Contaminación mental en tiempos de capitalismo salvaje

Durante los milagrosos 365 días del año, existe un cúmulo de inconciencia gravitando en el Medio Ambiente, que tanto los niños como los jóvenes y los adultos, no son capaces de reconocer por sus propias voluntades, para aplicar los correctivos necesarios en aras de una mejor calidad de vida.

Sabemos que usted disfruta lanzar basura en las calles, sabemos que a usted le encanta malgastar el agua potable, sabemos que usted goza derrochando la energía eléctrica, sabemos que usted glorifica el smog de su automóvil, sabemos que usted duerme con su querido smartphone, sabemos que usted compra hasta lo que no venden en los centros comerciales, sabemos que usted odia a los pueblos originarios, sabemos que usted baila al ritmo del reguetón, sabemos que usted adora a Jesucristo, sabemos que usted es incapaz de mirar al Sol, y sabemos que eres lo que tienes.

Sabemos tantas cosas, que al final olvidamos todo lo aprendido. Es como llevarse a la boca una pera endulzada, y comerla con una lengua sin papilas gustativas. Sabes que estás comiendo una fruta, pero no puedes identificar el sabor de esa fruta. Por desesperación, seguiremos comiendo para encontrarle el gusto a la pera endulzada, pero al final del incontrolable deseo de satisfacer a nuestro paladar, degustaremos un trastorno obsesivo compulsivo que jamás se dará por vencido.

Por miedo a la derrota personal, nunca caemos rendidos en la lona. Por miedo a la derrota familiar, nos reproducimos a cualquier hora y en cualquier cama. Y por miedo a la derrota social, nos apuñalamos con los billetes ensangrentados del exitoso fracaso.

Sabemos que usted ya NO quiere embrutecer sus neuronas viendo más televisión basura, pero el Sistema te obliga a embrutecer las neuronas viendo más televisión basura. Sabemos que usted ya NO quiere realizar más malditas transferencias bancarias, pero el Sistema te obliga a realizar más malditas transferencias bancarias. Sabemos que usted ya NO quiere comportarse como un perfecto idiota, pero el Sistema te obliga a comportarte como un perfectísimo idiota.

Al Sistema no le importa apoderarse de tu dinero, pues le interesa apoderarse de tu discernimiento, para fácilmente obtener tu preciado dinero. Una vez esclavizada la cabeza hueca, el Sistema te convierte en un objeto de consumo masivo, en una mercancía al detal, y en una etiqueta de liquidación.

El Sistema es muchísimo más inteligente que un pulpo, por lo que sus infinitos tentáculos de acción y reacción, pueden hacerte calzón chino en medio de un placentero orgasmo, pueden convertir el sueño americano en una gran pesadilla, y pueden contagiarte la enfermedad de la mediocridad.

Nos preguntamos ¿Cuál es el supuesto Sistema que te obliga a sacrificar tu pobre intelecto? ¿Qué gana el Sistema esclavizando tu estilo de vida? ¿Quién o quiénes son los culpables de imponernos al Sistema?

Quizás sea culpa de la Sociedad, tal vez sea culpa de la Vida, o probablemente sea culpa del Entorno. Puede que sea culpa de Jehová, puede que sea culpa de Mickey Mouse, o puede que sea culpa de Hitler. También podríamos culpar a la Madre Tierra, también podríamos culpar a la Vía Láctea, y también podríamos culpar al mismísimo Universo.

El Sistema es omnipotente, plenipotenciario y multidisciplinario. ¡WOW! Quisiera ser analfabeto de nacimiento. Pero sería más fácil describir al Sistema, como el cáncer que compra, corrompe y descompone a la Humanidad. Es como el diablo que se viste de santo, y le regala lecciones de ética y moral a su querido prójimo. Todos saben que el santo es realmente el diablo, pero nadie lo desmiente porque luce muy bien, porque dice lo que la gente quiere escuchar, y porque es muy generoso con su pueblo.

Siempre fingimos ser los reyes del ring de boxeo, y la culpa siempre debe caer y recaer en las manos de los adversarios. Cuando ganamos en la vida, la culpa es toda nuestra. El ego jamás comparte la victoria, porque le alzamos los brazos a la suerte, y todo el crédito de la película se lo lleva nuestro nombre y apellido.

Pero cuando perdemos en la vida, la grandísima culpa se la disputan los gobiernos de turno, los políticos corruptos, las loterías tramposas, los familiares envidiosos, los vecinos chismosos, los colegas del trabajo, los profesores malhumorados, los ladrones de oficio, los animales silvestres y las supremas deidades.

