En defensa de las focas y los niños de África

Las Rebeliones Admisibles

La historia de toda la sociedad humana, es la historia de la lucha de clases, como dice el Manifiesto Comunista; Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales, opresores y oprimidos, explotadores y explotados.

Debido a sus condiciones de miseria dentro de la sociedad, de sus relaciones dentro del aparato productivo de la sociedad (independientemente de la conciencia y la voluntad), los pueblos se han levantado en contra de la minoría opresora y privilegiada. Esta ha sido siempre la historia de la sociedad humana y lo seguirá siendo, hasta que las clases desaparezcan y nuevas formas de relaciones sociales surjan de las ruinas del capitalismo.

Con la aparición de la burguesía como nueva clase dominante y opresora, el sistema fue sincerando muchas de las cosas que la sociedad feudal escondía: La burguesía despojó de su halo de santidad a todo lo que antes se tenía por venerable y digno de piadoso acontecimiento. Convirtió en sus servidores asalariados al médico, al jurista, al poeta, al sacerdote, al hombre de ciencia. La burguesía desgarró los velos emotivos y sentimentales que envolvían la familia y puso al desnudo la realidad económica de las relaciones familiares.

El sistema capitalista sinceró las relaciones sociales como nunca otro sistema en la historia de la humanidad, por eso se da el lujo de admitir algunas rebeliones. Para el capitalismo las protestas son un derecho legítimo, un derecho dentro de la estructura capitalista, que no permite que atente contra su lógica dominante. Bienvenidas las organizaciones que deliberen sobre la destrucción del medio ambiente sin cuestionar al sistema de producción capitalista. Los defensores de los animales, los anti-globalización, los zurdos, los socialdemócratas, los revisionistas, los reformistas, los pajúos y los hippies. Hasta la supuesta organización que revela informes y documentos “secretos” (Wikileaks). Bienvenidas sus protestas o denuncias, siempre y cuando no atenten contra el sistema capitalista.

No se puede luchar sinceramente contra el problema del recalentamiento global, sin señalar el verdadero culpable; el capitalismo. La solución no es disminuir las emisiones de gases invernaderos, es construir un sistema más justo con la naturaleza. No se puede luchar sinceramente contra el maltrato animal, sin señalar al capitalismo como sistema mercantilizador de todo lo que nos rodea. Los dientes de elefantes son costosos para construir jacuzzis para los ricos, igual que las pieles de focas y osos en extinción que abrigan las espaldas de los famosos. No se puede luchar sinceramente contra la pobreza, sin señalar al mercado como el gran generador de las desigualdades sociales. No se puede luchar por los derechos de los pacientes con SIDA, sin cuestionar el sistema que los excluye y posiblemente es el gran culpable del desarrollo del virus. No se puede luchar por los derechos de la mujer, sin revelar al capitalismo como sistema que las cosifica, que las convierte en objetos de la sociedad. No se puede luchar por los niños en África, sin denunciar el saqueo sistemático del continente madre por parte de los distintos imperialismos del mundo.

Si usted es uno de los defensores de las focas, de los niños de África, pero es incapaz de denunciar al sistema capitalista e impulsar un nuevo mundo más justo, entonces usted es parte de las Rebeliones Admisibles, las que el capitalismo puede y les conviene tolerar, las que son favorablemente inútiles.

adaleduardo@hotmail.com





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Adal Hernández


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