Ley Contra el Fascismo, neofascismo y otras patologías criminales

El proyecto de Ley Contra el Fascismo, Neofascismo y Expresiones similares presentado por la Vicepresidenta Delcy Rodríguez a la plenaria de la Asamblea Nacional para su discusión y evaluación, aprobado en primera discusión y pasada dicha propuesta a evaluación pública, requiere de nuestra parte algunas precisiones. Lo primero, es ponernos de acuerdo sobre lo que es, el fascismo. Así tenemos, un fascista como Almagro, secretario general de la OEA, calificando como «fascista» la Ley Orgánica para la Defensa de la Guayana Esequiba, dijo el fascista y ejemplar empleado de Washington, que dicha Ley: «reafirma, una vez más, el patrón dictatorial de Maduro». El fascismo, por lo general, tienden a confundirlo con las dictaduras militares de derecha, esto porque los dirigentes fascistas militarizaron sus sociedades y situaron las guerras de conquista, en el centro mismo de sus objetivos. Además, sus líderes vestían a la usanza del uniforme militar, desvalorizándolo. Es por ello, que al fascismo tiende a dársele una definición de régimen de fuerza, autoritario, violento que sí lo es, pero con particularidades específicas que lo hacen diferentes a las dictaduras militares de derecha. Como afirma, Antonio Scurati: «La esencia del fascismo, es la violencia». Esta propuesta de Ley, va orientada a reafirmar esa característica intrínseca del fascismo, pero no definitoria. Así, en el artículo 4, de la propuesta de Ley se define: «Fascismo: Postura ideológica o expresión basada en motivos de superioridad racial, de origen étnico, social o nacional, que asume la violencia como método de acción política, enarbola la cultura de la muerte, denigra de la democracia, sus instituciones y valores republicanos y/o promueve la supresión de los derechos y garantías reconocidos en la Constitución a favor de determinados sectores de la sociedad, por motivos discriminatorios. Son rasgos comunes a esta postura el racismo, el chovinismo, el clasismo, el conservadurismo moral, el neoliberalismo, la misoginia y todo tipo de fobia contra el ser humano y su derecho a la no discriminación y a la diversidad».

O es una postura ideológica o es una expresión o ambas a la vez, es sumamente frágil la propuesta presentada, en cuanto a definición se refiere, ya que deja a la libre interpretación lo que es el fascismo. Esa fragilidad, permite la generalización del término a todo lo que nos molesta y, con ello, pierde rigurosidad científica la definición de fascismo. A propósito de estos días de abril y los recuerdos de 2002, tiempos de contrarrevolución fascista y revolución de abril. 11, 12 y 13, se gesta la contrarrevolución fascista, movilizan en las calles de Caracas a sectores de clase media del Este caraqueño, quienes son llevados hasta el propio centro, en donde los esperaba un escenario de matanza colectiva con francotiradores, especialmente traídos al país desde El Salvador por el imperialismo norteamericano (EEUU) quien con su embajador en Venezuela, Charles Shapiro, dirigió –meticulosamente- todas las acciones de guerra contra el pueblo chavista que le hizo frente, en las adyacencias de Miraflores (Puente Llaguno), mientras caían uno tras otra, las víctimas planificadas por la contrarrevolución golpista-fascista, con tiros en la cabeza. En la sede de Venevisión, se enconcharon a la expectativa, los autores intelectuales de la ensayada aventura golpista-fascista, valga decir: Cisneros, Granier, Mezerhane-Zuloaga, es decir, los dueños de los medios de televisión privados, quienes asumieron la dirección política de la contrarrevolución fascista en curso y por encima de ellos, moviendo los hilos conductores, el propio imperialismo de los EEUU, quien contaría con el apoyo de la Unión Europea (España y Francia). Los actores y actrices seleccionados para esta trama criminal, serían obviamente, la clase media del Este caraqueño y haciéndoles frente: el pueblo chavista en Puente Llaguno. Obviamente, el programa contrarrevolucionario, sería el presentado por Pedro «el breve», el para entonces presidente de Fedecámaras, quien en las pocas horas que estuvo en Miraflores, consistió –básicamente- en revertir, todo lo avanzado hasta entonces por la Revolución Bolivariana en materia de protección social, que se expresó en la disolución de todos los poderes públicos y la vuelta a la cuarta república, anulando de facto la Constitución Bolivariana de 1999. Además de Fedecámaras fue notable el apoyo de la CTV, la Iglesia católica por intermedio de la Conferencia Episcopal. Todo ello, en medio de la más brutal represión y total condena a la libertad de expresión, y prohibición del pensamiento distinto. Hasta el día 13, que el pueblo logra revertir el golpe fascista, retornar a Chávez a la presidencia y colocar en huida a los fascistas, reimplantando así, la Democracia Participativa y Protagónica que volvió, volvió. Así, culminaba un primer intento de Washington, de clonar el fascismo en Venezuela, fracasado. Luego, lo intentaría en Ucrania, en donde sí lograrían vencer y establecer su experiencia fascista a partir de 2014. Esto nos indica, que a partir de entonces, el imperialismo estadounidense, convirtió al fascismo su arma predilecta del arsenal de guerra híbrida contra los pueblos que osan retarle por alcanzar su independencia y soberanía.

