El Perdón no existe

El Perdón como el Bien y el Mal son conceptos teológicos inventados por las religiones para alimentar sus creencias. En la naturaleza no existen el Bien ni el Mal. Nadie puede decir que el aire, el agua, las nubes, el hielo, el calor, el frío, el bosque, la lluvia, los árboles, los animales - desde la microscópica bacteria al elefante o la ballena - el terremoto, el huracán, la erupción volcánica, en fin, todo lo que conforma los fenómenos de la naturaleza, son buenos o malos. El Bien y el Mal no son conceptos absolutos. Cada tiempo, cada nación y cada creencia los ha manejado y definido a su antojo, a su conveniencia, constituyéndolos en fundamento de una moral arbitraria. El Bien y el Mal, como todo concepto teológico, no dicen ni explican nada, por cuanto en la naturaleza todo ocurre por necesidad y no por capricho ni muchos menos por decisión de seres alienígenas (dioses). La necesidad, sometida a las leyes de la Física, la Química, la Mecánica, rige las relaciones, cambios, evoluciones de la naturaleza y del universo. El dios Física, las diosas Química y Teoría Atómica, que enunciara Demócrito hace 2.500 años, rigen el Universo.

El homo erectus del Paleolítico, en su laberinto de millones de años - que le significó el tránsito de homo habilis a homo sapiens - con su cerebro de primitiva ignorancia, pretendió darle explicación al mundo que lo rodeaba y le resultaba inmensamente hermoso (Bien), pero, abrumadoramente misterioso (Mal). Inventa el concepto de Dios (animatismo, animismo), de Bien y de Mal, que el mago/sacerdote amplía, perfecciona y utiliza para beneficio personal. Este personaje funesto crea la teología a su imagen y semejanza, fatalidad inexorable que esclaviza la mente.

El Bien y el Mal, igual que Dios, no existen, son conceptos inventados para imponer el Temor, instrumento de dominación, de sumisión, de servidumbre. El Bien y el Mal se interrelacionan por medio del Perdón. Si no existen el Bien y el Mal ¡Para qué el Perdón!

Todo este exordio, ha lugar, ante la solución que en Colombia se le pretende dar al proceso de paz. Sesenta años de guerra con sus múltiples e infinitas secuelas, quedan reducidos al simple "acto de contrición, de arrepentimiento, de no volver a pecar y pedir perdón". Suena a catecismo católico. Por fin, la guerra de sesenta años con sus terribles secuelas, encuentra solución en la fórmula mágica/teológica del "PERDÓN". El pasado de violencia queda invisibilizado por la palabra "PERDÓN". Pedir perdón los unos a los otros, pero, fundamentalmente deben pedir perdón las víctimas (los guerrilleros). ¡Si! los guerrilleros fueron las primeras víctimas. Forzados por la violencia del Estado, se vieron en la necesidad de empuñar las armas para salvaguardar sus vidas (Guadalupe Salcedo, Manuel Marulanda). Según la fórmula mágica, los guerrilleros deben pedir perdón por no dejarse asesinar; por defender el derecho a la vida; el derecho a la tierra en el caso de los campesinos; el derecho al trabajo en el caso de los obreros; el derecho a la salud, la educación, la participación cívica, en el caso de las mayorías nacionales.

Las primeras víctimas de la guerra fueron los campesinos que se organizaban (1930), para reclamar el derecho a la tierra. Cuando el proceso agrarista iba avanzando, hubo el cambio de gobierno (1946), asesinato de Gaitán (1948), se desata la violencia estatal - contra las zonas campesinas - ejecutada por los instrumentos represivos del gobierno de turno (ejército, policías, chulavitas). Estas reiteradas agresiones condujeron a crear la autodefensa campesina y la formación de grupos armados. La guerra en Colombia no la inventó el pueblo colombiano, le fue impuesta por la clase que detentan el poder del Estado: la oligarquía/jerarquía católica. Al pueblo colombiano no le quedó otro camino sino defenderse: en primer lugar, para salvaguardar la vida; y en segundo lugar, exigir respeto por los derechos humanos. La Constitución Nacional, la Resolución de las Naciones Unidas, el Acuerdo de Ginebra, establecen el derecho de los pueblos a la rebelión, cuando el Estado ejerce la violencia que vulnera derechos elementales.

Al Estado colombiano le resultó más práctico asesinar campesinos por el delito de reclamar sus derechos, que sentarse a conversar para solucionar el problema de la tierra, el trabajo, la salud, la educación, la vivienda, la participación ciudadana. En ese empeño, han transcurrido sesenta años de guerra, al cabo de los cuales, la sociedad colombiana está en el mismo punto de la agenda: tierra, trabajo, educación, salud, vivienda derechos ciudadanos para los campesinos, obreros y mayorías nacionales: marginalidad, exclusión. Cientos de miles de campesinos asesinados en las razzias del ejército, la policía y paramilitares. Diez millones de campesinos y habitantes de las zonas rurales desplazados: la mitad a las ciudades donde están condenados a vivir en guetos de miseria y pobreza, sin servicios, educación ni salud; la otra mitad, huyó a los países vecinos que los han acogido como nuevos compatriotas.

