta variado caracterizado por manifestaciones de rechazo a los ajustes económicos implementados por el conjunto de países importantes del denominado G-8 (EEUU, Francia, Alemania, Canadá, Italia) ha sido conocida como la “protesta de los indignados”. Los indignados se corresponden a una consecuencia de las formas de apropiación de excedentes impulsada por el denominado capitalismo financiero, que progresivamente han generado una dinámica de incremento de la pobreza mundial, encarecimiento de los alimentos, privatización del espacio público mediante el desmontaje del Estado y sus instituciones.

Se trata de un movimiento que se expresó mayoritariamente en toma de espacios públicos en España el 15 de marzo y se ha extendido a màs de 71 paìses de todo el orbe y cerca de 700 ciudades. Se trata de un planteamiento que se basa en diversas consideraciones: 1) la denuncia de la cada vez mayor relación y conexión entre el capital económico y el poder político; 2) el uso de un repertorio de protestas que plantea la recuperación del espacio público (plazas, edificios, calles) que han sido “expropiados” por la privatización de la sociedad bajo los supuestos de la lógica económica consumista y 3) la denuncia del deterioro de la calidad del gasto social en el sistema-mundo. Su expresión más aguda ha llegado a los EEUU, que aun no acaba de recuperarse de la “crisis burbuja” del año 2008, generada por la especulación de los mercados financieros ligados a la actividad inmobiliaria. El movimiento “Ocuppy Wall Street” propició una movilización que ha llegado a un conjunto de ciudades importantes, tales como Miami, Dallas, Nueva York, California, entre otros.

Los indignados de España, protestaron por el hecho que la Zona Euro aprobó un auxilio a la crisis experimentada por Grecia principio de año por más de 160 mil millones de euro, a costo de la mayoría de los programas sociales sobre todo los ligados a la educación y la salud. Todo indica una línea de continuidad, destinada a la reducción del papel de los Estados en el financiamiento de estas áreas prioritarios. No es nueva esta acción. El Consenso de Washington ya había sugerido este proceso y las consecuencias, en términos de pobreza y exclusión fueron especialmente sentidas en Nuestra América. La protesta de los españoles ha germinado en múltiples espacio, gracias al efecto de las denominadas ciberprotestas, que se basan en la capacidad de convocatoria y autoconvocatoria a través de medios electrónicos y redes sociales. Lo que inicialmente fue pensado como un instrumento de consumo y propaganda (facebook y twitter) se ha convertido en un mecanismo de movilización para la denuncia de los grupos económicos, que mediante redes de asociación global, pretenden generar un control automático de todas las instancias de desenvolvimiento ciudadano.

Amèrica Latina no ha estado exenta de este proceso conflictual. La marcha encabezada por la Federación de Estudiantes Chilenos por el derecho a una reforma de la educación en Chile es una muestra de ello. Chile, que después de la dictadura de Pinochet ha mantenido un orden jurídico que insiste en la aplicación de la lógica neoliberal de privatización y limitación de loa accesos sociales a todo aquel que no pueda pagarlos, se ha visto sacudida por la naturaleza de las protestas de miles de movilizados que quieren una reforma que incremente la inversión pública en educación y se abra un camino para el financiamiento gratuito, con la finalidad de evitar la enorme exclusión imperante. Los “malos ejemplos” de España y Chile, preocupan a los países del G-8, aunado a la ya existente preocupación por los mal llamados neopopulistas gobiernos de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Uruguay entre otros.

Hay un elemento común del movimiento de los indignados en Europa y Nuestra América y es su denuncia y enfrentamiento contra la expresión de las visiones autoritarias del capitalismo tardío, manifestado en la denuncia de los denominados cuatro (4) poderes articulados: económico, el político, el militar y el de los medios de comunicación. La articulación de estos poderes para darle coherencia y unidad a la lógica explotadora y de exclusión del sistema-mundo mediante institucionales supranacionales (ONU, OEA, FMI, BM, BID, entre otros) es una evidencia que a pesar de la crisis de uno de esos poderes – el económico- no se puede pensar en una crisis definitiva del sistema capitalista. Aún más creemos que esa debilidad estructural, que es una consecuencia de los efectos del capital financiero, hace más peligroso al sistema-mundo y sus instituciones mundiales (G-8 y G-20) cuyo ajuste ante la movilización social popular cívica y ante gobiernos contrahegemónicos, es evidente. Más aun cuando la impopularidad de los principales líderes y modelos democráticos de esos grupos de poder se incrementa. Recientemente, en el caso de los EEUU, la encuestadora Gallup – que normalmente es usada para atacar a gobiernos disidentes- anunció que el 81 % de los norteamericanos se siente insatisfecho con la forma de dirigir el país.

Ese descontento es extensible a Zapatero en España, Sarkozy en Francia, Merquel en Alemania, Berlusconi en Italia o Piñera en Chile. Es una crisis global, que aunque no sea definitiva indica una ruta de protestas cada vez más extensa ante la cual debemos estar atentos.

Dr.

Historiador

Juane1208@gmail.com


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Juan Eduardo Romero

Dr. Mgs. DEA. Historiador e Investigador. Universidad del Zulia

 juane1208@gmail.com

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