Algo o alguien siempre se lleva el grito, la ofensa, el mal de ojo, el empujón, el hematoma, la bala, la sangre, y las cenizas de todos nuestros problemas. Permitimos que lo externo defina nuestro interior, y en ese espacio y tiempo siempre hay cabida para la moda, la indiferencia, la traición, la violencia, la homofobia, la frivolidad y la codicia.

En los medios de comunicación social nacionales y extranjeros, se enaltecen los antivalores, la negatividad, y la putrefacción del todopoderoso Sistema capitalista. Vemos que para domar y dominar a las masas, se va amasando una tentadora orgía de consumismo, sexismo y propagandismo, que se difunde durante las 24 horas del día en la televisión, en la radio, en la prensa, en la Internet y en las calles pavimentadas.

Los televidentes, los radioescuchas, los lectores, los cibernautas y los ciudadanos de a pie, son obligados a santificar la pornografía del espectacular show circense, mediante la compra y venta de todos los productos y servicios, que se comercializan con un clásico bombardeo publicitario, el cual incluye la vulgaridad, el morbo, el adulterio, el divorcio, el embarazo precoz, el aborto y la desinformación.

En un abrir y cerrar de ojos, la audiencia se vuelve adicta al sexo, a las drogas y al racismo, para ser cómplice de lo simple, de lo estúpido y de lo infame.

Las famosas redes sociales como Twitter, Facebook y WhatsApp, van maximizando el borreguismo de los tontuelos, ya que los usuarios necesitan un ficticio sentido de pertenencia, para no sentirse rechazados por el resto de la comunidad virtual, por lo que odiarán todo lo que el mundo odie, y amarán lo que todo el mundo ame. Debido a que esos jóvenes tontuelos representan la mayoría parlamentaria, el Sistema los considera ovejas imprescindibles para seguir idiotizando al resto del rebaño.

Somos inestables y débiles por naturaleza, por lo que cualquiera puede sembrar cotufas en nuestros cerebros. A medida que brotan las semillas del cultivo mental, vamos aumentando el precio y el valor de todas las sabrosas cotufas, buscando que nuestros pensamientos enriquezcan la tierra fértil, y así podamos vender nuestra espiritualidad a la mejor sala de cine.

En primera fila Pancho decía “No tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia” ¿Será que el fin justifica el medio para conseguirlo? Yo boté mucha basura en la calle, porque tenía mucha hambre. Yo prendí por muchas horas el aire acondicionado, porque tenía muchísimo calor. Yo malgasté mil litros de agua potable, porque tenía mucha sed de venganza. Yo asesiné a sangre fría, porque Dios todo lo perdona.

Ahora bien, cuando nos referimos a la contaminación ambiental, generalmente exponemos una serie de daños ecológicos que sufre el planeta Tierra, por culpa de los dedos abusivos, de las manos industrializadas, y de los brazos destructores de los inhumanos Seres Humanos.

Si lanzamos la moneda e inhalamos el dióxido de carbono, gritaremos ¡Bingo! con la contaminación del aire. Si lanzamos la moneda y quemamos la capa vegetal, gritaremos ¡Bingo! con la contaminación del suelo. Si lanzamos la moneda y envenenamos los ríos, gritaremos ¡Bingo! con la contaminación del agua. Si lanzamos la moneda y amplificamos los vidrios rotos, gritaremos ¡Bingo! con la contaminación acústica. Si lanzamos la moneda y encandilamos el cielo nocturno, gritaremos ¡Bingo! con la contaminación lumínica.

Si lanzamos la moneda y desnudamos a la hermosa cerveza, gritaremos ¡Bingo! con la contaminación visual. Si lanzamos la moneda y saturamos las redes inalámbricas, gritaremos ¡Bingo! con la contaminación electromagnética. Si lanzamos la moneda y bebemos la lluvia ácida, gritaremos ¡Bingo! con la contaminación radiactiva. Si lanzamos la moneda y la moneda no alza el vuelo, gritaremos ¡Bingo! con la contaminación espacial.

Vimos que hay tantísimas fuentes de polución hasta para los ciegos, los sordos y los mudos. Sin embargo, la crisis ambiental global se origina, va creciendo y se intensifica, con un tipo de contaminación que NO concentra la atención de las colectividades. Una línea de contaminación que pasa tan desapercibida como la línea del tiempo. Un tipo de contaminación que escapa de la realidad que vivimos a diario.

Creemos que detrás de la archiconocida contaminación ambiental, se halla escondida la gran Contaminación Mental, que es la “Madre de todas las Contaminaciones en el planeta Tierra”, representando el verdadero punto de partida hacia la autodestrucción planetaria, y situándose como el histórico obstáculo cognitivo que ha imperado a lo largo de las civilizaciones.

