En solidaridad con el pueblo griego

Grecia: ¿reforma o revolución?

No pocas veces se han presentado en la historia de la lucha de clases, especialmente en el capitalismo, prolongados combates teóricos o interesantes polémicas sobre reforma y revolución que es como el ser o no ser del socialismo. El radicalismo de derecha que se fundamenta en la reforma (reformismo) termina sosteniendo que el objetivo final no es nada y que el medio lo es todo; mientras que el radicalismo de izquierda que se aferra a la revolución de un solo salto, culmina sosteniendo que el objetivo final lo es todo y que el medio no es nada.

Tal vez y no lo sé, sea a partir de los escritos (“problemas de socialismo” de Bernstein Eduard (1850-1923) publicados en su obra “Las premisas para el socialismo y las tareas de la socialdemocracia”, cuando se alimentan o se producen verdaderas y científicas polémicas dentro del campo del marxismo. Sabemos que a las tesis reformistas del señor Dühring Eugen (1833-1921) en diversos campos de la ciencia social el marxismo le respondió, a través de Engels, con un contundente e interesantísimo libro que se denomina “Anti-Dühring”.

Resulta por demás interesante determinar si reforma es siempre un hecho de contrarrevolución, porque no pocas veces existen movimientos revolucionarios que plantean, independiente de las circunstancias del campo internacional y hasta de lo nacional, no prestar mayor atención a las reformas ya que lo único que tiene validez es la revolución, es decir, la transformación radical del régimen socioeconómico de un solo trancazo. Y de otra parte, también no pocas veces, existen los que plantean el socialismo como producto de reforma tras reforma, paso a paso como la tortuga por utilizar una frase de Bujarin; es decir, renunciar al gran cambio social revolucionario como objetivo supremo de la revolución y declarar la reforma social como el método de la lucha de clases, como su fin último. En otros términos: “El objetivo final, sea cual fuere, es nada; el movimiento es todo”, al decir de Bernstein.

Lo que sí resulta cierto es que ninguno de los grandes del marxismo haya dicho que en todo lugar y en todo tiempo reforma y revolución sean una contradicción irreconciliable. La historia de la lucha de clases al igual –y más importante- que de las revoluciones, salvando sus diferencias, han demostrado que ningún proceso de transformación radical de la sociedad o de un modo de producción a otro se podría llevar a cabo sin reformas, porque –basta un ejemplo- las medidas que se tomen contra la burguesía y el monopolio económico no pueden ser las mismas que se apliquen a la pequeña propiedad ni del campo ni de la ciudad. Sin reformas el socialismo no es posible, pero sin revolución tampoco. Lo fundamental es saber dónde se ejecuta una fórmula revolucionaria radical y dónde una reforma necesaria no radical que, al fin y al cabo, conduzca también a la transformación de las bases del modo de producción. Trotsky nos dice lo siguiente: “Teóricamente, el marxismo concilia con perfecto éxito la contradicción entre reforma y revolución. Todavía el proceso del desarrollo social es una cosa mucho más confusa que teórica en el dominio del puro pensamiento”. Y es imprescindible tener en cuenta esto otro: “La ideología es muy importante, pero no un factor decisivo en política. Su papel es esperar sobre la política”. Repitamos, son los factores económicos los que siempre o en última instancia determinan el curso de los acontecimientos. Una política es realmente correcta cuando “concentra” profunda y extensamente la economía. Por eso el marxismo es grande guiando el pensamiento por la senda de la realidad objetiva y resguardarlo de los desvaríos ideológicos que se crean en situaciones de alta tensión social..

Lo anterior es imprescindible para poder comprender la gravísima situación por la que atraviesa Gracia en este momento de su historia. Grecia… Grecia… la Grecia de Atenas, la que tuvo una gran importancia para la filosofía y el conocimiento en tiempos pasados y de donde brotó el padre de la lógica, don Aristóteles. La Grecia moderna está en caótica crisis económica y está pasando a una crisis política aguda donde se evidencian síntomas de una situación revolucionaria. La mayoría del pueblo griego no quiere que la continúe gobernando quienes hasta ahora han detentando el poder político y los gobernantes actuales no pueden seguir funcionando como antes lo hacían en “paz y armonía”. Algunos analistas de la política sostienen que Grecia está viviendo un momento histórico bastante parecido al que vivió Argentina en el 2002. Y de ser así, también la solución será muy semejante: nada de revolución. Surgirán de su situación unos Kichner para detener, con mucho reformismo, cualquier intento de revolución proletaria disfrazándose de revolucionarios.

Grecia está en la bancarrota económica pero, igualmente, los partidos políticos tradicionales se encuentran en bancarrota. Ninguna organización política tiene capacidad de vanguardia de la clase obrera. Nada hace oler a revolución proletaria. Grecia se mueve entre los tentáculos del capitalismo salvaje y con salvajismo buscarán solventarle su crisis. Y cuando eso sucede no se hace más que incrementar la miseria y el dolor para los muchos salvando la riqueza y el privilegio de los pocos. Los socialistas en Grecia, ahora más que antes, perecen como hermanos gemelos de los movimientos políticos de la derecha tradicional y conservadora. Una revolución proletaria estremece los fundamentos de una sociedad. Eso no lo quieren los socialistas. Existe un partido comunista que se encuentra pegado entre la espada y la pared. Nada, absolutamente nada material, tiene que ofrecerle al pueblo griego para sacarlo de la crisis socioeconómica creándole un verdadero bienestar estable para algunos lustros del futuro. Si se le ocurriese, gracias a Lenin no lo hicieron los bolcheviques en julio de 1917, lanzar la consigna de “todo el poder para los soviets”, su mandato no duraría lo que un pedo en un chinchorro. Europa unida le haría rodar la cabeza por los suelos sin ninguna necesidad de la guillotina. Se repetiría apresuradamente aquello que sucedió en la Hungría de Bela Kun, que luego de recibir “pacíficamente” el poder político el movimiento revolucionario de manos de la burguesía se encontró totalmente incapacitado para hacerlo funcionar y se lo devolvió a la burguesía para que le buscara salida a su paquete de dificultades.

