“El Manifiesto Comunista”, de Marx y Engels, en una mirada transversa: creación y antecedentes (I)

I

Friedrich Engels y Karl Marx escribieron el Manifiesto del partido comunista en 1848 a solicitud de la "Liga de los comunistas". Ese año Marx fue desterrado de Bruselas, allí residía desde 1845 cuando lo expulsaron de París. En Bruselas organizó centros de obreros y lideró acciones revolucionarias como intelectual orgánico comprometido con la causa popular, intentando equilibrar su activismo político entre la teoría y la práctica. En el Manifiesto formulan los principios del proyecto comunista que demuestran con "la lucha de clases", a la cual definen como un hecho social de la realidad y al mismo tiempo constituye "el motor de la historia". Con todo, no enunciaron un ideal quimérico o la narración utópica de una supuesta humanidad comunista, sólo explican las razones de la extorsión y el despojo a la clase obrera por parte de la burguesía: la dueña de los medios de producción.

Por consiguiente, dentro del mundo capitalista estiman al obrero como el verdadero sujeto de la historia, el proletario o clase trabajadora que vende su trabajo y su tiempo personal como una mercancía y de esta forma produce la plusvalía que se apropia el burgués empleador. La plusvalía condensa un concepto de la teoría económica de Marx, significa la parte del valor excedente que genera el trabajador asalariado y que el capitalista se apodera. Ello en relación con los criterios de valor de uso y valor de cambio. Así se genera en el ámbito del capitalismo el hecho de que el dinero produce dinero y origina la idea del trabajo que, desde el punto de vista del capitalista, se entiende como un procedimiento entre cosas que el capitalista compró [en El Capital, Libro primero]. Marx y Engels argumentan que le incumbe al proletariado la toma del poder político con la finalidad de suprimir el Estado. Proletario se considera al obrero o al trabajador que no es dueño de los medios de producción como sí lo es la burguesía. Proviene del latín y se origina de prōlētārius-ii que equivale a ciudadano pobre con "prole" o descendencia y sin ningún tipo de propiedades ni medios de producción; así se le calificaba en la antigua Roma. Además era diferente del obrero o faber –el artesano productor— y del trabajador u operarius: el que laboraba en algo. Más cercano al personaje del siervo –que propone Hegel en "La dialéctica del amo y del esclavo" (en: Fenomenología del espíritu) —, quien dio paso al proletario como un nuevo actor político y con sus características sui generis se extiende a la contemporaneidad.

Los motivos expuestos en el Manifiesto tienen por objeto influir para terminar con la explotación y la historia de la propiedad privada, causante de la enajenación o la alienación del trabajador. La enajenación consiste en una expresión jurídica del latín alienus, ajeno, perteneciente a otro (alien), que se emplea en la compra-venta. También se menciona la alienación en el sentido sicopatológico como sinónimo de demencia o pérdida del juicio, de tal manera como enajenado se señala a un enfermo mental con la mente escindida. En filosofía atañe a las palabras alemanas Entfremdung, Veräusserung y Entäusserung, para significar "extrañación, distanciamiento y exteriorización"; por demás denota una extrañeza del sujeto en relación a sí mismo. El entendimiento filosófico de enajenación lo idearon Hegel, Feuerbach y Marx. Si bien, en la filosofía del siglo XVIII esta palabra, desarrollado por Rousseau, describe a un ser humano subordinado a otro u otros. Hegel explica la alienación en su Fenomenología del Espíritu.

Para Marx la raíz de la alienación radica en la situación real, económica y social, del proceso de producción, a consecuencia de la actividad productiva en condiciones históricas precisas del trabajo y bajo determinadas relaciones de producción; establecidas entre los dueños de los medios de producción y los que sólo poseen su fuerza de trabajo (los obreros). En Marx la alienación presume una escisión (Zersetzung) [en Manuscritos económico-filosóficos o Manuscritos de París (1844)]. En dicha obra Marx analiza la enajenación y señala lo indispensable de evolucionar hacia la sociedad comunista, pues, ella mantiene en sí misma la conquista civilizatoria, sensible y cultural de la historia de la humanidad. "El comunismo es la posición de negación de la negación y, por tanto, el momento necesario de la emancipación y la recuperación humana. El comunismo es la forma necesaria y el principio energético del inmediato futuro, pero el comunismo no es, en cuanto tal, la meta del desarrollo humano, la forma de la sociedad humana". Al punto que tomó de Hegel (en Ciencia de la lógica) la idea de Aufhebung o superación, comprendida como el proceso dialéctico de la negación de la negación acorde a Hegel: "significa tanto la idea de conservar, mantener, como, al mismo tiempo, la de hacer cesar, poner fin".

