A propósito de la auto-exclusión del PCV en la edificación del PSUV

Todo cambia, se transforma y está en movimiento permanente... menos nosotros...

Extraño pensamiento dialéctico el del PCV cuando afirma que todo cambia, se transforma y esta en movimiento permanente, menos los dogmas del Partido.

Dogma 1: los preceptos del marxismo-leninismo, refutados teórica e históricamente como inventos del estalinismo-burocrático. No hay ni en Marx, ni en Engels, ni en Lenin una sola palabra sobre algo parecido al marxismo-leninismo, y mucho menos en la epistemología, filosofía, teoría o historia de las actividades científicas contemporáneas. El problema central del PCV es enfrentarse a la imposible tarea de justificar una ideología, como el marxismo-leninismo, que no tiene fundamentos filosóficos infalibles. Que no hay axiomas ideológicos desde donde fundamentar nada, que todo eso entro en crisis de fundamentos, y que el PCV no se enteró.

Dogma 2: el centralismo burocrático y el partido de cuadros sin masas, refutado por el fracaso del estalinismo organizativo, por la crítica generalizada a la burocratización del partido, por la crítica a los cogollos. Hasta el centralismo democrático leninista esta en veremos. Los movimientos sociales de base reclaman autonomía organizativa, se resisten a ser correas de transmisión, expresando su no subordinación a líneas o directivas de partido. Una cosa son las mutitudes en movimiento, orientadas por liderazgos y programas políticos legitimados, y otra cosa es el espíritu de secta. Una cosa es compartir principios básicos, un programa político, un proyecto estratégico. Otra cosa es subordinarse a directrices de estructuras partidistas. Esta última idea está en crisis.

Dogma 3: estructura representativa de dirección, refutada por el nuevo socialismo de la democracia revolucionaria, participativa y protagónica. Los movimientos lo dicen muy claro. Abajo la representación, queremos delegados con mandato revocables, responsables ante sus electores.

Para el PCV, no hay que revisar, renovar, ni inventar…es preferible errar. Han escogido mal de acuerdo a Simón Rodríguez. Han cerrado la posibilidad de abrirse a la diversidad de pensamientos contra-hegemónicos y a la convergencia estratégica socialista en la unidad democrática de la acción revolucionaria. Han escogido el camino de las “alianzas tácticas” sin cambiar nada internamente. Como ha planteado Gramsci frente a quienes dogmatizaron el Capital de Carlos Marx para los efectos de la revolución bolchevique en Rusia:

“Es la revolución contra El Capital de Carlos Marx. El Capital de Marx era, en Rusia, el libro de los burgueses más que el de los proletarios. Era la demostración crítica de la necesidad ineluctable de que en Rusia se formase una burguesía, se iniciase una era capitalista, se instaurase una civilización de tipo occidental, antes de que el proletariado pudiera siquiera pensar en su insurrección, en sus reivindicaciones de clase, en su revolución. Los hechos han superado las ideologías. Los hechos han reventado los esquemas críticos según los cuales la historia de Rusia hubiera debido desarrollarse según los cánones del materialismo histórico. Los bolcheviques reniegan de Carlos Marx al afirmar, con el testimonio de la acción desarrollada, de las conquistas obtenidas, que los cánones del materialismo histórico no son tan férreos como se pudiera pensar y se ha pensado. No obstante hay una ineluctabilidad incluso en estos acontecimientos y si los bolcheviques reniegan de algunas afirmaciones de El Capital, no reniegan el pensamiento inmanente, vivificador. No son marxistas, eso es todo; no han compilado en las obras del Maestro una doctrina exterior de afirmaciones dogmáticas e indiscutibles. Viven el pensamiento marxista, lo que no muere nunca, la continuación del pensamiento idealista italiano y alemán, contaminado en Marx de incrustaciones positivistas y naturalistas. Y este pensamiento sitúa siempre como máximo factor de historia no los hecho económicos, en bruto, sino el hombre, la sociedad de los hombres, de los hombres que se acercan unos a otros, que se entienden entre sí, que desarrollan a través de estos contactos (civilidad) una voluntad social, colectiva, y comprenden los hechos económicos, los juzgan y los condicionan a su voluntad, hasta que esta deviene el motor de la economía, plasmadora de la realidad objetiva, que vive, se mueve y adquiere carácter de material telúrico en ebullición, canalizable allí donde a la voluntad place, como a ella place. Marx ha previsto lo previsible. No podía prever la guerra europea, o mejor dicho, no podía prever la duración y los efectos que esta guerra ha tenido. No podía prever que esta guerra, en tres años de sufrimientos y miseria indecibles suscitara en Rusia la voluntad colectiva popular que ha suscitado.”(Gramsci; La revolución contra el Capital, 1917)

El PCV ha optado por una salida aparentemente intermedia, sin hacer un profundo examen de la cuestión del pensamiento revolucionario en el siglo XX y siglo XXI, sobre todo del pensamiento revolucionario nuestro-americano, de Martí, de Bolívar, de Sandino, de Zapata, de Villa, de Mariátegui, de tantos otros y otras. Nada de renovación radical de sus tesis ideológicas, de por lo menos sustituir el marxismo-leninismo de inspiración estalinista por el “marxismo revolucionario” aplicado a las condiciones concretas de nuestros países (al parecer no hay capacidad de salidas matizadas, elegantes y sutiles). Han optado por reafirmarse en el dogma. Han perdido otra gran oportunidad histórica de generar una recreación abierta, crítica, creativa, directa y sin complejos de la obra completa de Marx, para construir un vasto movimiento democrático revolucionario; base social y política indispensable del nuevo PSUV. Han optado por una unidad táctica, por una articulación exterior con el PSUV, intentando mantenerse sin cambios, sin transformaciones y sin movimientos. La propia dialéctica, la que utilizan como retórica de aparato, les hará una mala jugada. Los llevará si no rectifican pronto a la historia como el último partido estalinista del siglo XX en el siglo XXI.

