I Congreso Ideológico del PSUV: ¿Más alla del socialismo Estado-Céntrico y euro-céntrico? (I)

I.- DEL ÁRBOL DE LAS TRES RAICES AL SOCIALISMO BOLIVARIANO DEL SIGLO XXI:

Cuando nació la Agenda Alternativa Bolivariana era bastante claro identificar cual era el adversario ideológico de la revolución bolivariana y del proceso popular constituyente: el globalismo neoliberal con su tesis del “fin del la historia”, sus programas de ajuste estructural y estabilización (PAE), y la liquidación de las conquistas sociales en materia de derechos económicos, sociales, ambientales y culturales de los pueblos.

Cualquier investigación da cuenta de la ubicación ideológica de la AAB en los marcos del nacionalismo radical anti-neoliberal, cuyo eje era la refundación del Poder Nacional:

“Es en medio de esta dinámica cuando surge la Agenda Alternativa Bolivariana, producto del estudio, del pensamiento, del trabajo y la experiencia de hombres y mujeres que hemos comprometido nuestra acción vital con una doble y formidable tarea: la muerte de lo viejo y el nacimiento de lo nuevo. La AAB, Agenda Alternativa Bolivariana, rompe con el fundamento neoliberal, se rebela contra él; derriba los estrechos y negros muros de la visión unilateral, fragmentaria y reduccionista; para mirar en derredor y percibir la realidad en toda su magnitud, a través de un enfoque humanístico, integral, holístico y ecológico. Por ello, la AAB comienza diciendo que el problema a solucionar no es meramente económico ni político ni social. Los abarca a todos ellos, es verdad. Pero va más allá de su conjunto. La forma de enfrentarlo, entonces, es a través de un poderoso ataque coordinado a lo largo de todo el frente. Atacar por partes implicaría la derrota, parte por parte. Así, la estrategia bolivariana se plantea no solamente la reestructuración del Estado, sino de todo el sistema político, desde sus fundamentos filosóficos mismos hasta sus componentes y las relaciones que los regulan. Por esa razón, hablamos del proceso necesario de reconstitución o refundación del Poder Nacional en todas sus facetas, basado en la legitimidad y en la soberanía. El poder constituido no tiene, a estas alturas, la más mínima capacidad para hacerlo, por lo que habremos, necesariamente, de recurrir al Poder Constituyente, para ir hacia la instauración de la Quinta República: la República Bolivariana. Sincrónicamente (y sólo sincrónicamente, si se quiere viabilidad), se plantea enfrentar lo social y lo económico. Sin embargo, la AAB coloca los desequilibrios macro-sociales en el primer rango de importancia y prioridad, para dejar en segundo plano a los desequilibrios macroeconómicos, ¿cómo puede pensarse, por ejemplo, que solucionar el déficit fiscal pueda ser más urgente e importante que acabar con el hambre de millones de seres humanos? Ante la ofensiva neoliberal, entonces, surge aquí y ahora un arma para la contraofensiva total. Se comprenderá que nuestra agenda es alternativa porque presenta no sólo una opción opuesta a la del actual gobierno transnacionalizado; sino que va mucho más allá, pues pretende constituirse en el puente por donde transitaremos hacia el territorio de la utopía concreta, el sueño posible. Es decir, la AAB ofrece una salida y echa las bases del Proyecto de Transición Bolivariano. Aquélla, en el corto plazo; y éste, en el mediano, serán los motores para el despegue hacia el Proyecto Nacional Simón Bolívar, cuyos objetivos se ubican a largo plazo. Y es bolivariana no solamente por ubicarse en esta perspectiva del futuro nacional a construir, porque también enfoca la realidad internacional y se inscribe en el nuevo despertar continental que levanta esperanzas de justicia, igualdad y libertad desde México hasta Argentina. Al decir de Simón Bolívar, “Para nosotros, la Patria es América”.