La mayoría de los Seres Humanos no reciclan los desechos sólidos, no practican la eficiencia energética, y no reducen el consumo del agua potable, porque se encuentran ecológicamente bloqueados por causa de una terrible contaminación mental, que los convierte en cosas apáticas, desechables y desleales, en el cuidado que ameritan los ecosistemas y sus agonizantes recursos naturales.

Millones de corazones a escala mundial, sufren las consecuencias físicas y psicológicas de la atroz Contaminación Mental. Los individuos de todas las edades son perjudicados con la presencia de estrés emocional, migrañas estacionales, cuadros de ansiedad, hiperactividad, insomnio, depresión, y muchísimas más alteraciones diagnosticadas por el saludable Sistema.

La Contaminación Mental infecta a los perversos corazones llenos de chips, apps y tags, que nunca tienen un megabyte disponible para instalar en sus cerebros la Educación Ambiental, y así descargar una visión conservacionista de un Mundo que se cae a pedazos, porque ni siquiera los virus informáticos son tan nocivos para la salud de la Pachamama, como los trágicos ecocidios que provocan los hombres y las mujeres de carne y hueso.

Aceptamos y aplaudimos la criminal tala de árboles, los gigantescos derrames petroleros, la extinción de la biodiversidad, la quema de combustibles fósiles, el uso de los agrotóxicos, los megaproyectos mineros y la demoníaca fractura hidráulica, porque NO comprendemos el significado y el significante del Efecto Invernadero, del Cambio Climático y del Calentamiento Global.

No deseamos investigar, no podemos reflexionar, y no queremos sobrevivir.

Nuestra ignorancia socio-ambiental que afianza el desarraigo cultural, solo piensa en vestir muchísima más ropa fashion, en comer carne en restaurantes de comida rápida, en imprimir La Biblia con tres toneladas de hojas de papel, en conducir el carro último modelo por la selva asfaltada, en comer maíz transgénico para curar la borrachera, en sintonizar los canales de deportes internacionales, en bautizar a más engendros fecundados por el Tío Sam, y en seguir sobre-poblando el oscuro nido de la miseria.

El agresivo proceso de Transculturación que padecemos en la actualidad, se fue robando el santísimo sacramento del sagrado corazón. Los más fieles devotos de la Madre Tierra, se quedaron llorando de dolor sin luz, sin agua, sin gas, sin techo, sin comida, sin sueño y sin sueños.

Las cotufas vencieron a las neuronas, y las peras endulzadas del Sistema exigen un nuevo teléfono móvil, una nueva tableta, una nueva laptop, una nueva videoconsola, un nuevo televisor, una nueva máquina tragamonedas, un nuevo cajero automático, y un nuevo corazón para la artillería de guerra.

Todos estamos mentalmente contaminados, y el Sistema no se cansa de pisotearnos el cráneo con su magistral fatalidad. Así seguiremos cargando la cruz hasta el fin de los tiempos, salvo que por un segundo de la vida, te detengas a pensar un segundo en tu vida.

Pensar no es solo capricho de los dioses, tú también puedes despertar del siniestro letargo mental, y encapricharte con una vida mucho más responsable, sostenible y sustentable.

No dejemos que la maldad le gane a la racionalidad. Hoy es un buen día para hacer lo correcto, sin correr ningún riesgo.

En vez de comprarte el maldito nuevo Iphone, puedes donar esa plata a una fundación que rescate a los perros y a los gatos de las calles. En vez de adquirir el maldito nuevo Galaxy, puedes donar esa plata a instituciones que ayudan a los indigentes y lisiados. En vez de fumarte el maldito nuevo Cigarrillo, puedes donar esa plata a una asociación que alfabetice a los más desamparados.

Imagina cómo sería el Mundo, si fuéramos un poquito más empáticos. Imagina cómo sería Latinoamérica, si fuéramos un poquito más solidarios. Imagina cómo sería Venezuela, si fuéramos un poquito más revolucionarios.

Si ya no puedes imaginar, el Sistema se salió con la suya. Si ya no puedes rezar, el Sistema te apuñaló por la espalda. Si ya no puedes creer, eres el Sistema.

Desde nuestro cibermedio Ekologia.com.ve queremos pedirte un mayor compromiso con el bienestar del Medio Ambiente, una mayor preocupación por el futuro del planeta Tierra, y un mayor interés en compartir la gracia salvadora de la vida.

Si ayudas de corazón te sentirás mejor, y harás que otros compatriotas se sientan todavía mejor. Habrá que aprender todo lo que no sabemos, y tendremos que recordar todo lo que hemos olvidado.



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Carlos Ruperto Fermín

Licenciado en Comunicación Social, mención Periodismo Impreso. Egresado de la Universidad del Zulia en Venezuela.

 carlosfermin123@hotmail.com

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