A la fecha de publicar el Manifiesto, Marx y Engels ya habían expuesto el plan de las tesis principales del Materialismo histórico en La sagrada familia y en La ideología alemana (1845). El Materialismo histórico de Marx y Engels se identifica como una idea sobre el avance de la historia y de la sociedad en paralelo a la realidad económica. Radica en la aplicación del Materialismo dialéctico al estudio de la existencia social y su historia. La frase con anterioridad la definió Saint-Simon. Aunque a Marx y Engels se debe su vínculo teórico y sistemático, en principio en sus libros La ideología alemana (1845) y El capital. Contribución a crítica de la economía política (1859). "Mi método dialéctico, no sólo difiere fundamentalmente del de Hegel, sino que le es directamente opuesto. Para Hegel, el proceso mental, del que llega hasta hacer un sujeto independiente bajo el nombre de idea, es el demiurgo de la realidad, la cual sólo es su manifestación externa. Para mí, a la inversa, lo ideal no es más que lo material, transpuesto e interpretado en la cabeza del hombre" [El capital. Prefacio de la 2ª ed.]. Luego Engels alega en Dialéctica de la naturaleza (1925): "Las leyes de la dialéctica se abstraen, por tanto, de la historia de la naturaleza y de la historia de la sociedad humana. Dichas leyes no son, en efecto, otra que las leyes más generales de estas fases de desarrollo histórico y del mismo pensamiento. Y se reducen, en lo fundamental, tres:

- ley del trueque de la cantidad en cualidad, y viceversa

- ley de la penetración de los contrarios;

- ley de la negación de la negación".

El hombre constituye un ser histórico que se autoconstruye y soluciona sus necesidades en el entorno. Tal correspondencia con la realidad lo convierte en una acción que la transforma mediante el trabajo, a ello lo denomina praxis [en La ideología alemana y en Antí-Duhring]. En este último libro afirman que: "La concepción materialista de la historia parte del principio de que la producción y, junto con ella, el intercambio de sus productos constituyen la base de todo el orden social; que en toda sociedad que se presenta en la historia la distribución de los productos y, con ella, la articulación social en clases o estamentos, se orienta por lo que se produce y por cómo se produce, así como por el modo cómo se intercambia lo producido. Según esto, las causas últimas de todas las modificaciones sociales y las subversiones políticas no deben buscarse en las cabezas de los hombres, en su creciente comprensión de la verdad y la justicia eternas, sino en las transformaciones de los modos de producción y de intercambio; no hay que buscarlas en la filosofía, sino en la economía de las épocas de que se trate".

De la misma forma redactan que: "El comunismo se distingue de todos los movimientos anteriores en que echa por tierra la base de todas las relaciones de producción y de intercambio" [en La ideología alemana]. Además sugieren que en la historia hay cinco tipos básicos de modelos económicos o "relaciones de producción": comunismo primitivo, esclavitud, feudalismo, capitalismo y socialismo.

Es evidente en Marx la fractura de su previo recorrido hegeliano. Lo que demuestra el reconocimiento entre el joven Marx (aún bajo el influjo de la filosofía clásica alemana, idealista, metafísica y humanista) y el maduro Marx que con postulados definidos rompe con su pasado de idealista hegeliano; mientras asume la investigación científica de la sociedad mediante el Materialismo dialéctico. A ese giro ciertos pensadores marxistas estructuralistas lo definen –p. ej. Althusser— como una "ruptura epistemológica" de la concepción idealista de Marx. Para Bachelard (en Epistemología), de manera general, la noción de fractura significa la discontinuidad en la evolución del conocimiento, puesto que el salto se produce al pasar del conocimiento ingenuo y ordinario al conocimiento objetivo y científico; y se debe concebir al modo de una construcción racional del objeto.

En el caso de Althusser, él manifiesta que la "ruptura epistemológica" conduce a tener por ideológico a un marxismo humanista. Pero ello no implica desechar la función de la ideología en la sociedad, que no es una "falsa conciencia", como fundamenta Marx, sino que forma parte de la sociedad y de la práctica social. Si bien, según Althusser, el cristianismo primitivo es un ejemplo de ideología. En el análisis marxista científico, la ideología de la sociedad burguesa establece el aparato ideológico que usa el Estado (distinto al aparato represivo) para reproducir las relaciones de producción y la articulación social que resulta de ellas. Contrario a la ciencia que no tiene sujeto, la ideología está por y para los sujetos [Sobre la ideología y el Estado, en Escritos]. Con todo, Ludovico Silva en abierta oposición se planta frente a Althusser para desagraviar la obra del joven Marx y demostrar que no hay ninguna diferenciación con el viejo Marx [en El estilo literario de Marx]. Como un arquetipo excepcional fue fiel a su sueño juvenil de la liberación del trabajador, pues luchó toda su vida y por ello es indispensable: diría Bertolt Brecht. Constituye el caso contrario de quienes traicionaron sus sueños revolucionarios para convertirse en parte de lo que adversaron en su juventud. Cabe aquí la pesimista expresión de Rómulo Gallegos: "el comunismo es el sarampión de la juventud".

