2021: ¡Resurgimiento!

La breve experiencia neofascista, vivida por el pueblo estadounidense, permitió a la humanidad revivir los tiempos de Adolf Hitler y darse un corto tiempo para valorar sus experiencias democráticas y revalorarlas. Donald Trump, no solo se permitió revivir la crueldad hitleriana contra judíos y comunistas; en su caso, la crueldad contra los pueblos venezolanos, cubanos e iraníes, a quienes tildó de comunistas, y sobre ellos descargó y amplió, todo el radio de su acción criminal alcanzando al mismo pueblo estadounidense, su población afroestadounidense y migrante. Sus campos de exterminio, los concentró en el propio territorio de los EEUU, en celdas donde encarceló a niños y niñas, procedentes de la frontera sur. Trump, superó -con creces- la crueldad hitleriana y la humanidad debe valorarlo como el ser humano más despreciable de los nuevos tiempos, muy por encima de Barack Obama, el señor de la guerra del siglo XXI. Sus cuatro años, al frente de la conserjería del imperio, debemos valorarlos como los años del mayor retroceso histórico de los EEUU. Se han ratificado, las premisas previstas en el pronóstico del investigador social de del departamento de ecología de la Universidad de Connecticut, Peter Valentinovich Turchin, formulados en 2010 a la revista Nature: «La próxima década será seguramente un periodo de inestabilidad creciente en Estados Unidos y Europa occidental, lo que podría socavar el tipo de progresos científicos que ustedes describen en (…) «2020 visions»». En otro artículo, publicado en su blog, precisa aún más en su diagnóstico: «El Covid-19 es un shock externo. Su impacto a largo plazo depende principalmente de la resistencia social de los sistemas a los que afecta. Como sabemos, la capacidad de recuperación social de los EEUU ha disminuido en las últimas cuatro décadas. Para 2019, se han desarrollado una serie de fallas que polarizan nuestra sociedad. Dos de estas fallas, la que está entre los pobres y los ricos, y la que está entre las costas liberales y el centro del país conservador, se han profundizado por el shock del coronavirus. Para los Estados Unidos, mi pronóstico es bastante sombrío... La desigualdad aumentará, la confianza en el gobierno disminuirá aún más, aumentará el descontento social y el conflicto dentro de la élite. Básicamente, todas las tendencias demográficas y estructurales negativas se acelerarán…». Obviamente, dependerá de la lectura que pueda haberle dado, Joe Biden, a su victoria que tal pronóstico catastrófico pueda alcanzar sus remedios o se profundicen sus heridas, que ya arrastraba consigo el régimen imperialista, y que Trump ahondó y profundizó. Lo cierto es, que el Sistema Mundo, en 2020, cambió sustancialmente; y si bien, es temprano para definir el rumbo que orientará al Nuevo Mundo, lo concreto es que el Covid19 y la experiencia neofascista que enarboló Donald Trump, dejan al mundo tan solo la posibilidad de desechar sus malas experiencias y eso lo expresa –acertadamente- el Presidente Nicolás Maduro, en su análisis: «Yo creo que estamos asistiendo a un segundo ciclo de agotamiento del modelo neoliberal destructivo y hay un cuestionamiento en el mundo del capitalismo neoliberal y de sus efectos destructivos en los derechos sociales de la gente, en el empleo, en las pensiones, en la educación pública, en la salud pública. Es un cuestionamiento global, en Europa, Francia y toda Europa…» (Entrevista a Ignacio Ramonet, 03-01-2021). Sobre lo que se avecina en la región, precisa el Presidente Maduro en dicha entrevista: «Te digo que es un segundo ciclo, porque el primer ciclo lo vivimos en la década de los 90, a finales de 1990 y dio como resultado en América Latina y el Caribe, el surgimiento de una corriente progresista, revolucionaria que gobernó casi todos los países del continente, encabezada por el comandante Hugo Chávez, por Lula Da Silva, por Néstor Kirchner, entre otros, por Tabaré, por Correa, Daniel Ortega, por Fidel, por Raúl. Una corriente, una ola progresista, que fue la respuesta alternativa al agotamiento del primer ciclo que pudiéramos denominarlo así, del neoliberalismo. Ahora estamos en una segunda etapa de agotamiento… El neoliberalismo, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, no tienen respuestas ni para la inversión social, ni para el desarrollo de los pueblos, ni para el cambio climático, se agotaron, tiene que venir un nuevo modelo y ese modelo está marcado por una gran conciencia humanista, colectivista y yo diría, socialista del siglo XXI…». Optimismo que, sin dudas, compartimos con el hermano presidente venezolano y es lo que causa preocupación en las élites imperialistas y seguramente, será fuente de los dolores de cabeza que ya deben estar aquejando al «comunista» del Biden. Cómo frenar esta nueva ola de progresismo que viene con mucha fuerza, tanta, que ponemos en duda, que el narcotráfico siga dirigiendo al Estado colombiano en los años que están por transitar el Sistema Mundo.

El Sistema Mundo, está en una etapa de prerreseteo, aún no se recupera de la conmoción en que lo dejó Covid19. Tan solo, China, ha sabido interpretar –acertadamente- la crisis pandémica y se ha convertido en la única nación del planeta que creció económicamente en 2020, así lo ha reconocido el propio FMI, con una expansión estimada del 1,9 % a la que se sumará un crecimiento del 8,2 % en 2021, según señaló en su informe: Perspectivas Económicas Globales. Mientras, que para EEUU y Europa, todas las previsiones son pesimistas. EEUU, con un -4,3%; España, con una contracción de -12,8%, Italia con -10,6%, Alemania -6%, confirman lo pronosticado por Turchin, sobre la presente década en transición y por el Presidente Maduro, sobre el agotamiento y fin de vigencia del modelo capitalista, en su vertiente neoliberal. Crisis, que arrastrará tras de sí a todos aquellos modelos que copiaron su vigencia y que, como es de todas y todos conocidos, terminaron el 2019, inflamados por procesos de luchas de clases y rebeliones populares, que solo se aquietaron gracias a Covid19. Chile, Colombia, Perú, Ecuador, Brasil, Paraguay, Uruguay, Panamá, Costa Rica, Guatemala y Honduras, son pueblos que apenas se los permita Covid19, retomaran el sendero de la lucha de resistencia antineoliberal, antiimperialista, será solo cuestión de tiempo en 2021.

