"El arado y el mar"

A la era más oscura la ilumina siempre el rayo de un líder

La evolución de la dominación capitalista ha convertido a la política en un mercado que funciona guiado por una mano invisible. Las leyes que rigen el mercado político son cada vez más parecidas a las leyes del mercado comercial, el hombre no las controla, todo funciona de espaldas a la voluntad.

Hoy los políticos, los líderes, se parecen cada vez más a la mercancía, el mercado dicta su permanencia o su caducidad, pasan con espantosa velocidad; quién recuerda la fotografía de rollito kodak, y eso fue ayer, o el grabador de cinta, el disco de vinilo. Así mismo pasa con los líderes hoy en día, pierden vigencia rápidamente. Quién recordará dentro de unos pocos años a estos líderes de pacotilla.

Fidel fue uno de los últimos grandes líderes, conmocionó al mundo con un ideal universal, el Socialismo auténtico. Chávez se hizo líder cuando dejó lo local y entendió que la solución es universal, el mundo se asombró con el manantial de humanismo que surgió aquí. Martí, un gran líder, entendió esta necesidad y postuló "Patria es humanidad", invitó al aldeano vanidoso a ver el mundo más allá de su mezquino entorno.

La escasez de líderes tiene su explicación en que la política capitalista no los necesita, ese mercado funciona muy bien sin ellos, a lo sumo requiere a desechables para engañar en las elecciones. En la era capitalista han surgido muchas teorías para justificar esta necesidad del sistema, se habla de muchedumbre, de poder horizontal, espontaneismo, la dirección se condena. Se postula que llegamos al fin de la era de los líderes igual que llegamos al fin de la historia, ahora sólo queda consumir, ser productivo de mercancías, es el reino de su majestad el mercado, todos somos mercancías, hasta los políticos.

Un líder es propio de época de cambios profundos, debe estar aliado a un gran ideal de sociedad. Los capitalistas postulan “los ideales se acaban”, “las Revoluciones no son necesarias”, “sólo hay y habrá capitalismo”, sólo queda el pragmatismo, la "imagen comercial", la fugacidad del momento. Se perdió el sentido de sociedad, la pequeñez domina a la grandeza.

Los líderes están ligados a un gran ideal que los impulsa a las estrellas, al futuro, a otros mundos ahora sólo imaginados por pocos, le confiere la convicción de los que tienen razones sagradas para luchar. Convocan, no son convocados. Solitarios, no pierden la fe, al contrario, la refuerzan, se preparan para seguir, para dejar huella. Sólo con ese fuego interno, con ese volcán en el pecho se construye un líder. Esa energía le confiere el coraje para actuar, le impide el sosiego del rebaño. El líder siempre aparece en momentos de ruptura histórica, pero no espera la fractura: con su acción crea las condiciones para el cambio, las cataliza.

Al líder lo persigue la infamia aún siendo embrión, la mediocridad los detecta en sus primeros pasos, se hace incómodo, procuran asesinarlo en el vientre. Si es inteligente, si tiene buen corazón, si estudia, si no participa de las risas colectivas, si no hace comparsa con la estulticia corre peligro, está condenado por los mediocres que se confabulan contra él.



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Toby Valderrama y Antonio Aponte

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