Necesariamente hay que recurrir a las analogías o a las suposiciones sin que éstas tengan alguna influencia en la realidad actual. Si existiera, por ejemplo, una Unión Soviética fuerte y realmente proletaria más países consolidados con gobiernos revolucionarios, bajo las banderas del socialismo, en la Europa Oriental, otro gallo cantaría para Grecia actual. Pero nada de eso existe. Grecia más bien se encuentra como una hormiga moviéndose de un lado a otro en medio de muchos elefantes que pretenden capturarla para convertirla en esclava de sus designios capitalistas. No existe, además, ningún proletariado de los grandes y poderosos países imperialistas que haga verdaderas muestras de solidaridad revolucionaria con el proletariado griego que, por cierto, tampoco anda en eso de revolución socialista. Los griegos, están realmente jodidos y dependen de la “filantropía” de la Unión Europea. Filantropía económica, por lo demás, guiada por la teoría del anticomunismo. Nadie como el capitalismo salvaje ha sabido influir, con sus mentiras descaradas, en la conciencia de las sociedades para que se guíen, rigurosa y ascéticamente, por el dicho de que “es preferible malo conocido que bueno por conocer”.

El imperialismo estadounidense, tal como lo hizo durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, está mirando los toros desde la barrera hasta que surja ese momento de crisis mayúscula –especialmente si se deja oler la pólvora con olas de revolución- para intervenir proponiendo soluciones que comprometan hasta el último `pedacito de hierba o piedra de Grecia con la voracidad del capitalismo salvaje.

Grecia es un espejo donde se puede mirar el rostro más perverso y cruel del capitalismo. Tienen el suficiente dinero para otorgárselo a Grecia y que ésta alivie su crisis y hacer que quien no tenga para comer, en este momento, pueda acostarse sin el estómago completamente vacío. Pero no se lo entrega. La burocracia y sus malas intenciones están por encima de las necesidades más esenciales de los pueblos. Los papeleos y los compromisos nada tienen que ver con que se muera gente de hambre o de desesperación. Al final, podrán turnarse gobiernos caracterizados por los mismos intereses, pero Grecia no se inclinará por una revolución proletaria. El capitalismo aún tiene algunas maneras de paliar crisis y seguir soñando con la eternidad del cangrejo.

Si en este momento se produjera una insurrección popular en Grecia no más sería como un viento ejemplar para seguir demostrando que la revolución socialista es la única solución posible a las crisis demoledoras del capitalismo, pero de allí no pasará. El capitalismo solventará, sacrificando un poco de los bolsillos más poderosos de Europa, algunas necesidades apremiantes de los griegos sin que realmente se solucionen de raíz las causas que generan la injusticia y la desigualdad, la pobreza y el dolor de los muchos. Sin embargo, es admirable la forma en que el pueblo griego ha salido a las calles para protestar contra los usurpadores, los saqueadores, las aves de rapiña, los malversadores, los corruptos, los gobernantes que se colocan de espalda a su propio pueblo para servirle con lealtad al imperialismo capitalista. Y la situación de Grecia, que no culminará en una revolución proletaria, viene una vez más a demostrar que sin el carácter permanente de la revolución, el socialismo es una utopía.

Por lo demás, salvo las noticias que son prácticamente obligatorias de hacer conocer a la opinión mundial, podemos decir que el pueblo griego se encuentra solitario en su lucha por salir de los gobernantes actuales y superar la crisis que lo mantiene al borde de un abismo donde, por ninguna circunstancia actual, la concluirá imponiendo un gobierno realmente proletario que asuma el presente con las exigencias de un futuro capaz de llegar con las necesidades apremiantes del pueblo resueltas para siempre. Por eso, ahora más que nunca, seguimos creyendo en el concepto que el camarada Carlos Marx nos legó de revolución: solidaridad… más solidaridad… siempre solidaridad entre los proletarios sin fronteras y los pueblos que claman por la emancipación social es el más exacto, revolucionario y dialéctico que conozca el género humano. De lo contrario, el capitalismo seguirá instalado como conductor del mundo imponiendo la pobreza y el dolor para los muchos y la riqueza y el privilegio para los pocos.

No ha habido, en toda la América Latina, ningún acto de solidaridad con el pueblo griego; ningún proletariado latinoamericano ha realizado algún gesto de solidaridad con el proletariado griego… Y así, la lucha revolucionaria se hace mucho más difícil y compleja. Lamentablemente, lo reconocemos, nosotros no estamos en capacidad material de hacerlo. Ojalá se levanten voces receptivas y logre materializarse aunque sea un acto simbólico en una plaza pública anunciando que se apoya, por lo menos, espiritualmente al pueblo griego en su justa lucha política de este momento histórico que atraviesa y vive con la soga llegándole al cuello.



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El Pueblo Avanza (EPA)


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