Chávez y la Crisis Nacional (1992-1994). La Segunda Entrevista Censurada a José Vicente Rangel

Chávez y la Crisis Nacional (1992-1994). La Segunda Entrevista Censurada a José Vicente Rangel

Javier Biardeau R.

"…no hay ningún pueblo en la historia que haya perdido esa vigencia que le da su esperanza." Hugo Chávez a José Vicente Rangel. Agosto-1992

"Verdaderamente, si la clase política dirigente continúa aferrada a sus privilegios, si esta clase política no es capaz de comprender la evolución del proceso político venezolano, si se resiste tercamente —repito— a los cambios necesarios, será inevitable que la sociedad venezolana como un todo vuelva a utilizar el derecho a la rebelión…". Hugo Chávez a José Vicente Rangel. Agosto-1992

"…cada día que pasa nos estamos acercando más al parto de la historia, al parto de la patria, a ese nacimiento de lo nuevo y, por supuesto, al entierro de lo viejo, de lo que significa el nuevo régimen de dominación. Cada día nos acercamos más a ese momento histórico." Hugo Chávez a José Vicente Rangel. Junio-1993

I.- INTRODUCCIÓN

En una primera entrega habíamos comentado que en medio de una inédita crisis nacional en el presente histórico (2014-2023), es clave retomar el análisis de situaciones y coyunturas (1989-1994) en las cuales, los "agenciamientos, enunciaciones y decisiones", impactaron en la composición de las relaciones de fuerzas sociales y políticas, en la legitimación de un "sistema hegemónico"; y más allá, de un cuadro social, político, económico, militar e ideológico determinado.

Las entrevistas, en aquel momento censuradas, a Hugo Chávez son un interesante indicador de cómo respondían los aparatos de censura y propaganda existentes en aquel momento, para borrar, silenciar e invisibilizar los códigos, marcos, guiones y mensajes de aquel teniente coronel Hugo Chávez, y de aquel otrora movimiento "MBR-200". No debemos olvidar que, en el nivel de agenciamiento de las ideologías emergentes, éstas apuntan a una propuesta por un nuevo "programa pasional y narrativo" (Greimas dixit) que permite entender el papel de los agentes sociales históricos.

La censura y la represión simbólica constituyen elementos claves de los que aquí llamamos "inconsciente político", siguiendo las indicaciones de Jameson[1], en un momento determinado, porque dan cuenta de los entramados más sutiles para "manufacturar consensos" y gestionar disensos en las esferas de la opinión pública política en una formación social específica o en una sociedad nacional particular. Se intenta así controlar la agenda y las matrices de opinión inducida al "publico político atento", precisamente controlando sus focos de percepción e interpretación de los acontecimientos.

La historia no es simplemente un texto (como si los son las historiografías), pero nos es accesible parcialmente en sus diferentes aspectos a través de su escritura y formulación, pues lo Real mismo de la historia pasa necesariamente por su textualización, por una narrativa marcada desde el inconsciente político, de lo no-dicho condicionado por determinadas operaciones de clausura ideológico-política.

La idea del inconsciente político está estrechamente relacionada con el principio que rige la Tesis 11 sobre Feuerbach de Marx, ya que el concepto implica una relación entre la interpretación del mundo y su transformación. El inconsciente político tiene mucho que ver con la cuestión de los conflictos y límites de los actos de interpretación y su puesta en discurso en determinadas coyunturas y situaciones.

La teoría de un "inconsciente político", entonces, se formula como un medio para aprehender y hacer visible la narrativa reprimida de la historia que, siguiendo a Marx, Jameson entiende como la historia de la lucha de clases y, por tanto, como esencialmente política, y no solo como la historia de grandes procesos y estructuras económico-sociales de larga duración.