En aquella entrevista donde se trataban de identificar y clarificar los ejes ideológicos del pensamiento político de Chávez (Habla el Comandante. Agustín Blanco Muñoz), el mismo Chávez decía:

“(...) No creemos en este paradigma del mundo capitalista occidental, democrático burgués. Tampoco creemos en el caído paradigma de la Unión Soviética: el comunismo, la sociedad sin clases, sin Estado, de igualdad absoluta. Eso no existe. Entonces ante esa realidad nosotros hemos planteado, después de pensarlo y analizarlo, la necesidad de rescatar lo nuestro” (Blanco Muñoz, 1998, 95).

Y en esta idea de rescatar lo propio, lo específico, lo nacional radical en la misma línea de refundación del Poder Nacional, Chávez intentaba clarificar su postura frente al eje “Izquierda/Derecha”:

“(...) las soluciones para América Latina pasan por la izquierda, tienen que transitar la izquierda, pero no pueden quedarse en el marco de la izquierda, tienen que ir más allá de la izquierda. Porque difícilmente las fuerzas armadas latinoamericanas pudiéramos calificarlas de izquierda. Pretender empujarlas hacia la izquierda (...) yo creo que sería una utopía. A las fuerzas armadas latinoamericanas, a muchos militares de América Latina, pudiéramos catalogarlos como nacionalistas, en este tiempo de desnacionalización neoliberal. Bueno, hay que pasar por allí también. La solución tiene que pasar por la izquierda, por el nacionalismo, por el patriotismo y lograr una gran alianza de todos estos sectores [negritas en el original] (...) El apoyo de los militares es vital para dar viabilidad a un programa de transformación en América Latina (...) Muchos intelectuales de izquierda en Venezuela no lo han comprendido (...) Sin embargo, nosotros hemos logrado estremecer el alma nacional, como decía Neruda, logramos poner a Bolívar en el tapete, con otro signo, con un signo revolucionario (Chávez; Cuadernos para la Emancipación, de Córdoba, Argentina,1997).

A partir de estas palabras, no quedaba duda que se trataba de la construcción de una amalgama ideológica entre las tradiciones del nacionalismo radical y la izquierda, lo cual es congruente con un nacionalismo popular de carácter anti-imperialista. Esta frase: “poner a Bolívar bajo otro signo, un signo revolucionario”, “estremecer el alma nacional”, así como la construcción de una “gran alianza” de sectores de izquierda y nacionalistas, tiene profundas consecuencias en la estructuración de la amalgama ideológica de la “revolución bolivariana”.

Así mismo, Chávez reconocía la importancia del aporte de Marx, pero afirmaba que no se considera, ni marxista ni antimarxista. (Blanco Muñoz 1998: 116). Chávez plantea que los revolucionarios en Venezuela y en América Latina deben partir de la propia historia, de las propias raíces, de la propia “tradición cultural”.

Sabemos que las identidades culturales nacionales en Latinoamérica no son esencias ni rasgos distintivos de carácter telúricos, aunque Chávez apela a un tópico con acentos ideológicos típicamente reaccionario como el “alma nacional”. Tampoco son homogeneidades o sistemas de valores comunes ajenos a una historia de conflictos, jerarquizaciones y heterogeneidades, sino más bien, una superposición conflictiva de campos culturales heterogéneos, con tiempos diferenciales y articulaciones discrónicas.

Es en el devenir desigual, heterogéneo, conflictivo y combinado de procesos donde se anudan puntos de conflicto/dominación/antagonismo, a partir de lógicas políticas que los unifican parcialmente, como la oposición pueblo/oligarquía o nación/imperialismo, o más recientemente, mundo indígena/mundo occidental.

La construcción de la amalgama ideológica del “nacionalismo revolucionario” se concreta en el llamado ideario bolivariano o árbol de las tres raíces. En todos los casos, hay referencias a Sujetos Centrales que interpelan y constituyen a sujetos desde campos discursivos de la enseñanza (Maestro-Simón Rodríguez), de la política (Líder-Simón Bolívar) y de la guerra (General-Ezequiel Zamora.