Esto, ha hecho del fascismo una acción, exclusiva, del imperialismo. Como dijimos antes, un arma de guerra –no convencional- que utiliza Washington para el logro de sus fines y objetivos, para nada democráticos, contra los pueblos. Fascismo e imperialismo, en los tiempos actuales, de decadencia imperialista, se han convertido prácticamente en sinónimos, en un solo término, sin distingo alguno. Así, cuando hablamos de Occidente, igual, fascismo puro. Por ello, es fundamental tener claro, cuándo el imperialismo hace uso de su arma del fascismo para someter los pueblos a sus dictámenes. La definición entonces, cumple un rol de alerta para enterarnos cuándo el imperialismo ha entrado en modo fascismo, que por regla general, es casi todo el tiempo de los tiempos actuales de decadencia imperial. De eso, nos alertaba Bertolt Brecht, en su intervención del 21 de junio de 1935 en la Sala de la Mutualité, en París, en el Primer Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, inspirado en el Primer Congreso de Escritores Soviéticos, que se había efectuado entre agosto y septiembre de 1934 en Moscú. Bertolt, advertía que, si bien era importante defender la cultura, mucho más lo era, la defensa del hombre, y que no basta con acusar al fascismo y a sus políticas salvajes, sino que hay que buscar su raíz, su causa. Cuál es, la serpiente que puso tal huevo, afirmaba: «El fascismo no es, como tanto intentan hacernos creer, una explosión de salvajismo aleatorio, un grupo de hombres que se vuelven locos y deciden tomar el poder pisoteando a quien se ponga por delante. Eso, en todo caso, son sus consecuencias, no sus causas.» (23 de junio de 1935, París). Un año después, manifestaba Brecht: «Así, al lado y por encima del capitalismo y del socialismo habría nacido una tercera fuerza: el fascismo. Para mí, el fascismo es una fase histérica del capitalismo, y, por consiguiente, algo muy nuevo y muy viejo. En un país fascista, el capitalismo existe solamente como fascismo. Combatirlo, es combatir el capitalismo, y bajo su forma más cruda, más insolente, más opresiva, más engañosa. (…) Estar contra el fascismo sin estar contra el capitalismo, rebelarse contra la barbarie que nace de la barbarie, equivale a reclamar una parte del ternero y oponerse a sacrificarlo». («Las cinco dificultades para escribir la verdad» Bertolt Brecht, 1934).