En cuanto al Materialismo dialéctico, a modo de recapitulación, admite la hipótesis del materialismo de que sólo existe la materia y el movimiento, por ende abrevia el método dialéctico de investigar la naturaleza a través de la interpretación teórica del materialismo. Según Marx [en El Capital. Crítica de la economía política] y Engels, a las transformaciones de la materia las descifra la dialéctica con un significado inverso al de Hegel. Sin embargo, éste pensador planteó las líneas maestras de la dialéctica. Entretanto Marx y Engels toman de la dialéctica de Hegel su "médula racional", y prescinden de la envoltura metafísica-idealista, para perfeccionarla y darle un procedimiento científico.

Marx, en Miseria de la filosofía (1847), refuta las propuestas de Proudhon en su Filosofía de la miseria: un pensador representante del socialismo anarquista francés que cuestiona algunas tesis comunistas. En aquél libro Marx revela la teoría económica del valor-trabajo que él venía reflexionando en otros ensayos breves. En este rumbo resulta valorable aclarar la confusión que en ocasiones se produce respecto a los términos marxismo y comunismo, así como entre izquierda y comunismo, que no aluden a lo mismo y son concepciones diversas; o decir Marx y enredarlo como si indicara algo equivalente a el marxismo o el socialismo científico. El marxismo a manera de disciplina organiza un método de análisis económico y político del capitalismo y sus variables en cuanto objeto de estudio enfocado por Marx, quien declaró en un congreso socialista en París que él no era marxista en el sentido dogmático.

El comunismo tiene antecedentes históricos, en cuanto a modelo de producción económica –como el comunismo primitivo— hacia la "comunización" de la propiedad social de los medios de producción: la base de las relaciones de producción comunista o la comuna. El trabajo "en común" –en comunidad—, que atañe a trabajar organizado en equipo para protegerse del hambre, del peligro y de la contingencia, para no sucumbir en un medio hostil, condujo a "la propiedad comunal" de los instrumentos de producción y de los productos. Incluso no aparecía aún la propiedad privada, de la tierra y de otros bienes –que el comunismo promete anular—, sobre los medios de producción, pero el individuo sí tenía la propiedad personal de las herramientas de trabajo y de defensa contra las bestias y eventualidades de la naturaleza.

En ese periodo no había explotación ni clases sociales que lucharan por el control del poder político y el poder económico de los medios de producción. No obstante, pese a la evolución de diversos arquetipos históricos de las relaciones de producción, el problema se sitúa fuera de "los abstractos recintos de la ideología y se traslada a las trincheras de la práctica política, que en el caso del marxismo, están situadas en terrenos comunistas". En tal sentido reflexiona Walter Montenegro [en Introducción a las doctrinas político económicas, Marxismo] que el comunismo estriba en un propósito que divide "al mundo –intelectual y geográfico— sobre el que se proyecta la inmensa sombra del pensamiento de Marx".

La esencia del sistema comunista radica en: a) la pertenencia social o "común", no individual, de los instrumentos de producción, de hecho, rechaza la tenencia privada de ellos; y b) la insurrección de la clase empobrecida contra la propietaria de los medios de producción. Por consiguiente los historiadores, en ciertos casos por medio de razones objetivas y no tanto en otros, se incorporan como detractores del comunismo o señalan precedentes históricos en doctrinas y acontecimientos. Éstos incorporan tácticas revolucionarias frente al orden establecido por una organización de clase –"clasista"— dominante, la burguesía, contraria a los intereses del colectivo desposeído en el orden político, económico, social, militar, ideológico y cultural.