Entonces ¿Quiénes son las víctimas?

Se pueden catalogar en dos grupos: Las victimas primarias constituidas por los campesinos que debieron empuñar las armas para defender sus vidas y sus propiedades. La crudeza de la guerra los condujo a crear organizaciones guerrilleras de gran capacidad militar, como, las FARC, ELN, EPL que, durante 45 años han derrotado las campañas lanzadas por el ejército, policías y paramilitares, armados, financiados por los Estados Unidos. El otro grupo está formado por las víctimas secundarias que ahora llaman "Efectos colaterales" – propios de todas las guerras - causadas por uno u otro bando. Según un Informe de la ONU, el 80% de la violencia en Colombia la produce el Estado por medio del ejército, policía y paramilitares; el otro 20% lo causa la guerrilla por sus acciones defensivas, por cuanto la guerrilla no realiza guerra de posiciones, no realiza bombardeos aéreos ni tiene capacidad militar para ejecutar campañas de exterminio que si efectúan las fuerzas militares del régimen.

El Estado con sus fuerzas militares, policiales, paramilitares, son los victimarios y deben acogerse a la inventada fórmula teológica del ¡PERDÓN! De ninguna manera los guerrilleros (víctimas). Exigirle a la guerrilla que pida perdón, es como exigirle a Bolívar, Santander, Sucre, Nariño y demás próceres de la guerra de independencia, le pidan perdón a Fernando VII. ¿Cuál es la diferencia entre la lucha de independencia contra el imperio español y la lucha de independencia contra el imperio estadounidense (siete bases militares)? Según la formula teológica del PERDON, el pueblo colombiano deberá pedir perdón el día que expulse las tropas yanquis con sus siete bases militares. Cuestión elemental de soberanía.

Pretender reducir la solución de la guerra en Colombia a la palabra ¡Perdón!, es una simplificación inaceptable. El problema de la paz en Colombia es muy agudo, muy profundo, para reducirlo a un simple concepto teológico, abstracto, etéreo. Es la fórmula para evadir la realidad, para no encontrar explicación ni solución al conflicto. Al pueblo colombiano, esclavizado por la creencia, se le pretende hacer creer que la fórmula del Perdón, es la solución de la paz, de la guerra, la tierra, la pobreza, el trabajo, la educación, la salud, la vivienda. Mientras ustedes piden Perdón (pueblo colombiano), yo, sigo disfrutando de mis privilegios y rapiñas (oligarquía/jerarquía católica).

En la guerra de Colombia ¿Quiénes son los buenos y quienes son los malos? Los que salvaguardan sus vidas y exigen sus derechos (el pueblo colombiano) o aquellos que les niegan esos derechos y para colmo los asesinan, masacran, desalojan, violan las mujeres, les arrebatan las tierras, destruyen las humildes viviendas, les roban la vaca, el cerdo, la gallina, destruyen los cultivos (oligarquía/jerarquía católica/latifundista).

¿De dónde surge la fórmula del "Perdón"? Consideramos que tiene su raíz en la concepción filosófica del pueblo colombiano "El que peca y reza ¡empata!".

Así como en la naturaleza el Bien y el Mal no existen, el Perdón tampoco existe. Si el perdón existe ¿Para qué Infierno? Infierno y Perdón constituyen contradicciones antagónicas. ¿Dónde queda la enseñan teológica, según la cual, dios perdona todas las culpas (pecados). Entonces ¿Para qué Infierno? ¿Será esa contradicción lo que ha inducido al Papa actual a negar el Infierno? Sería muy consecuente que, quienes inventaron el Infierno, deroguen su existencia. Sin Infierno desaparece el chantaje del temor en la supuesta vida eterna. El temor es la tuerca que atornilla la conciencia del individuo a la creencia. El temor rige la humanidad: bombas atómicas, guerras, invasiones, crisis económicas, escasez, carestía, bachaqueo, inseguridad, delincuencia, firmar el revocatorio, todo lo que siembre el temor sirve los intereses de dominación. En conclusión, si existe el Infierno, el perdón no existe.



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León Moraria

Nativo de Bailadores, Mérida, Venezuela (1936). Ha participado en la lucha social en sus diversas formas: Pionero en la transformación agrícola del Valle de Bailadores y en el rechazo a la explotación minera. Participó en la Guerrilla de La Azulita. Fundó y mantuvo durante trece años el periódico gremialista Rescate. Como secretario ejecutivo de FECCAVEN, organizó la movilización nacional de caficultores que culminó en el estallido social conocido como el ?caracazo?. Periodista de opinión en la prensa regional y nacional. Autor entre otros libros: Estatuas de la infamia, El Fantasma del Valle, Camonina, Creencia y Barbarie, EL TRIANGULO NEGRO, La Revolución Villorra, los poemarios Chao Tierra y Golongías. Librepensador y materialista de formación marxista.

 leonmoraria@gmail.com

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