La derecha y el imperialismo celebran la decisión del PCV. Tampoco era de esperarse otro escenario, escrutando la historia de los continuados errores estratégicos en momentos determinantes de la historia. Pero siempre hay un espacio para lo novedoso, para lo abierto, flexible y dinámico. El PCV contiene energías que deben sentir que esta decisión no es acertada. El tiempo pasa…

Para nadie es un secreto que hay una recomposición sociopolítica del campo bolivariano, y que son visibles las contradicciones entre grupos, sectores, clases y fracciones que operan tras la superficie discursiva de los operadores políticos. Se han generado modalidades de resistencia abiertas y veladas ante la iniciativa unitaria, e incluso son evidentes las campañas opositoras políticas y mediáticas para “agudizar las contradicciones” en el campo de la revolución, tratando de generar “fraccionamientos insalvables”, “distanciamientos” y “divisiones”. Mucho tienen que perder, las tradicionales cogollo-cracias de los diferentes partidos (sobre todo su papel de gestores de intereses de determinados grupos de poder), más aún si este proceso implica una activación de las bases sociales del Bloque Popular Bolivariano conjuntamente con el lanzamiento de un proyecto estratégico de carácter antiimperialista, socialista, democrático y revolucionario.


Al no poner sobre la mesa una disposición a la disolución y como cuestión prioritaria el asunto del proyecto estratégico y sus contenidos nacional-populares, el PCV ha caído en el partidismo y el sectarismo. Se ha hecho del aparato-partido un fetiche, y no un instrumento, una mediación, un espacio de articulación. Este es el gesto estratégico del asunto. La disolución desde la base de las franquicias existentes debe dar paso al proceso constituyente, a un congreso fundacional del nuevo partido socialista, de carácter nacional-popular que ponga sobre el tapete el Proyecto Estratégico y las responsabilidades y tareas que se derivan del mismo.

Sin el concurso de los miembros más valiosos, renovadores y antidogmáticos del PCV, el Bloque Popular Bolivariano no contará con todas las fuerzas morales e intelectuales que sirvan de apalancamiento y catalizadores para superar de los niveles actuales de formación política, movilización, lucha, acumulación de fuerzas y comunicación política de las clases populares y subalternas. Pero esta decisión implica coraje y comprender que el marxismo-leninismo no es la base ideológica adecuada para inventar el nuevo socialismo.

Ante debilidades de dirección política, en los actuales momentos seguirá siendo exclusivamente Chávez quién cumpla el rol de dirección, asumiendo los riesgos de un estilo que personalice las decisiones y que construya como consecuencia no intencional, mecanismos de sumisión-dependencia hacia el líder, y no verdadero debate político, dando lugar a toda una polémica sobre si existe o no “culto a la personalidad”, o si la conexión entre líder y pueblo no será un efecto, como consideramos, de la debilidad de las estructuras de mediación, articulación y agregación política típicas de las experiencias populistas de izquierda en América Latina.

La derecha insistirá en la tesis ceresoliana del “caudillo, ejército, pueblo”; tesis que penetra al propio imaginario de algunos sectores revolucionarios, que no contribuyen a generar precisamente un debate político profundo en el centro de la escena política del chavismo. Han optado por auto-excluirse, buscando refugio en las certezas del dogmatismo. Hay tres enemigos y no dos por derrotar para edificar una nueva referencia partidaria, reformismo, oportunismo y dogmatismo. El PCV hace gala del dogmatismo. Miembros de PODEMOS del reformismo, y una verdadera ensalada encubierta, de oportunismo y de “corrientes anarquizadas” que comienzan a formar grupos por simpatías y antipatías personales. Los chismes, la cizaña y los resquemores aumentan. Solo el debate del Proyecto Estratégico, de las concepciones ideológicas, del programa político debilitará lo que mantiene unidas las mascaras a los verdaderos rostros. Mientras tanto, el imperio prepara una nueva emboscada contra la democracia revolucionaria.

Sin duda, las limitaciones de una “revolución desde arriba” se hacen cada día más evidentes, y la incapacidad para generar, una alternativa autónoma y orgánica revolucionaria desde abajo, también están a la vista, a menos que la edificación del PSUV y paralelamente, la explosión del poder comunal-popular abran nuevas compuertas constituyentes. Por eso la derecha y el imperialismo celebran el distanciamiento del PCV al llamado de Chávez. Son síntomas de tensión que serán explotados por los enemigos del proceso. ¿Se puede avanzar en estas condiciones? La respuesta es parte de la encrucijada.

jbiardeau@yahoo.com.mx




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Javier Biardeau

Articulista de Opinión. Promotor del Pensamiento Crítico Socialista. Profesor de Estudios Latinoamericanos-Sociología UCV.

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