Una economía al servicio del pueblo

La aplicación de una economía en su concepto y alcances, dependerá de la orientación filosófico-ideológica que se le imprima, la clave está en la dirección del hacia donde se dirigen los esfuerzos, los recursos y la voluntad política menospreciando solo a aquellos super-ricos que han obtenido en todo tiempo los beneficios de las políticas del Estado.

Desde el punto de vista estrictamente ideológico se concibe una política económica donde el Estado asume las riendas de dos aspectos importantes: En función de quienes deben beneficiarse y quienes deben hacerlo. Promoverla y llevarla a cabo, es ideológico porque concibe a las grandes mayorías en su afán de interpretar sus necesidades y aspiraciones sociales, dicho de otra manera, se excluye a quienes elaboran economía para las cúpulas empresariales y grupos de presión, lo que resalta que el Estado trabaja en función de los trabajadores y clases populares.

En Venezuela, el comandante Eterno, le dio un nombre al concepto y al contexto de la política económica, la llamó Socialismo del Siglo XXI y Bolivariano. En esta hora en la cual llamamos a la profundización de la Revolución Bolivariana, se impone conformar un Estado distinto al que aún tenemos, burgués y parasitario, para suprimirlo por un Estado que llamaremos por ahora, revolucionario y solidario, la tarea no es nada fácil pero es hora de comenzar a construirlo y a nuestro parecer la reciente fusión de misiones y grandes misiones camina en esa dirección.

Cuando se plantea el reto de eficiencia o nada, creemos que encaja perfectamente en la creación del Estado nuevo, el cual debe sostener en sus hombros la responsabilidad y viabilidad del Sistema Económico donde los medios de producción aún en manos de privados, estén subordinados a las políticas públicas y no al contrario.

Cuando decimos una economía al servicio del pueblo, indudablemente que incluimos a la clase media, quien siempre en el capitalismo se gana las de perder, aunque la confusión e incidencia del sistema nacional e internacional los conduce a su propia destrucción, ejemplos hay muchos y recientes, veamos Europa y los mismos Estados Unidos. He allí el dilema a transitar para que la sociedad total se beneficie de las políticas económicas y trabajar para que el desiderátum del poder internacional y sus grandes empresas transnacionales tengan la menor o mínima influencia en el hacer de políticas económicas. Y que los organismos crediticios internacionales no impongan sus recetas hambreadoras de los pueblos.

Sólo que, la tarea no es nada fácil y nos obliga a transitar por el camino de las decisiones firmes y serenas en aras de que realmente sintamos y apreciemos que se está haciendo la revolución dentro de la revolución. De que se trataría de no ser de esta manera, preguntamos.



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Rafael Febles

Economista. Msc. Seguridad Social. U.C.V.. Militante revolucionario. Locutor. Articulista Correo del Orinoco. Poeta y escritor de la revolución bolivariana

 rafaelfebles@yahoo.com      @rafael_febles

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