Si bien desde estas imágenes arquetípicas no pueden desprenderse contenidos programáticos del proyecto nacional, si pueden derivarse los atributos del estilo de liderazgo político en la construcción de la “revolución necesaria de nuestro tiempo”. Incluso, en el propio bicentenario de Francisco de Miranda, se incorporan otros próceres a la estructura arborescente del ideario:

“Nacimos al calor de las doctrinas libertadoras y humanistas de Francisco de Miranda, Antonio José de Sucre, Simón Bolívar y Ezequiel Zamora. ¡Ésas son nuestras raíces militares, las raíces de nuestro pensamiento antiimperialista, humanista y libertador!” (Desfile cívico-militar en ocasión del Séptimo aniversario del Gobierno Bolivariano Patio de Honor de la Academia Militar, 2 de febrero de 2006).

La fuerte centralidad de las raíces militares del pensamiento antiimperialista, humanista y libertador, constituye un eslabón clave de la amalgama ideológica del árbol de las tres raíces. Así mismo, un elemento fundamental del oscilador semántico de la narrativa ideológica bolivariana es su capacidad de generar un efecto de adhesión e identificación para amplias capas, sectores, grupos y clases como “públicos-objetivo del discurso.

Se trata de la reedición de una alianza entre la fuerza armada-pueblo, como eje del nacionalismo popular revolucionario, púes el elemento cívico-militar, es un eslabón estratégico del proyecto, no como una diferencia institucionalizada que excluye al mundo militar de la esfera política. Existen múltiples antecedentes históricas de intentos por consolidar uniones cívico-militares patrióticas, incluso de conspiraciones históricas que consolidaron logias militares como la “Unidad Patriótica Militar” en los años 40 del siglo XX.

De allí se desprende, que el nacionalismo radical, popular y anti-imperialista contiene es su estilo de liderazgo y la vertebración organizativa, elementos de socialización militar, que se han expresado en los instrumentos de mediación política como en el lenguaje, cargado de múltiples metáforas militares.

La búsqueda de un fundamento original y autóctono, de un modelo ideológico propio, en el planteamiento EBR, se inscribió en la construcción deliberada de un mito político revolucionario, y no de una doctrina filosófico-política elaborada a partir de los formaciones ideológicas dominantes del sistema mundo moderno-colonial, como el conservadurismo, el liberalismo o el marxismo, ni sus derivaciones socialdemócratas, socialcristianas, radicales o marxista-leninistas en el escenario internacional. La vía de rescatar “lo propio” y “lo popular”, para ir construyendo un Proyecto Nacional, es básicamente la vía de de constitución de una narrativa que construya una “comunidad política imaginaria”, en el sentido difuso y abierto de la amalgama ideológica: Dijo Chávez:

“... nos dicen, eso es muy difuso. Bueno, es que a lo mejor el pueblo es difuso, eso está disperso por todas partes, y hay que aglutinarlo en una labor de mucha gente, durante bastante tiempo. Rescatar el pensamiento popular y plasmarlo. Ahora, te digo, no me siendo angustiado ni voy a caer en eso de: preséntame un proyecto ideológico completo. Creo que es una trampa. No, no me corresponde a mí. Yo prefiero seguir aquello que Alí Primera cantaba: hagamos la historia, si es que podemos hacer algo de ella, que otros la escriban después. Es decir, yo no soy el pensador que va a generar una doctrina original, nueva, total. No, prefiero hacer. Por supuesto, tener claro hacia dónde vamos y allí hay lo que hemos denominado, de una forma mucho más pragmática, pero que no deja de tener el enganche con lo ideológico, doctrinario, filosófico, que es el Proyecto Nacional Simón Bolívar. El cual estamos tratando de adelantar con diversos equipos especializados en lo petrolero, para producir un plan alternativo, en lo económico, social, político de la Venezuela del siglo XXI. Eso ya es más pragmático: las líneas de un proyecto nacional, no sólo de gobierno, sino de transición y un proyecto nacional de mediano plazo para Venezuela.” (Blanco Muñoz, 1998, 79)

Aunque no se identificaba de antemano ni con la “izquierda” ni con la “derecha”, la amalgama ideológica presentaba una afinidad selectiva hacia creencias, valores e ideas que tradicionalmente se ubicaban en el espectro ideológico de la izquierda patriótica revolucionaria. Aunque la matriz ideológica era la revolución nacional-popular, inmediatamente se debatía su articulación abierta:

