Los Marginales no son Asalariados

Los movimientos revolucionarios modernos, y socialistas por antonomasia, surgieron con el asentamiento del régimen capitalista en aquella Europa donde la figura del proletariado, del asalariado industrial, reemplazaba a cada minuto al decadente sirviente campesino y citadino que permitieron esa vida regalada y parasitaria que disfrutó durante siglos la aristocracia feudal con sus reinatos y monarcatos a la cabeza.

Antes de la llegada del sistema burgués sólo hubo revueltas esclavistas y rebeliones campesinas contra los maltratos físicos y la miseria y hambruna que sufrían los productores del campo. Obsérvese que fueron movimientos contra esclavistas inicuos, y contra aristócratas, vividores descarados del trabajo ajeno.

Con la dominación burguesa y su ascenso al poder político se consolidó la mutación sociológica y económica del campesino, productor arrendatario, y del artesano, en asalariados, cuando estos quedaron libres de toda atadura feudal, cuando quedaron sin amos, sin señores y sin tierras de cultivo, sin protección social, sin medios de trabajo, sin Estado ya que para entonces sólo existía el feudo señorial.

Los asalariados aparecieron cuando los productores del campo y el artesanado medioeval se quedaron a solas con el sudor de su frente, con su potencial laboral sin medios de producción para su empleo personal. Todos los medios y objetos de trabajo, pero principalmente la tierra de cultivo, pasaron a manos de la burguesía. La tierra fue arrancada a la Iglesia católica, y a la aristocracia conformada por reyes, duques, marqueses, etc.

Por ejemplo, el humanista Víctor Hugo, desde su holgada posición novelística, o de oficina, cargado de mucho humanismo pero absolutamente empírico en su interpretación de las causas de los males sociales, se abocó a introducir asomos de revolución antifeudal, y de allí la Revolución Francesa antiaristocrática. Este movimiento no tuvo nada que ver con un socialismo anticapitalista, ya que aquel surgió en pleno proceso de ascenso industrial capitalista. La Revolución Francesa dio cuenta de la servidumbre medioeval y del parasitismo aristocrático, pero no del industrialismo emergente, sino todo lo contrario. La caída de la Aristocracia apuntaló el ascenso burgués, y unos explotadores reemplazaron otros.

Así llegamos a la cuestión *obrera* que sigue vigente y que es el eje alrededor del cual empezó a girar el movimiento auténticamente socialista como salida a las *miserias burguesas*, a la problemática proletaria. Esta problemática se reduce al logro de mejores condiciones para los trabajadores, para los asalariados. Por esta razón el sindicalismo y la filantropía empresarial burguesa y la Política populista y demagógica han tenido buena acogida en estos pueblos oprimidos , pero han sido acciones y banderas que no han respondido jamás a la supresión de los explotadores de toda índole, económicos, políticos, castrenses y religiosos.

Ocurrió que buena parte de la feudalidad señorial se unió a este nuevo sistema de vida asalariada, se aburguesaron, y todavía los tenemos inclusive con sus mismos valores políticos representados en esos vestigios monárquicos ingleses, suecos, españoles, etc.

Ahora bien, entre nosotros conviven los marginales, de vida miserable, hambrientos de toda índole, de todo grado y carentes de toda propiedad, como otrora lo fueron los ex siervos del campo medieval, sólo que a estos ya nadie empleará, por cuanto son los peor dotados productivamente, y no es a hacia este tipo de trabajador que debe dirigirse ningún socialismo científico, habida cuenta que mal puede marginarse, reemplazarse, la mano de obra de mejor calidad, la más productiva, para su reemplazo por la ya marginada clase del sistema burgués.

Es triste y llamativo que precisamente el llamado Socialismo del Siglo XXI se esté alimentando de los marginados que el Puntofijismo y el sistema capitalista engendraron, y que esté paralelamente formando un nuevo contingente de marginados constituido por toda la masa laboral altamente productiva que el presente gobierno desprecia y margina, como si fueran los culpables de esa marginalidad que él usa para mantenerse en el poder con cargo a un PTB no garantizable por el trabajo de esos marginados, sino del petróleo.

Los trabajadores que ahora este gobierno desprecia son quienes siguen siendo el explotado natural del sistema capitalista, independientemente de que haya trabajadores asalariados que a punta de sobreesfuerzos personales muestren una vida con menos penurias económicas que la sufrida por el lumpen que ahora usan los partidos contemporáneos para hacer carrera política, para la toma del poder.

Estos políticos que afirman su ascenso al poder y su permanencia en este con los marginados burgueses, y no con los trabajadores asalariados, están llamados al fracaso , y una prueba de esta perspectiva es la asombrosa publicidad y el descarado manipuleo que hace el gobernante para seguir en el poder.

Jamás se había fundido tanto la gestión gubernamental con la cuestión política. Sólo gobernantes que se sienten inseguros pueden hacer un uso tan abusivo del Fisco Nacional para su proselitismo y propagandismo políticos, como lo vemos a cada segundo y por todos los rincones de nuestra geografía nacional y extranjera.

Un socialismo que vaya en contra del asalariado, proteja al empresariado capitalista y cuente sólo con el marginado de menor potencial productivo podrá recibir todos los títulos políticos imaginables, pero no el de verdadero, porque sencillamente los marginados no son trabajadores, ni mucho menos asalariados ni explotados. No puede ser socialista un gobierno que desprecia al verdadero asalariado por considerarlo culpable de las miserias pasadas, como si los trabajadores fueran el enemigo de la humanidad, y no, sus explotadores capitalistas.

Un Estado y un gobierno que se proponen proteger a los propietarios privados de medios de producción y reduce la propiedad del trabajador asalariado a sólo bienes de consumo y uso es un Estado y es un gobierno que podrán recibir todas las denominaciones menos la de revolucionario socialista., porque los marginados no son asalariados.



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Manuel C. Martínez M.


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