Mateo 18:6

El comentario que sigue no es de ninguna manera un entretenimiento filosófico, es más bien una denuncia contra lo que llamaría “terrorismo religioso”.

Jesús no admite interpretaciones. Cito: “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno y que se le hundiese en lo profundo del mar”.

Ante estas rotundas palabras la iglesia católica y su máximo representante no podían menos que actuar severamente ante sus sacerdotes y prelados pederastas. Aquí no valen palabras de arrepentimiento. Sólo cabe una sanción severa ante más de mil millones de católicos y eso quizás les daría una idea de que existe imparcialidad y justicia. Pero no.

Benedicto XVI sólo se limitó a sentirse avergonzado y luego como huésped de un país gobernado por un asesino despiadado como George Bush, se limitó a celebrar su cumpleaños apagando velitas en la Casa Blanca.

¿Donde quedó la desaparición hasta ahora de un millón de vidas y la destrucción del patrimonio cultural del pueblo iraquí? Tocó la bandera de la ONU para bendecirla y se le olvidó no sólo la aniquilación de sus miembros en la cede en El Líbano sino la masacre de su población por el ejercito israelí. Al igual como lo hacen a diario en Palestina.

Fue su idea la de ir a EEUU. No hay excusa de desconocimiento ante verdades inocultables, o de asesores incompetentes. Él y sólo él, escogió esa visita y es su responsabilidad. Así como fue a Brasil a justificar a la iglesia en la matanza de la conquista e igual como sacó a relucir un comentario de 1391 que dice: “Muéstrenme qué trajo de nuevo Mahoma y encontrarán sólo maldad e inhumanidad, tales como su mandato para regar con la espada, la fe que él predicaba” Hasta ahí el colmo del cinismo.

Pero lo reaccionario lo acompaña más allá, al contravenir uno de los avances más inteligentes de la iglesia católica en lo que va de su existencia como lo fue el Concilio Vaticano II dirigido por el valiente Juan XXIII, y cae en el desacierto increíble de querer volver a la misa dicha en latín.

La iglesia necesita un líder que la saque de este oscurantismo y se comprometa no sólo con los pobres materiales, sino de espíritu. El camino estaba trazado por el Concilio Vaticano II y se ha torcido para volver a la inquisición.

En Venezuela el panorama no es menos trágico. La ya conocida Conferencia Episcopal Venezolana, no sólo hace política barata sino que incita a sus fieles en contra de reformas sociales justas y necesarias. Sin argumentos y poniéndose al lado de oscuros intereses de fariseos reencarnados en apátridas y del lado del más vulgar capitalismo.

Basta recordar cómo el Cardenal y sus obispos tuvieron el desatino de citar mal en su “Exhortación del Episcopado” a Mateo 5:12 cuando debió haber sido Mateo5:9. Esto no sólo refleja irrespeto a la palabra de Jesús sino una burla a la feligresía. Sólo por el afán de frenar en su momento la reforma constitucional y crear incertidumbre en nuestro pueblo. Razón tiene el presidente Chávez al repetir sin cansancio la necesidad del estudio consciente y reflexivo.

Finalizo con el filósofo Nietzsche y que su cita deje una reflexión abierta: “Dios ha muerto, nosotros lo hemos matado”

luisortega69@hotmail.com


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Luis Ortega Segovia


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