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Bodegones, miseria, y dolarización: ¡El carato revolucionario!

"Si fuera la patria como una madre cariñosa que da abrigo y sustento a sus hijos, si se les diera tierras y herramientas para sembrar, nadie abandonaría su patria para ir a mendigar el pan a otros países en donde se les desprecia y se les humilla". Librado River.

No hay manera de prepararse para salir de la crisis económica que azota a Venezuela. Las actividades productivas están detenidas, la agricultura paralizada, todos los servicios públicos están deteriorados.

Si esto persiste así, Venezuela va para mal. Tampoco hay noticias del gasoil, semillas, y los fertilizantes para la agricultura. El ciclo de invierno ya comenzó, y no se está sembrando absolutamente nada, dicen los productores agropecuarios.

Existe una carencia absoluta de combustible en todo el país. Un país en manos de ZODIS, y REDIS, que no les paran a gobernadores y alcaldes, la revolución económicamente está ida a tierra, con un cortocircuito interno con esta peste militar, que no permite solucionar el problema.

Ya es cansón el discurso estupidizante de las sanciones, porque se abren bodegones, y los alacranes en campaña electoral para la regionales 2021, les pasan el güevo por la nariz al pueblo, con el derroche de dinero mal habido, comprando conciencias, cuando los visitan en sus camionetas ultimo modelo de alta gama, como los vio el empobrecido ciudadano del Sur del Estado Anzoátegui este fin de semana del 19 al 23 de mayo 2021, pero para vacunar a la población, y la salud no hay dinero.

Vivimos una revolución al revés, que se la vacilan los ricos. La liberación de los aranceles para la importación trajo camionetas de alta gama, y bodegones gourmet a toda Venezuela; sin embargo, la inmensa mayoría de venezolanos padece privaciones de todo tipo.

A nadie se le ocurre venir hacer turismo en Venezuela en el que se pasa varios días sin luz, sin agua, y para pagar es un peo. Las valijas que vienen del exterior traen medicamentos, para familiares, y amigos con tratamientos que exigen una regularidad, que aquí no se puede asegurar. Hay que andar los que pueden con dólares en efectivo. Los bolívares se los tragó la inflación.

En Venezuela se amanece pensando en la estrategia que hay que seguir para realizar las actividades diarias. La gasolina se paga en dólares, y el que no tiene dólares tiene que mamarse una cola de tres días. Para el gas domestico es casi igual; en los lugares donde se compran las bombonas. Otra cosa son los alimentos; allí hay que tener dólares.

No existe lugar en la Venezuela en ruinas, en supermercados, y mercados populares, en donde la moneda para comprar, no sea la que tiene impreso los rostros de Abraham Lincoln, George Washington o Benjamín Franklin. Resulta sorprendente ver a la gente pagando con esos « odiados verdes» que tanto han satanizado los jerarcas de la nomenklatura. El bolívar, la moneda oficial desapareció. Quienes no tienen dólares pueden pagar con tarjeta de débito, donde los pagos al cambio de página, son sobrepasados por la hiperinflación, o realizar pago móvil, siempre y cuando haya Internet. Hasta los buhoneros dan el número de su cuenta a fin de que se les haga el pago correspondiente.

Existe una especie de cansancio tácito para intentar llevar una vida lo más cercana a la normalidad. Se percibe el agotamiento ante tanta corrupción opositora, especialmente la llevada a cabo por los alacranes, cuando se pasó de la euforia por un cambio político, que nunca llegó, a sobrevivir durante días, sin luz ni agua. El deseo es sobrevivir, aunque el costo sea morir lentamente.

El alto costo de los alimentos contrasta con la proliferación de los llamados bodegones, en donde todo es importado. Allí se consiguen cereales, pastas, quesos, fiambres, y todo lo que un boliburgues puede desear en su despensa. El problema para el pobre asalariado son los precios, marcados en dólares, y en montos mucho más altos que el promedio internacional. Pero eso parece no importarles a los llamados enchufados que; van con los bolsillos llenos de $, y salen con sus compras. Duele, en un país en el que 85% de las familias se enfrentan a la inseguridad alimentaria y en el cual, uno de cada tres venezolanos padece hambre.

Hay quienes convierten este dolor en desgracia. La falta de alimentación era la causa principal de la deserción escolar antes del coronavirus. Llevan dos años los niños y jóvenes venezolanos sin clases presenciales. Se habla de un 30% de niños con desnutrición crónica, lo que representa un problema de desarrollo, para toda una generación dejada en el abandono.

La liberación total de aranceles para la importación es quizás la causa de ver cierta sensación de bienestar que antes no se percibía en las clases de los enchufados. Cuando se ven autos de alta gama circulando. Es la manera que el gobierno bolivariano encontró para suplir el déficit de producción en el cual hundió a la industria nacional. Sin embargo, estos productos son solo asequibles para el 2% de la población, algo paradójico para una revolución que prometió mejorar la vida a quienes más lo necesitaban. Hoy se calcula que unos 6,5 millones de venezolanos se han ido del país por la falta de oportunidades; una de las mayores crisis migratorias de América Latina. Existiendo otro proceso migratorio: como el interno. Cuando se ve gente de otras ciudades mudándose a Caracas. No soportan los racionamientos criminales de luz, agua, y gasolina en las provincias.

No quiero morir en la Venezuela, de aquellos que decidieron acomodarse al lado del poder para llenar sus cuentas con algo de más de los presuntos billones de dólares que un ex funcionario como Giordani catalogó como «extraviados». Tampoco en la Venezuela de la tortura, la persecución, y los centenares de presos políticos; ni donde la salud sea solo privilegio de muy pocos corruptos, mientras mueren recién nacidos, pacientes con covid-19, o cualquiera que con la asistencia médico hospitalaria adecuada seguiría con vida. Espero este año 2021 un reacomodo de las fuerzas políticas opositoras, y disidentes, en una unidad afectiva, y efectiva, dentro y fuera de Venezuela, para que sigan luchando pese a todas las traiciones, gente valiente que no se rinda, y que siga con la esperanza de ver a Venezuela libre de esta tragedia del siglo XXI.



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Edgar Perdomo Arzola

Analista de políticas públicas.

 Percasita11@yahoo.es      @percasita

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