El fascismo fue difícil de comprender desde sus orígenes en 1919. Ello no se debió a su radicalismo y su violencia, ya que por aquel entonces Europa estaba plagada de nuevos fenómenos políticos radicales y violentos. Fue, el único tipo de movimiento político –genuinamente- nuevo que surgió de los escombros de la Primera Guerra Mundial y no contaba con ningún predecesor claro. El fascismo y el nazismo, surgen tras la Primera Guerra Mundial. Importante destacar la definición del historiador Eric Hobsbawm (1994), según la cual, el fascismo, «es esencialmente, un movimiento de derecha, desprovisto de una teoría sólida, que se postula en contra de la razón, a favor de la superioridad del instinto y que carece de un modelo de Estado particular». Hobsbawm se refiere a ellos como «los revolucionarios de la contrarrevolución» (1994). Importantes, los aportes de León Trotski para comprender lo que es el fascismo: ¿Qué es el fascismo?, se pregunta el brillante político e historiador y se responde a continuación: « El término se originó en Italia» (…) El movimiento fascista italiano fue un movimiento espontáneo de grandes masas, con nuevos dirigentes surgidos de la base. Es de origen plebeyo y está dirigido y financiado por las grandes potencias capitalistas. Se formó en la pequeña burguesía, en el lumpen-proletariado y hasta cierto punto también en las masas proletarias. (…) El movimiento alemán, se parece fundamentalmente al italiano. Es un movimiento de masas, cuyos dirigentes emplean una buena cantidad de demagogia socialista, la cual es necesaria para la formación de un movimiento de masas. La base genuina (del fascismo) es la pequeña burguesía. (15 de noviembre de 1931). Los aportes de Nicos Poulantzas, en Fascismo y Dictadura. La Tercera Internacional frente al fascismo (1970): «El fascismo no es más que una forma particular de régimen de la forma de Estado capitalista de excepción: existen otras especialmente el bonapartismo y las diversas formas de dictadura militar». Norberto Bobbio: «El fascismo es un sistema político que trata de llevar a cabo un encuadramiento unitario de una sociedad en crisis dentro de una dimensión dinámica y trágica promoviendo la movilización de las masas por medio de la identificación de las reivindicaciones sociales con las reivindicaciones nacionales.» (1981). J. Dimitrov: «El fascismo no es una forma de Poder Estatal, que esté, como se pretende, "por encima de ambas clases, del proletariado y de la burguesía", como ha afirmado, por ejemplo, Otto Bauer. No es "la pequeña burguesía sublevada que se ha apoderado del aparato del Estado", como declara el socialista inglés Brailsford. No, el fascismo no es un poder situado por encima de las clases, ni el poder de la pequeña burguesía o del lumpenproletariado sobre el capital financiero. El fascismo es el poder del propio capital financiero. Es la organización del ajuste de cuentas terrorista con la clase obrera y el sector revolucionario de los campesinos y de los intelectuales. El fascismo, en política exterior, es el chovinismo en su forma más brutal que cultiva un odio bestial contra los demás pueblos» (J. Dimitrov, El fascismo y la clase obrera). Robert Paxton, quien afirma que no existía una ideología clara detrás de los fascismos. Para él, estos movimientos no se apoyarían en una doctrina filosófica particular, sino, por el contrario, en ciertos sentimientos populares respecto a la existencia de razas superiores que debían imponerse sobre otros pueblos inferiores. En este sentido, los fascistas carecerían de un programa claro, lo que era abiertamente admitido por sus dirigentes (2005). Noam Chomsky: «¿Qué entendemos por "fascismo"? Hay que distinguir lo que pasa en las calles, muy visiblemente, de la ideología y la política, más alejadas de la inspección inmediata. El fascismo en las calles, son los Camisas Negras de Mussolini y los Camisas Pardas de Hitler: violentos, brutales, destructivos. Seguramente, Estados Unidos nunca ha sido inmune a eso. El sórdido historial de "expulsión de indios" y esclavitud que se transformó en Jim Crow, no necesita ser relatado aquí. Un período pico de "fascismo callejero" en este sentido precedió a la Marcha de Mussolini sobre Roma. El "temor rojo" de la posguerra Wilson-Palmer y de la posguerra fue el período más cruel de represión violenta en la historia de Estados Unidos, aparte de los dos pecados originales. La impactante historia, se relata con vívidos detalles en el penetrante estudio American Midnight de Adam Hochschild . Como de costumbre, los negros fueron los que más sufrieron, incluidas grandes masacres (Tulsa y otras) y un espantoso historial de linchamientos y otras atrocidades. Los inmigrantes, fueron otro objetivo en una ola de "americanismo" fanático y miedo al bolchevismo».

Una expresión del fascismo actual, es la guerra imperialista. Para pelear las guerras de Irak y Afganistán, George W. Bush aumentó el gasto militar de Estados Unidos en un 11 por ciento. En 2017, Donald J. Trump lo hizo engordar nuevamente, esta vez en un 9 por ciento y por un total de 54.000 millones de dólares. Finalmente, para 2024, el demócrata Joseph R. Biden está procurando que el Congreso le apruebe 842.000 millones para gastos de defensa, casi cien mil millones más que el presupuesto respectivo de 2023. Los fascistas actuales, han hecho de la guerra su principal negocio, su razón de ser y sobrevivir en un mundo cambiante e inexplicable. La guerra, es su universo y sobre el cual gira todo lo demás. Con muchísima razón J. Dimitrov, afirmaba –tempranamente- en julio: «El fascismo es la guerra, declaró el Congreso. El fascismo, después de subir al poder, contra la voluntad y los intereses de su propio pueblo, busca una salida a las dificultades internas, cada vez mayores, que le acosan, en la agresión contra otros países y pueblos, en un nuevo reparto del mundo, mediante el desencadenamiento de la guerra mundial». (J. Dimitrov, El Fascismo es la Guerra, 1937). El hombre y la mujer nueva, que predica el fascismo, se entiende como el renacimiento del hombre y la mujer primigenia, que vuelven a su estado de naturaleza belicosa y violenta, salvaje, en fin. El papel que juega la violencia, en la ideología fascista, ha valido a algunos historiadores, y con razón, a definir el fascismo como un estado de guerra civil permanente. La guerra, es la continuación de la política capitalista por otros medios. Y viceversa, cada vez más, la política capitalista es la continuación de la guerra por otros medios. ¡Hasta el final! Guerra, guerra y más guerra. Imperios decadentes, se aferran a ésta como la única tabla de salvación, aunque seguro están que les viene una muerte segura, declinación es la muerte…



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Henry Escalante


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