Cabe colocar aquí sobre el tapete las palabras introductorias del periodista José Vicente Rangel en aquella segunda entrevista que años después fue titulada "UN NUEVO PAÍS PARA EL SIGLO QUE VIENE" (13-06-1993):

"El silencio nos condujo a la crisis, la palabra nos va a sacar de la crisis, y esa es la conclusión que tenemos que sacar de todos los hechos que han ocurrido últimamente en este país. Porque lo que ha ocurrido no es producto del azar, sino de la decisión de la gente de participar… el año pasado, concretamente el 30 de agosto, nosotros entrevistamos para este programa a una persona que ha tenido una gran significación en todo este proceso. El gobierno de entonces prohibió que transmitiéramos la entrevista, enarboló la censura y agredió la libertad de expresión e impidió que el pueblo venezolano, maduro para el ejercicio de la democracia, se enterara de la opinión de un hombre que estaba preso. Esa persona que entrevisté para esa fecha, que ustedes no pudieron ver en este programa, sigue teniendo una gran vigencia en Venezuela. Es una mezcla de mito y de realidad, y sin duda de que lo que él hizo el 4 de febrero de 1992 incidió directa e indirectamente en todo este proceso que culmina el 20 de mayo con la decisión de la Corte Suprema de Justicia, declarando que habían hechos para el enjuiciamiento del Presidente de la República (Carlos Andrés Pérez), y en el acto del día siguiente, de la Cámara del Senado aprobando el enjuiciamiento del Jefe de Estado y suspendiéndolo de sus funciones. Me refiero al comandante Hugo Chávez Frías, que sigue recluido en la prisión de Yare."

Sin embargo, esta segunda entrevista también fue censurada y enviada al cajón del silencio. Las razones de fondo son sencillas de caracterizar. Impedir la diseminación o circulación de nuevos códigos, marcos, guiones y mensajes que pudieran poner en peligro la fragilidad del equilibrio dinámico de sistema hegemónico. Porque también los actos de palabra tienen sus peligros y sus azares que el poder pretende por todos los medios conjurar:

"He aquí la hipótesis que querría proponer, esta tarde, con el fin de establecer el lugar -o quizás el muy provisional teatro- del trabajo que estoy realizando: supongo que en toda sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por cierto número de procedimientos que tienen por función conjurar sus poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y temible materialidad.

En una sociedad como la nuestra son bien conocidos los procedimientos de exclusión. El más evidente, y el más familiar también, es lo prohibido".[2]

Postular la existencia de una "economía política" del lenguaje (referida en los libros de Jean Pierre Fayé o de Pierre Bourdieu), como "La crítica del lenguaje y su economía" de Fayé, y ¿Qué significa hablar? de Bourdieu) permiten caracterizar la "regulación" y "control" de los usos del lenguaje y, hasta donde esto sea posible, de sus peligrosos y azarosos efectos de poder.

También Klemperer (2002)[3], en su análisis del discurso totalitario nazi, percibe esa suerte de "virus psico-lingüístico" dentro del tejido de las conversaciones y discursos cotidianos, en un principio banales, que mantenía el régimen nazi con los ciudadanos alemanes. Algo semejante había dicho ya el periodista y ensayista austriaco Karl Kraus.

Así la ideología, como sistema generativo de representaciones, discursos e imaginarios sociales, se asienta, refuerza y modifica en la propia percepción de una realidad, como un elemento natural de "sentido común", y así el poder político consolida sus pretensiones de legitimación frente a sus adversarios u oponentes.

En el mismo orden de ideas, Teun Van Dijk ha planteado: "cuando las ideologías son proyectadas sobre el discurso se expresan típicamente en términos de sus propias estructuras subyacentes, tales como la polarización entre la descripción positiva del grupo endógeno y la descripción negativa del grupo exógeno"[4].

En el caso de los clásicos análisis de Fayé (1975)[5], la palabra en conflicto no es dialógica, sino oposicional, y se transforma en un instrumento de reforzamiento ideológico, de tipo impositivo, para coaccionar y manipular a los oponentes.

El discurso aprovecha emociones, esperanzas y miedos presentes en las propias circunstancias y contextos, marcando y demonizando al "enemigo", como aquel que no se adhiera por completo, al menos de forma pública, a determinadas pretensiones de legitimación de los agentes de poder.

