La maldición de la izquierda venezolana

El Socialismo es por antonomasia el sistema político que propende al bienestar colectivo, con el colectivo y desde el colectivo. Lo que nos lleva a suponer que quien se catalogue como socialista debe ser alguien con un profundo respeto a las decisiones colectivas y en consecuencia es un ser disciplinado y democrático. Esto conlleva que el socialista debe tener la consciencia de no creerse dueño de la verdad, sin que por ello deba renunciar a plantear su punto de vista en el momento oportuno, de la forma correcta y en el lugar adecuado. Esto es algo que también debe caracterizar a un verdadero socialista: la prudencia, además de la humildad. Sin embargo, hay enfermedades que han afectado a la izquierda y que en algunas latitudes se han hecho endémicas. El subjetivismo es una de esas enfermedades, lo cual perjudica el análisis de la situación política y la orientación del trabajo. El socialista debe asirse de un método científico para la apreciación y análisis del fenómeno social, en lugar de apreciar y analizar de manera subjetiva. Pues el análisis subjetivista de la situación política y la orientación subjetivista del trabajo conducen inevitablemente o al oportunismo, o al putchismo, y este último, es por su origen social, una combinación de la ideología lumpemproletaria y la pequeñaburguesa. De esta enfermedad hay una epidemia ahorita en Aporrea, de quienes confunden gravemente, su ataque subjetivo y putchista, con la crítica política.

Otra enfermedad es la que Lenin llamó el infantilismo izquierdista y espíritu pequeñoburgués, propio de la ultra izquierda, formada normalmente por pequeñoburgueses que han elegido la revolución como herramienta para superar problemas psicológicos personales: odios, envidias o complejos personales que disfrazan de retórica altruista y deseos de justicia social, por eso su ceguera táctica y su egolatría.

Lenin y Trotsky realizaron un duro cuestionamiento a las ideas ultraizquierdistas de los nuevos dirigentes en los primeros años de la Tercera Internacional, quienes repetían sin cesar las frenéticas y abigarradas consignas propias del purismo revolucionario, a saber: “¡Adelante sin compromisos, sin apartarse del camino! Lo que en realidad reflejaban era la impaciencia pequeñoburguesa como único argumento teórico (cualquier parecido con algunos articulistas de Aporrea, es pura coincidencia). Esta enfermedad arroja a quien la padece, al sectarismo, y la podemos reconocer identificando los síntomas que describe León Trotsky en su obra “Sectarismo, Centrismo y la IV Internacional”: “El sectario ve la vida de la sociedad como una gran escuela, en la que él es el maestro. En su opinión, la clase obrera debería dejar aparte otras cosas menos importantes y sentarse ordenadamente alrededor de su tarima. Entonces la tarea estaría resuelta…un sectario no entiende la acción y reacción dialéctica entre un programa acabado y la lucha de masas viva, es decir, imperfecta, inacabada. El sectarismo es hostil a la dialéctica (no en palabras sino en hechos) en el sentido que vuelve la espalda al desarrollo real de la clase obrera…”.

Las acciones de quienes padecen esas enfermedades no están dirigidas contra las clases enemigas, sino contra personas de nuestras propias filas. Es una especie de corrosivo que debilita la organización y su capacidad de combate.

Estas enfermedades han sido una maldición en la izquierda venezolana. Chávez fue una especie de vacuna que encapsuló esas enfermedades logrando la unidad de la izquierda, y con ella, la ruptura de una etapa histórica marcada por el capitalismo-liberal en el poder político que había conducido a la mayoría del pueblo venezolano a la pobreza, la desesperanza, la invisibilización y el deterioro ético de nuestra sociedad en su conjunto.

La toma del poder político de la izquierda, en Venezuela, tiene APENAS dieciséis años; tiempo, por demás insuficiente para transformar la cultura de una sociedad maleada por los valores capitalistas. Pero con la muerte física de Chávez, revivió la maldición de nuestra izquierda y los demonios de las enfermedades antes descritas, están buscando horadar la moral del pueblo para ponerlos en contra del segundo gobierno de izquierda que hemos tenido en toda la historia republicana de Venezuela, y de esa manera entregarle, en bandeja de plata, nuevamente, el poder político a la derecha apátrida, clasista, racista y asesina; quienes harán lo que sea, para no volverlo a perder.

Quienes por subjetivistas, infantiles o sectarios, no ven la necesidad de la unidad de la izquierda en este momento para salvar el proceso histórico, más allá de este gobierno, el cual, con todas sus fallas, es el único que garantiza el avance de la Revolución Bolivariana y con ella, el crecimiento de la esperanza socialista en el continente, son los verdaderos traidores de la historia.

Manteniendo el poder político, tendremos tiempo para dar el debate dialéctico dentro del proceso revolucionario con nuestro gobierno y nuestro pueblo. Con la derecha en el poder, lo que nos espera es el caos.



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Juan Carlos Valdez


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