Para ir más allá del socialismo real y del progresismo latinoamericano

El capitalismo como primer sistema económico de vocación planetaria que se dio la humanidad, ha tenido como atributo fundamental, la división internacional del trabajo, donde unos países disfrutan de todos los avances económicos, sociales políticos y culturales por ser poseedores de las grandes palancas de las fuerzas productivas; mientras otros países, fueron condenados a padecer la depredación de sus recursos naturales y de su mano de obra por los agentes del capitalismo más avanzado. Esta diferenciación entre países, donde unos ganan y otros pierden, obedece a las leyes draconianas de la acumulación de capital. La obtención de una tasa de ganancia en continuo aumento sólo es posible si se le garantiza al capital que se acumula en el centro del sistema, una periferia que le oferte materias primas y mano de obra barata, así como también, un mercado para absorber el excedente de la producción generado en los países centrales. Hasta el presente, la historia ha demostrado que son muy pocos los países de la periferia capitalista que han logrado romper este nudo gordiano de la división internacional del trabajo, abriéndose paso por los senderos del capitalismo. Países industrializados monopolizadores de la ciencia y la tecnología, frente a países exportadores de naturaleza, subdesarrollados y explotados, seguirá siendo la rutina de la economía mundial mientras exista el capitalismo.

La expansión del capitalismo desde el mundo noratlantico hacia la periferia del sur, se tradujo en los territorios colonizados de Asia África y Suramérica, en la implantación de relaciones de producción precapitalistas como la esclavitud y el trabajado servil en una primera instancia, para luego ser superadas por relaciones capitalistas de producción reclamadas por los intereses económicos metropolitanos del sistema. El precapitalismo periférico desde el siglo XVI hasta el siglo XIX, fue una creación del capitalismo noratlantico. En consecuencia, el capitalismo que surgió en la periferia, por pecado original, siempre será dependiente.

En la medida que el trabajo asalariado se abrió paso en la periferia del sistema y motivadas por los avances ideopoliticos de la clases obrera en su enfrentamiento con el capital, tanto en Europa como en Estado Unidos concretados en el surgimiento del marxismo, anarquismo, sindicalismo, etc. en América Latina, las clases trabajadoras, las clases medias y los embriones de burguesía nacional, comenzaron a soñar con un mundo capitalista instalado en sus linderos, replicador de todos los avances logrados por el capitalismo metropolitano. Desde los inicios del siglo XX veremos levantarse en Latinoamérica, movimientos políticos que esgrimieron como bandera fundamental, la reivindicación del trabajo y la defensa de los recursos naturales, como expediente para solventar la miseria económica de los desposeídos. Concretar semejante expediente político, llevó a esos movimientos políticos a enfrentarse con el capital metropolitano anidado en sus entrañas, y por consiguiente, sus luchas fueron nítidamente nacionalista y/o antiimperialistas. Hasta mediado de los años cincuenta de la pasada centuria, el antiimperialismo nuestro americano fue una expresión de conciencia nacional más que una expresión izquierdista. En el caso venezolano este fenómeno fue indiscutible.

La reivindicación de la fuerza del trabajo, la valorización a ultranza de los recursos naturales, la inclusión social de los desposeídos, la democratización del poder político y la independencia en las relaciones internacionales, más la edificación de un capitalismo con rostro humano, son las banderas que vamos a encontrar en la Revolución Mexicana, el Peronismo, El Sandinismo, La Revolución Cubana, el Allendismo en Chile y todos los gobiernos latinoamericanos que emergieron desde el comienzo del presente siglo, contraviniendo los intereses estratégicos de los países imperialistas. A toda esta reacción antiimperialista latinoamericana que busca romper las cadenas de la división internacional del trabajo, los analistas de nuestra realidad la han denominado PROGRESISMO LATINOAMERICANO, donde se incluye su expresión más radical conocida como Revolución Bolivariana encabezada por el Comandante Chávez, aun cuando este líder la adjetivó como "Socialismo del Siglo XXI". Debemos señalar que para otros estudiosos de la realidad social de América Latina, el llamado progresismo se inicia con el Comandante Chávez, expandiéndose por otros linderos con los gobiernos de Lula en Brasil, los Kirchner en Argentina, Lugo en Paraguay, Zelaya en Honduras, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador. Lo novedoso de esta emergencia progresista fue su sincronía en el tiempo, cuestión que no se había dado con los otros intentos progresista en este subcontinente. Sin embargo, consideramos que existe un cordón umbilical desde Emiliano Zapata hasta Hugo Chávez; de allí que sostengamos que el progresismo en estas regiones es de larga data.