“(...) presentamos a nuestra generación y a nuestros compatriotas [una ideas que no están acabadas] para el diseño de un proyecto de largo alcance, en el cual lo ideológico es fundamental, pero hay que desarrollarlo como todas las demás facetas o líneas del proyecto Simón Bolívar, que acepta experiencias de cualquier país, tendencia, cualquier época histórica, etc. El árbol tiene que ser una circunferencia, tiene que aceptar ideas de todo tipo, de la derecha, de la izquierda, de las ruinas ideológicas de estos viejos sistemas capitalistas o comunistas, y hay elementos o ruinas que son gigantes y hay que tomarlas.” (Blanco Muñoz 1998, 295)

Cuando Chávez ganó las elecciones y llegó a la presidencia de la República construyó una narrativa ideológica cuyos principios de articulación son: lo revolucionario, lo nacional, lo anti-neoliberal, lo cívico-militar y lo popular; así como una concepción de la democracia popular bolivariana que presenta líneas de fractura con el consenso político liberal-democrático. No se trata de un cuerpo doctrinario o filosófico, sino de una plataforma simbólica, de valores, creencias e imaginarios compartidos que movilizan la acción colectiva del MBR-200.

Mientras el juego liberal-democrático-representativo estaba enmarcado en reglas del poder constituido (Constitución de 1961), lo que estaba planteado entonces no era mantener esas reglas, sino “cambiar las reglas del juego” (activar el “poder constituyente originario” para la refundación del Poder Nacional).

En el momento de transición a la legalización del Movimiento V República, se presentó el Programa de Acción Política como organización con fines político-electorales (MVR 1988b, 42-44). Allí queda en evidencia una idea de democracia supeditada a las nociones de “Pueblo” (voluntad general) y “Nación” (bien común), como elementos centrales de la “democracia patriótica”. Tal referencia puede apreciarse en las siguientes expresiones:

“El PROYECTO V REPÚBLICA persigue la creación de círculos patrióticos constituyentes que coadyuven a este fin práctico político: ir edificando un poder constituyente real en la calle, que hoy se oponga al fraude continuista, y mañana defienda, manzana por manzana, caserío por caserío, las medidas patrióticas y democráticas que el gobierno de la V República asuma....Todo ello en función de la democracia (…) El agotamiento de los partidos y de sus programas, la desconexión de sus dirigentes con el pueblo, ponen en peligro la supervivencia del llamado hasta ahora, ‘sistema democrático’. Es hora de devolverle al pueblo su soberanía: hacer realidad el poder constituyente (…). Es indispensable el diseño de una democracia genuinamente participativa, donde se eleve el rol protagónico de la ciudadanía (…) Y en cuanto al sufragio, basta que la voluntad del pueblo se manifieste mediante el voto, ‘cualquiera sea la forma que para ello se emplee,’ para que se reconozcan (sic) que ejerce la soberanía que en él reside”.

Chávez adoptó transitoriamente durante la campaña electoral en 1998 y 1999, la idea de de la tercera vía; es decir, un capitalismo regulado con inclusión social, como fórmula para insertarse en los planteamientos de la centro-izquierda. Esto pudo interpretarse como un esfuerzo por distanciarse tácticamente de la izquierda revolucionaria, para tranquilizar a algunos factores de apoyo, como sectores económicos y militares afectos (retirados o activos) no permeables a planteamientos radicales.

Sin embargo, después de asumir la presidencia, Chávez también defendió la revolución cubana, la planteó como modelo a seguir, y del mismo modo se manifestó respecto de la revolución china, incluso llegó a decir que era “Maoísta”.

De este modo, es poco consistente afirmar que Chávez no se identificaba con un imaginario revolucionario de izquierda, pero enmarcado en el nacionalismo radical. No deja de llamar la atención la apelación indirecta de Chávez al bloque de las cuatro clases semejante a la tesis de Mao Zedong en China.