Las condiciones de aceptabilidad (ser aceptada determinada matriz de discurso) se relacionan directamente con su eficacia y su carácter performativo en la sociedad. El consenso, provocado por esa eficacia, provee una unificación de conceptos ideológicos y lingüísticos: un sentido común que se hace vehículo de lo evidente, lo obvio y lo natural, basándose en tres pilares: el carácter performativo del lenguaje, el efecto que causa la narrativa ideológica de la historia y la topología del discurso. Así, para Fayé, el lenguaje está completamente entretejido a los conflictos sociales y políticos que atraviesan a una sociedad en una coyuntura determinada. La toma de la palabra no puede separarse del ejercicio del poder.

Era precisamente esto lo que ocurría en la coyuntura 1992-1994, de allí que la palabra de Chávez había impactado desde sus actos de discurso de 1992 en un terreno de sentido común que había sido previamente instalado por el sistema hegemónico derivado del pacto de punto fijo.

No debemos olvidar en esta relación entre los "agenciamientos de enunciación-discurso" y el poder lo planteado por Max Weber:

"No las ideas, sino los intereses, materiales e ideales, son los que gobiernan inmediatamente la conducta de los hombres. Pero las "imágenes del mundo" creadas por las "ideas" han determinado, con gran frecuencia, como guardagujas, los rieles en los que la acción ha sido empujada por la dinámica de los intereses. "De qué" y "para qué" uno desea ser redimido y, no lo olvidemos, "podría ser" redimido, ha dependido de la imagen del mundo que cada uno posee."[6]

La idea de "agenciamientos colectivos de enunciación" y de "imágenes del mundo" da cuenta de la producción social de los enunciados y su relación con un "régimen de signos", con determinadas máquinas mitológicas, con determinado sistema de "héroes, villanos y locos", con determinado "régimen de verdad", con una máquina de expresión cuyas variables determinan el uso de los elementos de la lengua (Deleuze y Guattari, 1980/2010)[7].

De manera que las narrativas ideológicas están conectadas como "producciones" con los agenciamientos como "procesos". Y donde hay agenciamientos hay personajes conceptuales: personificaciones y rostros. De allí podemos entender la transformación de Chávez como persona concreta en "chavismo" como movimiento, como identidad del personaje ideológico-conceptual.

Insistimos en retomar la eficacia histórica de los "agenciamientos, enunciaciones y decisiones", es decir, retomar el "sistema de prácticas y actores", como plano material de posibilidad para un cambio político y social, que logre engranar el tiempo de las situaciones, de los acontecimientos, de los movimientos coyunturales; y más allá, de sus consecuencias en el cambio histórico-estructural, confrontado vía tensiones, conflictos y antagonismos entre agentes sociales históricos a las estructuras reproductivas del poder social: económicas, sociales, políticas, militares e ideológicas.

No es casual que el periodista José Vicente Rangel se haya visto interpelado en aquel momento con la figura de Chávez como "realidad y mito", como persona real y como fabulación social. En este ultimo caso, Chávez comenzaba a ser exaltado como "héroe popular", como uno de los jefes de la rebelión militar del 4 de febrero.

Pero una rebelión militar como tal, entraba en el cuadro de la subversión de la democracia representativa, entraba bajo el estereotipo del "golpe de estado", mientras José Vicente Rangel ratificaba en la entrevista que creía "en la democracia y en el estado de derecho y por eso no le coarto a nadie el derecho a decir su verdad":

"Por lo demás, ejerzo mi función como periodista cuando recojo el testimonio de algún venezolano y lo trasmito a través del medio. Ese es mi papel como ciudadano, como periodista. Pero, por otra parte, como ciudadano también, a lo largo de mi vida, he dedicado buena parte de ella a la defensa de los derechos humanos. Siendo un estudiante, defendí a la gente de Acción Democrática que era perseguida por la dictadura de Pérez Jiménez, fui al exilio, regresé para seguir luchando por las libertades públicas, defendí a los perseguidos de la década del 60 y a los militares del Carupanazo y del Porteñazo. No me importaba el signo ideológico de los defendidos y si vestían uniforme o eran simplemente civiles. A esta altura de mi vida sigo conservando esa aptitud de carácter ético, que ahora invoco en la oportunidad en que quiero conversar nuevamente con el comandante Hugo Chávez Frías, porque considero que lo que él diga puede representar un aporte importante en el singular momento, en este esperado momento que está viviendo Venezuela."