En la historia mencionan a Licurgo (Esparta, s. IX antes de esta era) como un antecesor del comunismo debido a su actitud de gobernar. Legisló contra la acumulación de riquezas por la minoría oligárquica que desmejoraba al pueblo. Al punto que reemplazó las monedas de oro por otras de hierro, pesadas y voluminosas, para evitar el acaparamiento. Más tarde en el mismo lugar el rey Agis IV, disgustado por las arbitrariedades de la oligarquía, intentó restituir la rigurosa y justa legislación de Licurgo mediante la redistribución ejemplar de sus propios bienes y los de su madre. Encontró resistencia y depuesto del trono fue encarcelado por la oligarquía. Se rehusó a prescindir de su programa de reforma agraria –como requisito para seguir con vida— y lo ahorcaron junto a su madre. Por equitativo alcanzó la categoría del "primer mártir" de la causa comunista, pues intentó actuar con justicia social en beneficio de la mayoría de los súbditos empobrecidos.

Por otro lado, en la República y en las Leyes, Platón sugiere la "comunización" de los bienes –incluso de las mujeres—. Ya que de trasfondo en el programa del Estado helenista estaba la pugna espiritual entre el individualismo y el futuro humanismo, concerniente a la idiosincrasia del ser político. Un ideal relevante desde la edad heroica de Homero hasta Platón y su propuesta del Estado regido por el filósofo rey o el pensador gobernante, quien debía planificar y administrar con objetividad y estrategia en virtud de su larga experiencia en formación política; además de militar, con estudios y de investigación durante cincuenta años, es decir, un sabio gobernante. De tal modo los individuos y la comunidad social emprenderían su última contienda en el ámbito de la filosofía, según refiere Jaeger en Paideia: los ideales de la cultura griega, Libro primero.

En Roma (año 187 antes de esta era) siete mil esclavos fueron sacrificados por rebelión al reclamar igualdad y libertad. Y de la misma manera perecieron veinte mil en Sicilia. Más tarde el ajusticiamiento de seis mil esclavos a causa de la insurrección de Espartaco y su gente. Todo ello en el contexto de trágicas luchas sociales. Al igual se reseña a Jesús el Cristo, "el ungido", el que nació en Palestina, como anunciador del comunismo conforme a su doctrina igualitaria –"ama al prójimo como a ti mismo"— y el desprendimiento de las riquezas materiales. Concepciones reveladoras que hace el Socialismo cristiano relativas al Jesús revolucionario, frente al Imperio romano y las élites religiosas del judaísmo, el hombre ético y concreto de músculo y osamenta; no el semidios de la leyenda mitológica de infiltración y factura griega, en conflicto contra la realidad social y política donde existió muriendo.

En analogía con el Socialismo cristiano, en el Antiguo y el Nuevo testamento predominan sentencias de justicia social que evocan el discurso político de la actualidad. Además tales escritos manifiestan la supuesta dificultad que la opulencia causa en la ruta del espíritu hacia la bienaventuranza. El Libro de los Salmos, proclama: "Haga justicia a los oprimidos del pueblo (…) Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso y defenderá la vida de los pobres" (72. 1, 2, 4, 13). Y en los Evangelios: "No podéis servir a Dios y a las riquezas (Mateo, 6: 24) (…) Es más fácil a un camello pasar por el hondón de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios" (Marcos, 10: 23 y 25). La rebelión del cristianismo ante los césares de Roma incluye rasgos comparables a las del comunismo actual frente al capitalismo. El alegato utilizado –la defensa del "orden social" desafiado por una creencia "subversiva" y "enemiga del Estado" romano— confirma la semejanza, advierte Montenegro.

A este tenor el influjo del comunismo en la Teología de la liberación y su "opción por los pobres" en el tejido ideológico de la Iglesia católica, como justificación de la lucha de clases en América Latina. Aunque la ética del cristianismo (inspirada por la resignación, el estoicismo y la humildad) es conveniente a su orientación dogmática, individual y personalista, contraria a la pretensión y la fórmula revolucionaria del comunismo. Éste se sustenta en la técnica del Materialismo dialéctico (marxismo) para transformar de forma científica –planificada— la realidad histórica y socioeconómica del trabajador. En oposición al enfoque idealista del cristianismo y su esperanzador método metafísico, que afronta lo real mediante la creencia y la fe en el Paraíso después de la muerte. Si bien, entre los Padres de la Iglesia hay referentes teóricos del comunismo, de ellos, Justiniano glorificaba la comunidad absoluta de pertenencias; Tertuliano entendía la justicia como la participación de los varones en las riquezas de la Creación, aunque exceptuaba a las mujeres; y, según Juan Crisóstomo es improbable hacerse rico siendo honesto. A fines de la época feudal y principios de la modernidad, incontables revueltas de campesinos y aldeanos, en Inglaterra y Francia, justificaba la insatisfacción del pueblo que reclamaba respuesta a la inestabilidad socioeconómica.