La teoría Maoísta apuntaría a lograr la liberación nacional, optando por el Socialismo a través de una coalición de clases que luchan contra el antiguo régimen gobernante, unidos bajo el liderazgo personalista y la guía de un partido revolucionario de contenido popular. El bloque de las cuatro clases: trabajadores proletarios, campesionos, pequeños burgueses, y la burguesía nacional con orientaciones patrióticas. Esta es la coalición de clases para la "Nueva Revolución Democrática". La Nueva Democracia de Mao explica que el bloque de las cuatro clases es una consecuencia necesaria del imperialismo en los países semi-coloniales tal como lo describe Lenin, mientras que las críticas de la izquierda radical denuncian esta estrategia como una peligrosa política etapista del nacionalismo burgués (sobre todo, los seguidores de Trotsky).

Esta apelación al papel fundamental de la burguesía patriótica para el Desarrollo Nacional vive un proceso de ambivalencias en el seno del discurso de Chávez, que se acerca de manera retórica en ocasiones a posiciones de Trotsky, y en otras, a posiciones de Mao. Un verdadero contrasentido histórico, pero una realidad discursiva en los planteamientos públicos de Chávez.

Estas inconsistencias son una muestra del predominio del mito político sobre la formación o elaboración sistemática y rigurosa de un pensamiento político revolucionario, hecho que puede proyectarse en la sistematización de las tesis del socialismo bolivariano.

Por otra parte, en el seno del movimiento V República se desplegaban tendencias moderadas y radicales de izquierda, así como sectores nacionalistas de derecha. Entre estas tendencias, Chávez ejerció funciones de arbitraje-articulación, calibrando los discursos en función de acumular adhesiones e identificaciones, aglutinar sectores sociales y cohesionar la amalgama ideológico-política.

Tales elementos de la narrativa ideológica colocaban a Chávez entre 1998 y el año 2004, claramente en el espectro ideológico de lo nacional-popular-democrático con afinidades de izquierda, pero a la vez eran muestran la centralidad del discurso del Líder para calibrar los parámetros ideológicos del movimiento; lo que tendría importantes consecuencias, pues el mito político de la revolucionaria dependería desde entonces de la voz y directrices ideológicas de Chávez. Incluso es posible ubicar temporalmente el momento en que la revolución bolivariana, comenzará a confundirse como “revolución chavista” a partir de los resultados del referendo revocatorio en el año 2004.

Esta tendencia claramente cesarista, se destaca ante la incapacidad de contar con referencias ideológicas elaboradas colectivamente desde una conducción democrática que vaya más allá de la centralidad exclusiva del Líder, pues luego de 10 años, solo existió un instrumento electoral, pero no un partido político con una rigurosa base programática, con una cultura política proclive a la apertura de instancias de debate de corrientes ideológicas en su seno, así como la existencia de una diversidad de voces y estructuras de liderazgo intermedio, de matices con peso ideológico-político, que entren en relaciones de concurrencia democrática de ideas diferenciadas sobre el socialismo y frente al discurso del “Líder-Comandante”.

Desde el MBR-200, pasando por el MVR hasta llegar al PSUV, se ha reforzado la tendencia hacia un tipo de partido de carácter carismático, tomando en consideración los rasgos apuntados por Panebianco (1995, 267-300), que puede ser un factor de debilidad a mediano y largo plazo:

“(…) 1-El grupo dirigente se cohesiona por la fidelidad al líder. Las rivalidades internas se manifiestan como tendencias en los niveles organizativos inferiores, sin tocar al líder, y no como facciones. El líder tiene la última palabra en la resolución de conflictos y quien se le opone enfrenta la exclusión. 2- Los rasgos burocráticos estables son inexistentes. La organización, los procedimientos, normas y las posibilidades de hacer carrera política, son inestables e improvisadas, porque el líder tiene la facultad de cuestionarlas eventualmente. Normalmente el financiamiento del partido es inestable, depende de las relaciones del líder y de su control directo sobre los fondos públicos. 3- Es una organización centralizada, las decisiones fundamentales se toman en la cúpula del partido, pero con la injerencia fundamental del líder. 4- Es frecuente que a su alrededor giren un conjunto de grupos y organizaciones cautivadas por el movimiento. 5- Independientemente de su orientación ideológica el partido carismático es revolucionario porque irrumpe contra el orden establecido, se declara anti-partido, se define como movimiento y las soluciones que aporta son movimientistas y bonapartistas . 6- El partido carismático normalmente se extingue junto con la declinación del líder porque su institucionalización es impedida por este.”