II.- ATERRIZANDO EL ANÁLISIS

El "Movimiento Bolivariano Originario", y en particular, la figura de Hugo Chávez, tomaron posición y elaboraron una apreciación de una determinada situación histórica de Crisis Nacional, cuando entraron en "oposición frontal" al sistema hegemónico aún vigente durante el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez (1989-1993[8]), incluyendo su análisis de la dramática situación social y moral del país, como de la aplicación de un paquete de ajuste y reestructuración económica, cuyos principios de base fueron catalogados como "neoliberales".

En esta segunda entrevista censurada, Chávez reitera y profundiza algo ya dicho en su primera entrevista:

"…estamos en presencia de un conflicto creciente; estamos en presencia de un conflicto desbocado. Recuerdo en este momento aquella definición que te asomaba en la entrevista del año pasado, aquella clara definición de Antonio Gramsci acerca de lo que es la crisis, lo viejo que no termina de morir y lo nuevo que no termina de nacer. En ese terrible drama nos movemos los venezolanos de hoy. Pero cada día que pasa nos estamos acercando más al parto de la historia, al parto de la patria, a ese nacimiento de lo nuevo y, por supuesto, al entierro de lo viejo, de lo que significa el nuevo régimen de dominación. Cada día nos acercamos más a ese momento histórico."

Cuando hablamos de Crisis Nacional, estamos hablando de crisis orgánica. El problema de la unidad del bloque histórico es en realidad el de la naturaleza del vínculo orgánico que relaciona estructura y superestructura y, en el seno de esta última, sociedad civil (hegemonía) y sociedad política (coerción). Hemos visto que, según el predominio de uno u otro momento superestructural, el bloque histórico se traduce en la práctica en un sistema hegemónico o en uno de tipo dictatorial.

Aquí entra en juego la impronta originaria del aquel acto de subversión política, los planteos radicalmente democráticos en su proyecto histórico y antineoliberal del Movimiento Bolivariano, los planteamientos ideo-políticos no sólo de Hugo Chávez sobre la "democracia popular bolivariana" sino de los propios documentos de Kleber Ramírez[9], como referentes orientadores para todo un colectivo nacional.

Hay que recuperar cierta fidelidad de lectura con los documentos originarios, con los testimonios y la textualización del mundo que el propio "sistema de actores" del MBR-200 realizaba en aquellas circunstancias y condiciones (1992-1994). Allí caben algunas "citas textuales" que no admiten borraduras ni distorsiones interpretativas:

"La crisis es estructural y, por lo tanto, requiere soluciones estructurales. Ahora bien, reduciendo el enfoque a la situación específica del momento, quiero ratificar aquí la posición del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 hecha pública unas dos semanas atrás, según la cual, y nosotros estamos profundamente convencidos de esto, Carlos Andrés Pérez ya no les sirvió más a los sectores dominantes y estos abandonaron el barco para no irse a pique junto con él, para no caer en el abismo que la historia le tiene preparado a Carlos Andrés Pérez. Es bueno que no perdamos de vista la profundidad y el significado de este fenómeno en la Venezuela de hoy.

…Es bueno que el pueblo venezolano se dé cuenta de las grandes manipulaciones que ya están en marcha. Los dirigentes, las cúpulas de los partidos, especialmente de Acción Democrática, están manipulando, buscando un consenso elitesco para seguir gobernando desde Miraflores con el cadáver embalsamado de Carlos Andrés Pérez.

…El pueblo venezolano debe estar alerta y debe exigir ahora los cambios profundos. Los sectores de la dominación, los dirigentes políticos le tienen tanto terror al protagonismo popular, que creo sinceramente que ya perdieron hasta el instinto de conservación. Entonces, en resumen, el enfoque general y el enfoque particular: estamos en una crisis galopante sin retorno y nos aproximamos a eventos históricos que marcarán el nacimiento de un nuevo tiempo venezolano, de un nuevo país para el siglo que viene.

…Otra falsa salida que se está ya planteando, que la tenemos inmediata en el devenir y es más peligrosa aún, más engañosa aún, pretende nombrar un presidente llamado "independiente", le podemos poner comillas, como resultado de un consenso de las mismas élites partidistas."

