El Arado y el Mar

La fosa oportunista

La ética, la conducta de los gobernantes, del estamento político, impregna a toda la sociedad, determina la calidad de un país. Sociedad y gobernantes, sociedad y políticos, constituyen un complejo característico de un tiempo histórico. Ese complejo señala el futuro del país. En Venezuela, en los últimos siete años se da un proceso de sustitución ética que es muy preocupante. Veamos.

El gobierno de Chávez intentó, y en buena medida lo consiguió, establecer una nueva ética, una nueva relación social basada en la fraternidad, el sentido de pertenencia a la sociedad. Así, los ensayos por organizar a la sociedad en un tejido que yendo desde lo capilar hasta lo nacional, de lo particular a lo universal, del consejo comunal, por ejemplo, hasta la Asamblea Nacional, o desde la comuna, por ejemplo, hasta la Asamblea Nacional, constituirían la verdadera forma de empoderamiento de las masas. De esta manera, se consolidaría una sociedad preparada para actuar como un cuerpo orgánico capaz de enfrentar los grandes retos que hoy se le plantean a la humanidad. Se derrotaba al egoísmo propio del capitalismo y se abría el camino a la relación fraterna.

Con la llegada del madurismo traidor, lo primero que se dinamitó fue la ética del Chavismo, se destruyó la mentalidad nacional, universal, de las organizaciones de base, que cada vez más se transformaron en unidades egoístas, preocupadas sólo de su mezquino entorno. El carnet de la Patria es la muestra institucional de esta intención de fraccionamiento, de la sustitución del sentido de pertenencia a la sociedad por el individualismo más extremo. Los "dakazos" fueron la campanada de salida a la gran carrera de la destrucción de la ética construida por el Chavismo.

El proceso de pulverización siguió durante estos años, y ahora sobre los escombros del Chavismo se intenta erigir la vieja fórmula de la democracia burguesa, instrumento político preferido del capitalismo. Las elecciones burguesas se presentan en su forma más burda, violando todas las reglas de la misma democracia burguesa: un cne a dedo, un tsj secuestrando partidos, un sistema judicial, una fiscalía abriendo camino a la morisqueta de las elecciones parlamentarias…

El gobierno, con el engaño de las elecciones, apuesta al oportunismo de una fracción social capaz de cualquier cosa por un curul, que le dé un barniz de legalidad al show. Los oportunistas no aguantan dos pedidas, ya se agolpan en las puertas de los hacedores de las listas de candidatos. El festín comenzó a andar, seguramente podrán mostrar un tinglado engañador: buen número de votantes, poca abstención, una mayoría aplastante de la fracción madurista, una minoría de adorno; para eso tienen poder mediático, tribunales, fiscalía, pueden crear cualquier falsa realidad.

Pero cuál es el precio de la patraña. El gobierno y el estamento político volcaron sobre el país toneladas de mentiras, de engaños, de triquiñuelas, de ventajismo, de aprovechamiento, de sálvese el que pueda, de agarre aunque sea fallo, de lo importante es el yo y los demás que arreen. Al final, tendremos una asamblea de imitación, y un país signado por el oportunismo, una sociedad en plena guerra de todos contra todos, en proceso franco de ser un archipiélago de podercitos focales, de millones de egoísmos; en resumen, una sociedad, un nopaís, incapaz de hacer frente a cualquier tarea conjunta, inerme frente a los ataques, incompetente para defender territorio o riqueza.

Es así, esas elecciones, o mejor, ese cavar la fosa oportunista marca un paso grande hacia el desplome del país.



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Toby Valderrama Antonio Aponte

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