Resulta por demás inquietante que el “instrumento político” de conducción, mediación e interlocución social, pueda presentar estas tendencias y con estas características, genere un modelaje político y una subcultura propia, que debilita significativamente las tendencias que apuntan a promover la potencia revolucionaria de la democracia participativa y protagónica en el seno del partido. Esto es así por el Estilo Político del propio liderazgo, poco proclive a asimilar la democracia como una situación de poder compartido, de deliberación conjunta entre una diversidad de voces, y más bien tiende a tamizar la democracia participativa por una democracia dirigida de carácter jacobino, bajo los supuestos organicistas de una teoría del Poder Nacional (unificación política del poder económico, poder militar, poder político, poder psico-social), inspirada en las doctrinas militares de la Seguridad Nacional.

De nuevo, estas tendencias están marcadas por el estilo militar en la subcultura política que predomina en la organización y dirección política del partido, donde la toma de decisiones, la estructura, los procesos de comunicación y la sub-cultura, están atravesados por conceptos de línea y cadena mando, disciplina, obediencia, responsabilidad, distribución de tareas, manuales operacionales, sistema de recompensas y castigos, basado en una combinación de organización militar, con la fusión populista de la relación Líder-masas en los sistema de movilización.

Si bien desde el MBR-200 al MVR se fue atenuando esta tendencia, con la construcción del PSUV reapareció con fuerza la centralidad del Líder, asimilando la tesis del Comandante-Buró Político-Partido de la Revolución-Frentes de masa de inspiración castrista. Se dejan de lado los debates sobre formas organizativas de izquierda menos verticales e impositivas, con mayor presencia de movimientos sociales y populares, con menor instrumentalización partidista de los mismos, con reconocimiento expreso de tendencias, como en el caso del PT Brasileño o del Frente Amplio Uruguayo, o bajo el fuerte peso de los movimientos sociales y las formas asamblearias como el MAS-IPSP Boliviano. Cada proceso histórico y político parece estar marcado por sus especificidades.

Luego de constituido el MVR, con Chávez en la Presidencia, y cuando se concluyó el debate constituyente venezolano, las disposiciones fundamentales del texto constitucional tradujeron la narrativa de emancipación que significaba la V República en materia de democracia radical, la incorporación de una carta de derechos fundamentales de las más avanzadas del mundo, un Estado democrático y social de derecho y de justicia, la transferencia de poder hacia nuevos sujetos comunales, como actores de una descentralización distinta al debilitamiento y fragmentación de las competencias estratégicas del Estado Nacional, un régimen socioeconómico de donde se combinaban diversas formas de propiedad, con acento en una economía social, humanista y autogestionaria, y un profundo proceso de recuperación de la soberanía de los recursos estratégicos fundamentales de la Nación.

En términos gruesos, se identificaba un proceso nacional, popular, cívico-militar, de justicia social e inclusión que superaba incluso las propuestas más avanzadas del reformismo socialdemócrata, considerando además que se incorporaban subrepticiamente a ultima hora lagunas, enclaves neoliberales, deficiencias y contrabandos ideológicos en el propio texto constitucional, producto de un delicado equilibrio en las correlaciones de fuerzas, no entre el campo bolivariano y los opositores tradicionales de la IV República, sino entre diversas corrientes amalgamadas que apoyaban en ese entonces el propio proceso que dio lugar a la V República. No fueron casuales, a medida que fue avanzando el proceso, los distintos desprendimientos, deserciones, rupturas, y lo que comúnmente llamamos “saltos de talanquera” frente a la revolución bolivariana, el proceso popular constituyente y el reconocimiento del liderazgo de Chávez.

La propuesta más consistentemente reiterada por la revolución bolivariana ha sido la convocatoria de un proceso popular constituyente para “refundar al país”, “refundar el Poder nacional”, reemplazar la llamada IV República por la V República, sustituir el modelo de democracia liberal representativa por un modelo político de democracia participativa, que permitió en un proceso de debate público y movilización con una realimentación positiva entre esfera pública democrática y Asamblea Nacional Constituyente, sobre todo en el periodo inicial del año 1999 al 2000.