III.- DE NUEVO: EL MIEDO AL PUEBLO

Aquí cabe volver a visitar a Pedro Duno en un texto llamado: "Hacia una nueva era de Socialismo" (1992)[10]. Según Duno, de todos los terrores nocturnos y diurnos, hay uno por encima de todos, que no pueden resolver administrativamente los integrantes de cualquier comité central, de cualquier aparato burocrático o cualquier sociograma que funciona con el llamado culto al "jefe": el miedo al pueblo.

Se trata de un miedo a las clases subalternas, el miedo a los trabajadores y trabajadoras. Ni burgueses ni burócratas entenderán jamás que el "miedo al pueblo", a las mayorías nacionales, constituye el principal obstáculo para el cambio político y social, entendido estos como sentido de emancipación humana y liberación social.

Escuchemos a Chávez enfrentado a la visión de una solución política negociada bajo la fórmula del consenso entre las elites y factores de poder:

"¿Desde cuándo estos consensos, estas cúpulas, estos arreglos partidistas le han producido algo provechoso al país? ¿Desde cuándo estas encerronas en las cuales son cocinadas soluciones que van en beneficio solamente de las minorías se puede decir que apuntan hacia el interés nacional? Cualquier gobierno que salga de estas manipulaciones, de estas cúpulas, de estos arreglos partidistas, indefectiblemente será contrario al interés nacional y el pueblo venezolano no puede permitirlo. En este momento, cuando lo que está de por medio es la sobrevivencia de la República, debemos invocar la soberanía popular; debemos invocar la voluntad general, que es la voluntad de las mayorías para evitar que estos mismos sectores dominantes se logren reacomodar y nos lleven a una derrota histórica de nuevo corte antipopular."

Y el periodista José Vicente Rangel le riposta: "Entonces, ¿cuál es la manera de salir de esta situación que tú planteas?". Y a continuación Chávez contesta:

"Esto encuadra dentro de nuestro planteamiento estratégico, lo hemos dicho desde el año 1992: la única verdadera salida de este terrible laberinto en el cual nos encontramos debe ser construida por nuevos actores, por nuevas fuerzas políticas, por nuevas fuerzas sociales, que a su vez generen acciones concretas propulsoras de cambios profundos, de cambios verdaderos. Y en este momento histórico hay una sola criatura bajo el sol que puede quitar los viejos actores y poner en acción esas nuevas fuerzas sociales y políticas para que conduzcan el proceso de transformaciones profundas, y esa criatura es el pueblo venezolano, el auténtico detentador de la soberanía."

Y José Vicente Rangel, como periodista, vuelve a intentar a llevar a su entrevistado a definiciones más precisas: "Se plantea entonces la necesidad de definir opciones. ¿Cuáles son las opciones que para ti son las más correctas, las más convenientes?". Chávez responde:

"Como ya lo hemos dicho, una opción verdadera, una opción auténtica que nos conduzca hacia una salida de esta situación debe ser diseñada, debe ser construida fuera del ámbito de los cenáculos partidistas."

Justo en este momento conviene explorar como en la entrevista, ahora por segunda vez censurada, de José Vicente Rangel a Hugo Chávez en 1993, aparece tanto una agenda de política inmediata, como el diseño político de una solución política que parta del principio de no tenerle miedo al pueblo como una alternativa fuera de los "cenáculos partidistas". Analicemos la agenda de política inmediata. José Vicente Rangel le pregunta a Hugo Chávez: ¿cuál es el papel que debe cumplir (en las actuales circunstancias) el Congreso de la República? Hugo Chávez responde en 1993:

"Pudiera ser, en esta situación, en esta coyuntura, en esta oportunidad que la historia le ha puesto en sus manos, la institución que genere esta salida. El Congreso Nacional pudiera muy bien convertirse, por primera vez en muchos años, en esa Asamblea donde resuenen las voces del país nacional. Congresistas de Venezuela, es el momento de que ustedes rompan definitivamente los compromisos con las élites partidistas y vayan al encuentro con su pueblo, para que salven su papel ante la historia. Es el momento de que ustedes pongan a valer la soberanía nacional que les fue delegada por el pueblo venezolano."

