La revolución crea una oposición a su medida

La revolución no necesita declarar una dictadura, le basta con fabricar una oposición a su medida y así garantizar que el régimen de la felicidad socialista dure para siempre.

Sólo debe permitir una dosis suficiente de libertad, no muy pequeña porque violaría derechos humanos, pero no muy grande porque sería aprovechado por el enemigo para destruir a la revolución.

Así actúan las potencias "democráticas" del primer mundo para defender su modelo aunque no lo digan. Si permitieran el libertinaje, hoy Osama Bin Laden estaría vivo y autorizado para marchar "pacíficamente" con sus guarimberos hasta la Casa Blanca.

Por la fuerza de la Constitución, hay gente presa e inhabilitada, y todo el que copie sus delitos correrá la misma suerte; porque la revolución luchará contra delincuentes y no se dejará chantajear con la mentira de que son "presos políticos".

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De igual modo, todos los partidos de maletín que no tienen pueblo para renovarse quedarán autodisueltos. Ciertamente a la revolución no le convienen votos dispersos ni "aliados chantajistas" y por ello necesita un sólo partido unido donde sus votos se concentren con una misma tarjeta y así beneficiarse electoralmente del método D'Hont y la economía del voto para un sólo ganador.

Si como resultado de todo esto surge un escenario electoral favorable o ventajoso para la revolución, esta lo aprovechará sin complejos porque sólo los idiotas trabajan para darle ventajas a sus enemigos.

Si la oposición se debilita y no tiene más remedio que lanzar a un candidato presidencial mediocre en 2018, por ejemplo, el grosero anciano detestado por la juventud venezolana o el bruto de voz engolada que finge representar una izquierda disidente; la revolución montará ese show y derrotará a cualquiera para así cubrirse con un barniz democrático frente a los ojos del mundo.

Adicionalmente, la revolución podrá apoyar a un candidato opositor paralelo que divida los votos del enemigo, y así asegurarse el triunfo, porque en la guerra y en elecciones todo vale. Para tales fines escogerá a un líder opositor excarcelado que esté bajo régimen penal de presentación y qué recibirá nuestro apoyo clandestinamente.

Si luego de estos acontecimientos, alguien dice que se ha copiado el modelo o arquitectura electoral de Nicaragua (que nuestros enemigos califican como desigual), no importa, la verdad de la revolución será siempre que nuestro modelo es el mejor del planeta.

A diferencia del Sandinismo, está revolución no se dejará tumbar por asesinos en nombre del "juego democrático" ni cree en la tesis boba de que debe retirarse del poder para reflexionar y luego intentar volver a ser gobierno en el futuro.

Para la revolución perder el poder es morir, por lo tanto el poder es ahora y para siempre, es patria o muerte. Más nada ni más nadie. No hay término medio. El diálogo nunca será para capitulaciones ni para pactar retrocesos.

Contra la revolución sólo podrá sobrevivir una oposición respetuosa de la ley, pacífica, tolerante y que acepte ser siempre oposición sin planes de asaltar la Presidencia. A ella se le permitirá alcanzar una cuota de poder si el pueblo la apoya, y podrá ejercerlo siempre que no atente contra la revolución.

Por el contrario, una oposición guarimbera, terrorista, vendepatria y arrogante será siempre frenada por la revolución mediante un régimen constitucional poderoso e inclusive las armas cuando fuere necesario.

Subrayo, no hace falta matar opositores, ni torturarlos, ni desaparecerlos como hacían los gobiernos de la Cuarta República en contra de nuestros combatientes izquierdistas; hoy es suficiente aplicar todo el peso de la ley. Por lo tanto, delitos y faltas serán castigados legalmente sin excepción.

Máxima pena se impondrá contra todo sujeto que con fines de oponerse a la revolución viole derechos humanos, amenace o genere protestas violentas, solicite intervención extranjera, desacate sentencias judiciales, usurpe funciones, cometa burocratismo o corrupción, vilipendie instituciones del Estado, entre otros ilícitos afines.

Asimismo, simpatizantes, militantes, líderes, grupos, ONG, partidos, medios de comunicación que estén en problemas con la ley quedarán totalmente autoexcluidos de la vida política, electoral, económica y mediática del país, y el Estado velará por la aplicación rigurosa de las sanciones respectivas.

En resumen, la revolución tiene derecho de crear una oposición a su medida porque no hacerlo es dejarse tumbar y aquí nadie es ingenuo. Si la actual cúpula de la oposición conquistara el gobierno, nunca más hablaría más de democracia y rápidamente exterminaría a los revolucionarios. La historia lo comprueba.



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Jesús Silva R.

Doctor en Derecho Constitucional. Abogado penalista. Escritor marxista. Profesor de estudios políticos e internacionales en UCV. http://jesusmanuelsilva.blogspot.com

 jesussilva2001@gmail.com      @Jesus_Silva_R

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