Esta experiencia significó una auténtica radicalización de la democracia, profundizando nuevos sentidos comunes, valores e imaginarios sobre la toma de decisiones, la deliberación y la consulta pública. Sin embargo, a partir de esta experiencia positiva de articulación entre deliberación, pluralidad y participación en la esfera pública democrática de la asamblea nacional constituyente, y luego del curso seguido con las primeras leyes habilitantes, la comunicación política y las transacciones entre los actores quedó enmarcada por los procesos de polarización, cuyos carriles enfatizan la relación Líder-bases sociales de apoyo, dejando poco espacio a lógicas políticas más diversas e inclusivas, que podían realimentar un proceso sostenido de formación política, autonomía intelectual y moral para los sectores populares. Más bien, ha predominado la lógica de identificación llevada a los extremos de la fusión entre Líder-masas, que ha generado efectos perversos, donde la iniciativa, movilización y presencia de masas dependía de la decisión del Líder.

Sin Chávez, no hay iniciativa popular, ni movilizaciones significativas, ni presencia de masas. Incluso, se ha llegado al extremo de plantear la consigna: “Con Chávez todo, sin Chávez nada”, lo cual implica una severa limitación a la autonomía intelectual, moral y política del protagonismo del poder popular, y su continuidad en el tiempo. Estas inversiones perversas del cesarismo revolucionario, aparecen en la propia enunciación del Presidente Chávez cuando ha dicho: “Yo ya no soy yo, yo soy el pueblo”, que también da lugar a polémicas interpretaciones. Si fuese así, el momento del Líder sustituiría al momento del protagonismo popular.

Esa historia muestra como se va decantando política e ideológicamente el proceso bolivariano, pasando por golpes de estado, paros patronales, huelga petrolera y constantes ofensivas de desestabilización por parte de las fuerzas de oposición, para dar paso a la centralidad del momento de la conexión entre Líder-Pueblo, sobre todo a partir de los resultados del referendo revocatorio del año 2004. Ratificado por el voto democrático la continuidad de Chávez en la Presidencia, comenzó un proceso de radicalización de algunos aspectos de la política gubernamental, pero sobre todo del discurso de Chávez en el proceso bolivariano que llevaron a un desplazamiento desde el campo de la centro-izquierda hacia la radicalización de la revolución, ahora definida por su carácter de construcción socialista.

El desenlace de estos conflictos sociales y políticos abrió la compuerta para enunciaciones sobre una vía de transición rumbo al socialismo, que desde nuestro punto de vista, comenzó tempranamente en el último trimestre del año 2004, que aparece ya perfilada en el Taller de Alto Nivel la Nueva Etapa- el Nuevo Mapa Estratégico. Pero, pronto surgieron las inquietudes e interrogantes acerca del significado, medios y fines del llamado “socialismo del siglo XXI”.

La campaña electoral del año 2006 introdujo nuevos elementos de significación ideológica, así como la propuesta de los cinco motores constituyentes, la construcción de un partido unificado de la revolución bolivariana, así como el Primer Plan Socialista Simón Bolívar. Nadie duda de la aceleración introducida ni de los cambios de aspectos fundamentales del proyecto estratégico, incluyendo los desajustes creados en la interpretación del texto constitucional, a partir del motor constituyente que dio paso al derrotado proceso de reforma constitucional. Todavía hoy no está claro si la alta dirección política del proceso bolivariano, y el mismísimo Chávez, logran distinguir en el texto constitucional la forma y carácter del Estado allí definido, y su potencial compatibilidad con una visión del Socialismo que tendría que ser inevitablemente distinta a las experiencias del socialismo real o burocrático-autoritario, si se quiere mantener la coherencia, congruencia y consistencia con los principios constitucionales fundamentales que definen la forma de Estado y el régimen político en la constitución de 1999.


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Javier Biardeau R.

Articulista de Opinión. Promotor del Pensamiento Crítico Socialista. Profesor de Estudios Latinoamericanos-Sociología UCV.

 jbiardeau@gmail.com      @jbiardeau

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