Sin embargo, cabe preguntarse: ¿Podían las elites partidistas en aquellas circunstancias, romper sus compromisos interpartidistas, para ir al encuentro con el pueblo, para poner a valer la soberanía nacional que les fuera delegada por el pueblo venezolano? El camino escogido por la partidocracia adeco-copeyana fue intentar administrar la crisis, crear condiciones de estabilidad institucional y ensayar tímidas reformas y ajustes para evitar una aceleración del proceso de crisis nacional.

Nuestra apreciación con relación al tema tratado nos permite formular la siguiente hipótesis: Hugo Chávez no le tuvo miedo al pueblo para convocarlo a las grandes resoluciones en momentos de crisis. Su mejor legado fue la propuesta de convocatoria popular directa al poder originario, para constituir una Asamblea Nacional Constituyente que permitiera salir de aquel laberinto.

Chávez le exigía al Congreso que recientemente había defenestrado a Carlos Andrés Pérez que se declarase en emergencia, que comenzara a legislar con urgencia para sancionar un proyecto-ley para la emergencia nacional, un programa que orientara el "período de transición" hacia una nueva situación nacional, un programa que se aferrara a la letra de la misma Constitución Nacional de 1961, y pasa a leer un extracto de su preámbulo:

"…Proteger y enaltecer el trabajo, amparar la dignidad humana, promover el bienestar general y la seguridad social, lograr la participación equitativa de todos en el disfrute de la riqueza, según los principios de la justicia social, y fomentar el desarrollo de la economía al servicio del hombre."

Se trataba nada más y nada menos que de un torpedo a la línea de flotación de las políticas neoliberales, que precisamente descargaban el costo de la crisis en las masas asalariadas y sectores populares, utilizando una táctica que redirigía el discurso crítico de la situación nacional a la promesa fundacional del ideario socialdemócrata de justicia social y redistribución de la riqueza que había sido parte de los compromisos asumidos luego del 23 de enero de 1958.

Chávez ponía frente a frente al ideario socialdemócrata y socialcristiano en su afrenta o abandono de los principios de justicia social, porque estaba convencido que los factores de poder y los partidos ya habían abandonado tal proyecto nacional. Allí un incisivo periodista como José Vicente Rangel le pregunta: "¿Cuál es el papel que deben cumplir las Fuerzas Armadas en circunstancias como esta?". Allí Chávez no elude la respuesta:

"Se trata del destino de la nación. Se trata del cumplimiento que debemos los militares, primero que nada y por encima de cualquier cosa, a la Constitución Nacional. En su artículo 132, lo sabe toda la Nación, se establece la misión de las Fuerzas Armadas Nacionales: mantener la estabilidad de las instituciones democráticas y ser garantes del cumplimiento de la Constitución y las leyes de la República."

Hugo Chávez llamó a las fuerzas militares a ser garantes del cumplimiento de la Constitución y de las leyes de la República, sobremanera por el alejamiento de la conducción del país de sus objetivos en materia social en defensa de las condiciones de vida del pueblo y de justicia social. Se trata de una interpelación a las fuerzas militares para que opten entre la justicia social o, por el contrario, por la defensa de un régimen político que ha abandonado la letra principista de la Constitución, su marco normativo en aras de defender el ajuste neoliberal.

Es en ese momento, donde Chávez dibuja con profundidad y amplitud la presentación de los cinco puntos básicos para enfrentar la crisis nacional, que como veremos pudieran llevarnos en la actualidad a extensas investigaciones comparativas:

"Concretamente, proponemos, exigimos, cinco puntos básicos que ya hicimos públicos hace pocas semanas para este período histórico por el cual estamos atravesando: en primer lugar, que ese gobierno de transición sea de carácter cívico-militar, pero alejado de las cúpulas, es decir, ni las cúpulas partidistas ni las cúpulas militares deben estar conduciendo este gobierno de transición, un gobierno con nuevas fuerzas sociales y políticas; en segundo término, llamar a elecciones para una Asamblea Nacional Constituyente que, como su mismo nombre lo indica, reconstituya la República; en tercer lugar, que haya la reorientación del programa económico salvaje que ha llevado a las mayorías nacionales a la situación de miseria más grande de su historia; en cuarto lugar, exigimos que se siga aplicando la justicia y que vayan a prisión los corruptos que han esquilmado el tesoro nacional; y por último, exigimos también la amnistía para todos los presos políticos del país, que somos presos políticos de Carlos Andrés Pérez, y la reincorporación de todos los militares a las Fuerzas Armadas Nacionales. Esto, a excepción de este último punto, lo traíamos nosotros el 4 de febrero como propuesta para el país, para un nuevo gobierno de convergencia nacional. Lo propusimos igualmente en julio de 1992 en aquel documento, que fue publicado por una revista de circulación nacional, llamado: "Cómo salir de este laberinto"; y hoy lo volvemos a lanzar al país con la angustia que llevamos por dentro, como una manera de contribuir responsablemente con nuestra opinión a buscar un rumbo definitivo que nos saque de este atolladero histórico."

Vamos a resumir y traducir brevemente los cinco puntos de un Gobierno de convergencia cívico-militar para un programa de transición ante la debacle neoliberal:

  1. Gobierno de transición con nuevas fuerzas sociales y políticas, de carácter cívico-militar, alejado de las cúpulas partidistas y de las cúpulas militares.
  2. Llamado a elecciones para una Asamblea Nacional Constituyente que reconstituya la República.
  3. Reorientación del programa económico salvaje (ajuste neoliberal) que ha llevado a las mayorías nacionales a la situación de miseria más grande de su historia.
  4. Aplicar la justicia para llevar a prisión a los corruptos que han esquilmado el tesoro nacional.
  5. Amnistía para todos los presos políticos del país.

Los lectores y lectoras de este artículo pueden masticar este programa de cinco puntos para enfrentar la crisis nacional de 1993, formulado de manera clara y directa en tal entrevista por Hugo Chávez y por documentos originarios del MBR-200.

Puede entenderse claramente porque fue también censurada esta segunda entrevista, dadas sus proyecciones históricas hasta el presente.

__________________________________________

NOTAS:

[1] Frederic Jameson (1989): Documentos de cultura. Documentos de barbarie. Editorial Visor. Madrid

[2] Michel Foucault: El orden del discurso: https://monoskop.org/images/5/5d/Foucault_Michel_El_orden_del_discurso_2005.pdf

[3] Klemperer, V. (2002). LTI. La lengua del Tercer Reich. Editorial Minúscula.

[4] Teun Van Dijk (2005) Ideología y análisis del discurso. Utopía y praxis latinoamericana: revista internacional de filosofía iberoamericana y teoría social, (29), 9-36.

[5] Jean Pierre Fayé (1975): La crítica del lenguaje y su economía. Editorial Alberto Corazón

[6] Max Weber (1946) "The Social Psychology of the World Religions", en From Max Weber: Essays in Sociology, Oxford, Nueva York, pp. 267–301 (1972, "Einleitung", en GARS, vol. 1, Mohr, Tubinga, pp. 237–268) [hay traducción al español: "Introducción", en ESR, tomo I, Taurus, Madrid, 1998, pp. 233–268

[7] Deleuze, Gilles y Guattari, Félix (1980/2010). Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Valencia: Pre-Textos

[8] El 5 de junio de 1993 el Congreso de Venezuela eligió al entonces senador por el Estado Táchira, Ramón J. Velásquez, como presidente constitucional para sustituir a Carlos Andrés Pérez, suspendido de sus funciones por acusaciones de corrupción en el manejo de los fondos públicos de la llamada "partida secreta".

[9] Kleber Ramírez: Historia documental del 4 de febrero. https://culturavenezuela.com/wp-content/uploads/2022/04/Historia-documental-del-4F-Kleber-Ramirez-Rojas.pdf

[10] Pedro Duno (1992): "Hacia una nueva era de Socialismo".



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Javier Biardeau R.

Articulista de opinión. Sociología Política. Planificación del Desarrollo. Estudios Latinoamericanos. Desde la izquierda en favor del Poder constituyente y del Pensamiento Crítico

 jbiardeau@gmail.com      @jbiardeau

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