La Revolución Bolivariana y la clase media

La primera persona que advirtió, con singular tino, que algo andaba mal entre la Revolución Bolivariana y la clase media fue el propio Comandante Fidel Castro, cuando al comentar los resultados electorales que obtenía el Polo Patriótico, a inicios de la década pasada, decía : ¨ …en Venezuela no pueden haber 4 millones de oligarcas¨. Luego nuestro Presidente Eterno Hugo Chávez puntualizaba que Venezuela debía evolucionar como un gran país de clase media y más recientemente, nuestro Presidente Obrero Nicolás Maduro hizo un comentario similar, llegando a instrumentar estrategias electorales y acciones de gobierno que ayudan a cerrar la gran brecha existente entre el gobierno revolucionario y la clase media, cuya población abarca la mitad del país. Es hora de corregir semejante error político y erradicar el sectarismo, el resentimiento y la ceguera con que parte de la dirigencia del PSUV ha abordado este tema. Al respecto, haré algunas reflexiones que hay que debatir, si queremos evitar que la revolución toque techo y, por el contrario, siga avanzando en un país que a diario se transforma y disfruta de niveles de bienestar, que hace 14 años no teníamos.

Es entendible la angustia que vivía nuestro Gigante en los primeros años de la revolución cuando prioritariamente tuvo que volcar toda su atención y los recursos del estado para pagar la enorme deuda social heredada del Puntofijismo y poder así, mitigar la pobreza, la ignorancia, la insalubridad, el hambre, el abandono, la discriminación y tantos males en que vivían la mayoría de nuestros compatriotas a principios del siglo 21. Sin embargo, lo que fue coyuntural se hizo costumbre y muchos camaradas empezaron a ver a la clase media como enemigos históricos con intereses diferentes y antagónicos a la gran mayoría, que querían apropiarse de los beneficios que recién recibían, cuando lo lógico era haber estructurado desde el principio una gran alianza de clases entre todos los explotados de este país, que aunque con diferentes necesidades y expectativas, esperaban que la Revolución Bolivariana los cobijara, a cada quien según sus necesidades y a cada cual según sus capacidades. Así, mientras una parte del pueblo vivía entre las misiones, el Mercal, los CDI, las escuelas bolivarianas, los simoncitos, las canaimitas, los uniformes y textos escolares gratuitos, los vergatarios, los infocentros, el financiamiento productivo, la organización comunal protegida y financiada por el Consejo Federal de Gobierno, los subsidios, las pensiones de vejez regaladas, aumentos del salario anuales y demás, la clase media vivía en manos del capitalismo salvaje: Con desempleo profesional, estafados por las mafias inmobiliarias, especulados por las clínicas y la medicina privada, los colegios y las universidades privadas, los seguros, los supermercados, los concesionarios de vehículos, golpeados por la inflación inducida por los verdaderos oligarcas que le hacían pagar los platos rotos de una revolución que cada vez veía como algo extraño, que no le pertenecía, como si la clase media no estuviera amparada por la CRBV, de allí su reticencia y terror a votar por el socialismo y su preferencia a dirigir sus votos a una derecha apátrida que nada tiene que ofrecer al futuro de nuestro País.

El asentamiento de la clase media en las grandes ciudades, por razones obvias, la hizo presa fácil de la canalla mediática que a diario le reforzaba su desconfianza a la revolución que la abandonó a su suerte, esto explica porque en ciudades como Valencia la clase media prefirió en las pasadas elecciones municipales votar por un ladrón que por un honesto luchador social de la revolución.

Ojalá que en esta nueva etapa de la revolución el gobierno revolucionario vea esta realidad y empiece a instrumentar políticas públicas que nos beneficien a todos por igual. El Decreto presidencial promulgado recientemente, en el marco de la ley habilitante, para que haya precios justos para todos es un buen ejemplo de cómo se puede gobernar en beneficio de todo el pueblo. La clase media no es el adversario. Que así sea.


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José Orángel Paz Castillo

Profesor Emérito de LUZ (La Universidad del Zulia)

 orangelpaz@yahoo.es

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