Venezuela, recibe al 2021 como zona de paz, como uno de los pocos países del hemisferio que goza de mayor estabilidad política. Después de haber derrotado las tentativas imperialistas y, en concreto, las amenazas neofascistas de la Administración Trump, se proyecta sobre los pueblos del hemisferio como un ejemplo de dignidad y de lucha antiimperialista. Con un mensaje claro y contundente: no hay que temerle al imperialismo, lo hemos derrotado en su propio terreno. Tal mensaje, no era enviado al gran hegemón hacía ya mucho tiempo, desde que el pueblo vietnamita lo hiciera huir de Saigón en abril de 1975. En aquellos momentos dramáticos, en que Nixon mostraba síntomas de inestabilidad mental, y estaba fuera de control. La élite imperialista, tuvo que crear un golpe de Estado legal para sacarlo del gobierno en agosto de 1974, utilizando el escándalo Watergate. La burguesía de EEUU, buscó una fórmula para reducir sus pérdidas en Vietnam, al final, tuvieron que retirarse ante la obstinada resistencia y empecinada voluntad del pueblo vietnamita de echarlos de sus territorios. «La forma en la que se fueron los norteamericanos en sí misma era un espectáculo. Hacía tiempo que no se veían en Vietnam tantos helicópteros, alejándose a tal velocidad, y los Phantoms sobrevolando nuestras cabezas. Un humo rojo y naranja salía vertiginosamente de la embajada estadounidense y en otros puntos de reunión del personal norteamericano» (The Guardian). En medio de escenas indescriptibles de pánico, los vietnamitas que habían colaborado con las fuerzas imperialistas y el viejo régimen, luchaban por intentar refugiarse en la embajada de EEUU. Después de 28 años de guerra, el imperialismo de EEUU, finalmente, tuvo que abandonar Vietnam en las circunstancias más humillantes. La caída de Saigón, marcó el final oficial de la guerra. Después de gastar 150 mil millones de dólares, la pérdida de 50 mil vidas estadounidenses, EEUU, había sido derrotado por un pequeño país asiático de campesinos pobres. El ejército más poderoso, tuvo que huir de Vietnam con el rabo entre las piernas.

46 años después, otro pequeño pero también poderoso país, Venezuela, derrota a los imperialismos de EEUU y Europa, más un grupito de gobiernos colonias de EEUU, después de una intensa guerra no convencional, que durante cinco años consecutivos se mantuvo en alta intensidad; guerra, que ahora llega a su fin con la derrota del liderazgo neofascista en EEUU, que propugnó Donald Trump, como modelo a seguir por Europa y sus colonias del sur. Con la instalación de la nueva Asamblea Nacional de Venezuela, cesa la usurpación y finaliza esa nueva modalidad de intento de someter países, designándoles sus gobernantes desde la propia metrópolis imperial en Washington D.C. Una gran derrota alcanzada con la herramientas de la Democracia Bolivariana: mucho Diálogo, más inclusión y más Democracia, he allí el método iniciado por Chávez y desarrollado por el Presidente Maduro para derrotar las nuevas modalidades de guerra imperialista de los tiempos modernos.

2021, se presenta ante Venezuela como un año de resurgimiento, de renacimiento y florecimiento de nuevos valores revolucionarios. A contracorriente por donde irá la región, a Venezuela se le abren los caminos de la prosperidad y la bonanza, enunciados por el propio Presidente Maduro en términos bien alentadores: «Estamos a las puertas del crecimiento económico», ha sentenciado. Recuperar la economía, su control por parte del Estado Bolivariano, reinstitucionalizarlo, integrando en ello a todos los poderes como un solo cuerpo será fundamental y la Ley Antibloqueo para el Desarrollo Nacional y la Garantía de los Derechos Humanos, jugará un rol estelar para el logro de tal objetivo. Un nuevo ciclo de resurgimiento, se prestará a reimpulsar la Revolución Bolivariana con toda una pléyade de nuevos líderes jóvenes, curtidos en la guerra antiimperialista de los tiempos modernos, y viejos cuadros políticos bolivarianos probados en mil batallas, victoriosas todas.

«La Nueva Granada, ha visto sucumbir a Venezuela; por consiguiente, debe evitar los escollos que han destrozado a aquélla. A este efecto, presento como una medida indispensable... la reconquista de Caracas... » ¡Reconquistar Caracas! La frase sonaba a delirio. ¿No acaba de perderse la Primera República? ¿No estaba allí Monteverde, aureolado por el enorme prestigio de su victoria? ¿No era Bolívar, el símbolo palpable de la derrota? El hombre no sueña. No delira. Habla, con certeza victoriosa. Sí, retomar para la causa patriótica a la Caracas sitiada por las huestes realistas, situada a distancias siderales, mensurables en espacio y con ejércitos hostiles. Retomarla de las manos colonialistas, parecía cosa de locos. Y, Bolívar, lo hizo posible como doscientos años después, también el pueblo venezolano lo haría posible –de nuevo- al derrotar a los imperios más bárbaros y poderosos de su tiempo: los EEUU y Europa…



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Henry Escalante


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