La ira musulmana desata terremoto en Túnez y tsunami en Egipto

Cuando el pueblo dice: ¡basta ya de tanta ignominia! Nadie, nadie en este mundo será capaz de evitar lo inevitable… Aún a pesar del dolor y  el sacrificio de vidas humanas.  Y se impondrá la redención, liberación, emancipación, autodeterminación, independencia…, y no más opresión, sumisión, represión, esclavitud, invisibilización, silencio, desigualdad, individualismo, explotación y tantas otras iniquidades que nos separan unos de otros.  

Hoy, mañana y pasado mañana veremos en las cadenas noticiosas del mundo lo que acontece en el Oriente Medio, valga decir: Túnez, Egipto…, y dentro de poco ese voraz incendio libertario, por efecto dominó, se extenderá hasta Jordania, Arabia Saudita, Yemen y  tantas otras autocracias árabes donde unos pocos viven bajo opulentas monarquías, brutal lujo, derroche a manos suelta y creciente desigualdad.

En el mundo musulmán no hay tal ira, solo hay un ahogamiento o dolor en el pecho de tantos y tantos siglos de dominación, subyugación y abrasiva diferencia de clases.  

Se acuerdan del pastor norteamericano Terry Jones (septiembre 2010) quien con su "incomprensible, irracional e inmoral plan" quiso quemar el Libro Sagrado de los musulmanes “El Corán”... Ese simple testeo de EEUU a través de Jones con el fin de medir el alcance nacionalista del mundo musulmán, levanto la ira de millones de islamitas en todo el orbe planetario. ¡Al imperio no le quedo otra que recular ante la respuesta de millones de musulmanes y se quedo, cual perro regañado, con el rabo entre las pierna! Esa temeraria medición de Jones-Dpto. de Estado le hizo ver al imperio que los vientos de emancipación del mundo árabe, era cuestión de meses…

¿Cuál es la lectura de los movimientos revolucionarios que se extienden por todo el Medio Oriente, con increíble rapidez? ¿Cómo queda la posición del imperio norteamericano, firme aliado de estos regímenes autocráticos, ante la ola de cambios sociales que reclaman los pueblos árabes? 

La caída en cadena de los regímenes árabes, la subida del precio del petróleo ante el descontrol del Canal de Suez por conflicto con Irán, la pérdida del principal aliado árabe de Occidente, y, de rebote, el entierro del proceso de paz en Oriente Medio al dejar a Israel aislado del resto, y favorecer la entrada de bienes a Gaza por el paso de Rafá y el ascenso de los islamistas. Pues, eso son los motivos que tienen a buena parte de los líderes occidentales –y a buena parte del mundo árabe— pendientes del televisor para saber qué ocurrirá en Egipto, y más allá de Egipto…

La Revolución de los Jazmines en Túnez,  además de ser  la primera revolución democrática en un país árabe que consiguió derrocar a un Gobierno en décadas, impacta y remueve sin clemencia los estamentos seudo democráticos  de los países del entorno.

Hosni Mubarak, el reyezuelo egipcio con más de 30 años en el poder, se equivocó... El Gobierno de Mubarak con 1.200.000 hombres en armas creía que esos vientos revolucionarios no lo iban a salpicar: porque frente a la pequeña Túnez, su país de más de 80 millones de habitantes es igual que la suma de las poblaciones de Marruecos, Argelia, Libia y Jordania. Además, ser miembro del G20 y principal aliado de Estados Unidos en la zona, y con  una ayuda militar estadounidense de 1,3 billones de dólares, eso de por sí, le daba cierta tranquilidad.  

Una eventual caída de Mubarak podría dar lugar a dos escenarios: 1) Un Gobierno de transición con miembros del antiguo régimen, que ya ha sido rechazado en Túnez y que sería visto con buenos ojos por Occidente con la complacencia del ejército; 2) Una ruptura total que llevase incluso al poder a los Hermanos Musulmanes, la organización islamista más importante del mundo.

El segundo escenario aterroriza a todas las cancillerías occidentales, aunque en un eventual escenario democrático no les quedase más remedio que aceptar su concurrencia a las elecciones.

En Túnez ocurrió una revuelta civil, que guarda mucho parecido con el Caracazo (Paquetazo Económico) ocurrido en el segundo gobierno de CAP. Valga decir, todo el país se ha levantado por el alto desempleo y la subida de los precios de los alimentos sin que el Gobierno tunecino haya podido hacer nada para controlarlo.

En cuanto al sistema político egipcio es éste una versión calcada del de otros como Túnez: regímenes formalmente democráticos, manejados con férrea represión policial y todo tipo de violaciones de los derechos humanos, empezando por el empleo sistemático de la tortura. Apoyados por Occidente gracias a su aire de estabilidad y por mantener bajo control la amenaza islamista.

Al imperio o lo que queda de ese mal ejemplo para el mundo, no le ha quedado otra que tragarse el dicho que se le endoso a Hosni Mubarak: el pueblo egipcio es “una bestia doméstica” bajo control de Mubarak.

En la rueda del tiempo, por fortuna todo tiene un principio y un fin. Y gracias a Dios, que no hay que mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista…  

Los pueblos árabes y norte africano, en hora buena, rompen para siempre las cadenas que lo han oprimidito, subyugado y explotado por tantos siglos de oscuridad.



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José Agapito Ramírez


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