En el siglo XIX los utopistas criticaron la propiedad privada y el orden social, desde luego, se notaba la secuela del inmanejable avance del capitalismo individualista. Utopismo se llama a la teoría, social o política, inspirada por la utopía como un modelo de sociedad que aunque imposible es realizable y de igual forma constituye una crítica a la situación existente. Utopía, de οὐ (no) τόπος (lugar): sin lugar, en ninguna parte. Ésta palabra hace juego con eutopía o lugar feliz, que fue introducida en 1516 por Tomás Moro, en Utopía [su título original es: "Libellus vere aureus nec minus salutaris quam festivus de optimo reipublicae statu deque nova insula Utopia" ("Pequeño libre, aunque áureo y no menos festivo, sobre el mejor estado de la república y de la nueva isla de Utopía").], para definir un paradigma de Estado ideal sin propiedad privada y con tolerancia religiosa. Tal organización social y política no la hay. Por consiguiente utopía significa todo arquetipo como horizonte aún no conseguido, al que se tiende y guía las acciones apropiadas para alcanzarlo.

En la historia de las teorías políticas se considera la República de Platón como la primera utopía. Afirma el filósofo (al final del cap. IX) de la ciudad ideal que él desea fundar: "no creo que tenga asiento en lugar alguno de la tierra". De allí quizá Moro se inspiró para crear el neologismo de Utopía. De esta suerte en el Renacimiento comenzó la tradición utópica con la Utopía de Moro. Así sobresalen en el género utópico: La ciudad del sol de Tomás Campanella y la Nueva Atlantis de Francis Bacon. Después el Viaje a Icaria de Cabet; Erewhon de Samuel Butler; Noticias de ninguna parte de W. Morris, entre otros libros. Estos ejemplos utópicos, diferentes entre sí, como crítica social y modelo futurista en ocasiones han sido obras de motivación revolucionaria. Desde la revolución francesa las utopías asumen la forma de manifiestos y son causantes de movimientos sociales. El término utopía también tiene indicación despectiva como sinónimo de lo imposible de transformar la realidad.

Marx y Engels calificaron de utópico el socialismo de Saint-Simon, de Owen y de Fourier. Ya que no partían del estudio real de las condiciones materiales y económicas de la sociedad, sino que pensaban cambiar la sociedad mediante reformas en la educación; lo que suponen llevaría a la felicidad y la justicia. Si la hipotética sociedad futura no se cimenta en una crítica real y radical, la desacreditaban Marx y Engels como una utopía en sentido peyorativo. Frente al Socialismo utópico oponían el Socialismo científico: Engels publicó Del socialismo utópico al socialismo científico en 1886. Aunque desde puntos de vista no marxistas se especula que el marxismo al igual se considera una forma de utopía. No obstante, ni Marx ni Engels describieron la futura sociedad comunista ya que tal concepción no posee rigor científico. Por ello K. Mannheim compara entre ideología y utopía, aplicando el análisis marxista al marxismo, las acusa de conceptos ideológicos [en Ideología y utopía].

El subyacente móvil revolucionario demandaba estructuras de comunicación y vías prácticas para su consolidación. De tal forma en la Revolución Industrial operaron cinco factores inéditos en la evolución del hecho socioeconómico: (1) la división del trabajo creada por novedosas herramientas de producción (máquinas, fábricas); (2) la burguesía desplazó a la nobleza de sangre (la aristocracia); (3) el proletariado manejaba la nueva tecnología que en teoría podía devorarlo, entonces "se convierte en simple apéndice de la máquina" –lo aseguran Marx y Engels en el Manifiesto—, y al mismo tiempo trabajaba en beneficio de la burguesía; (4) por un salario; (5) y el capital que generaba por su laboriosidad, junto a las utilidades producidas, se utilizaba para comprar más maquinaria y aumentar el ritmo de la explotación del trabajo humano.

Todo ello activó la angustia y aceleró los acontecimientos políticos sociales registrados en la historia. Fue así que la "Liga Comunista" de Alemania, antes llamada "Liga de los Justos y Liga de los Comunes", encargó a los jóvenes filósofos Karl Marx y Friedrich Engels la redacción de un documento. Texto que sería la síntesis de los preceptos del pensamiento comunista y la determinación de sus principios para desarrollarlos en la praxis política. El resultado de esa tarea fue el Manifiesto Comunista publicado en 1848. Desde ese momento, y a través de numerosas interpretaciones hechas a la obra, se formaliza el programa matriz del movimiento comunista en el mundo y, al mismo tiempo, funge como un instrumento de análisis del sistema capitalista en sus variables y correlatos.

 

arjevach@gmail.com



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