Ahora bien, si resulta indudable que el progresismo ha significado gigantescos pasos de avances en la cuestión social latinoamericana, no es menos cierto que ha tenido un techo del cual se le ha hecho imposible avanzar, y los que es más peligroso aun, en algunos países va en franca regresión sepultado por el voto popular. En tal sentido, creemos lo mismo del llamado Socialismo Real que llegó a mejorar incuestionablemente la situación de la masa trabajadora, pero no pudo avanzar hacia la concreción de una sociedad de trabajadores libremente asociados, o sea, hacia el fin del trabajo asalariado. Después de sesenta años la experiencia soviética implosionó, sin que la clase obrera rusa derramara ni una lágrima en sus exequias. Esto demuestra que el socialismo real no era el socialismo de la clase trabajadora.

La caída del socialismo real y las regresiones que observamos en el progresismo latinoamericano, nos invita a la interpelación histórica de estas propuestas políticas, pues, observamos con preocupación, la intención de la burguesía transnacional de impulsar en este subcontinente, la dictadura plena del capital, o sea, los gobiernos de corte fascista, como recetario para subsumir con todas las ventaja a su favor, los recursos naturales y la mano de obra de estos países periféricos, a fin de solventar la caída de la tasa de ganancia del capital anidado en los países centrales.

Si el socialismo real no pudo deslastrase de las tijeras del capital y si el progresismo latinoamericano no pudo ir más allá de una caricatura de capitalismo con "rostro humano"; creemos que tal trágica eventualidad obedeció a que dichos proyectos, carecieron de un programa de investigación que categorizara al socialismo y diera a luz una teoría de la transición hacia esta nuevo modo de producción. Marx y Engels entendieron que el socialismo era un producto de ingeniera social y por consiguiente, matrimoniado a profundidad con un programa de investigación que develara las ruindades del capitalismo, pero que al mismo tiempo, alumbrador del camino hacia el socialismo. El viejo Marx no pudo avanzar más allá del primer tramo del programa de investigación que se trazó para alimentar teóricamente a la clase trabajadora. En otras palabras, la liquidación del régimen del capital y la edificación del socialismo, si no están ancladas en la ciencia, resultan proyectos de una fácil reversión capitalista. El socialismo real y el progresismo, resultaron experiencias muy pobres en la concreción de un programa de investigación que los llevara a suprimir las riendas del capital. El propio Fidel Castro conversando con Ignacio Ramonet le confesó su dificultad para definir el socialismo. Sin embargo, a partir de: las enseñanzas marxianas, Istvan Mezaros, Enrique Dussel, Michael Lobowitz, García Linera, Ludovico Silva, Jorge Veraza, Néstor Kohan y Franz Hinkelammert, entre otros, podemos aproximarnos a la visualización de los fundamentos que definirían la sustantividad del socialismo que a continuación indicaremos:

1.-Eliminacion de la división social del trabajo.

2.-Liquidacion de la propiedad privada de los medios de producción

3.-Elimincion de la distribución no-equivalencial del excedente económico

4.-Entronizacion de la democracia participativa y protagónica, o sea, el mandar obedeciendo

5.-Establecimiento de relaciones sociales basadas en la solidaridad humana y no en el interés egoísta individual

6.-Asumir la naturaleza como sujeto destinado a la preservación de la vida y no a como objeto para ser convertido en valor de cambio.

7.-Establecimiento del ser comunitario por encima del individualismo depredador.

8.-Encumbrar el principio de la preservación de la vida como ética fundamental de toda acción humana.

En atención a los fundamentos señalados, el llamado "socialismo real" estuvo bien lejos de lo que los teóricos precitados han definido una sociedad de productores libremente asociados, o sea, la concreción verdadera del socialismo. En este mismo orden de ideas, el progresismo latinoamericano si bien mejoró sustancialmente las condiciones de vida de las masas desposeídas, ni por asomo puede considerarse como una etapa de transición al socialismo. Por consiguiente, para alcanzar la deseada superación del régimen del capital, es necesaria la formación de cuadros políticos identificados plenamente con los fundamentos en comento. El no haber continuado el programa de investigación legado por el dúo Marx-Engels, explica en gran parte el empantanamiento del socialismo que implosionó y del llamado progresismo latinoamericano. El gran legado de la revolución bolivariana será dotar a los desposeídos de los cuadros que tomen el cielo por asalto. Chávez lo vio así cuando propuso la formación de cuadros, pero el entorno lo rodeó, constituido por políticos liberales, abortó tan estratégico plan. Ser chavista hoy es insistir en la culminación de esta obra inconclusa. El presidente Maduro tiene la palabra.


 



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Humberto Trompiz Vallés

Historiador y profesor universitario jubilado, especializado en historia petrolera de Venezuela.

 htrompizvalles@gmail.com      @trompizpetroleo

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