Los motorizados y la Revolución

“Desplazándome a eso de las seis y media de la tarde por la Redoma de Petare en Caracas, justo en ese punto donde termina la Avenida Francisco de Miranda y comienza el elevado; e impresionado por el movimiento tácita o misteriosamente organizado de aquella enorme multitud de seres humanos que en carros, autobuses y autobusetas, a pié, en Metro, en bicicletas o en motos regresaba a sus hogares. Con la mirada perdida hacia la Gran Montaña me pregunté ¿quién mantiene en orden este caos? Los ángeles….seguramente los ángeles son quienes aportan sabiduría y sensatez a esta enorme masa humana de caraqueños. Me respondí”.

Kamukandoka “En la ciudad de las tres ases”



El grave problema que de un buen tiempo para acá representan las motocicletas y con ellas los motorizados, ha hecho que nuestra ciudad capital sea para algunos “la ciudad más terrible del mundo””invivible””insoportable” .Pero nuestra Caracas ya es un caos desde mucho tiempo antes de que los motorizados fueran problema. Veamos.

La bucólica ciudad de Los techos rojos, enclavada en uno de los valles más acogedores del mundo, recibió en la década de los cincuenta del pasado siglo XX la brutal arremetida de una concepción desarrollista autocrática que bajo el lema de la “Transformación del medio físico” del “Nuevo ideal nacional” acabó con lo que de racionalidad tradicional tenía y sentó las bases para una anarquía en todo lo relacionado con el desarrollo urbanístico. Allí comenzó el caos, el cual fue diligentemente continuado por los sucesivos gobiernos “punto fijistas”. Con el importante añadido de la invasión de las “huestes blancas” campesinas con las que el gobierno de Rómulo Betancourt copó sus espacios interiores y periféricos para sofocar a “Caracas la roja”.

Y ahora con “nuestra” concepción de que todavía caben no sé cuántas ciudades más en Caracas y con esa suerte de irracionalidad en lo referente al desarrollo urbano que se percibe en al Gran Misión Vivienda Venezuela, (en el área capital) le estamos poniendo la guinda al postre. El hombre es reflejo de su espacio. Y de ese espacio son y en él se mueven los millones de trabajadores motorizados de Caracas y las demás grandes ciudades del país.

“Lo que es bueno para la General Motors es bueno para los Estados Unidos” rezaba el importante lema de aquellas épocas de la más absoluta sumisión de nuestros gobiernos a los designios imperialistas. Y para Chrysler y para Mobil Oil y para la Goodyear y para ESSO entre muchas otras. Lo cual trajo el nada extraño resultado de que siendo Venezuela un país rico en mineral de hierro y con posibilidades de energía eléctrica abundante, los trenes (salvo el metro) siguen siendo todavía con una década larga de revolución, una hermosa utopía. Ello unido al consumo de la gasolina más barata del mundo nos convirtió uno de los grandes paraísos automotores del planeta.

Así la enorme cantidad de automóviles, carros y carritos, autobuses y camiones de diferentes tipos y calados y ahora la proliferación de camionetotas y camionetotototas, simbólicas de la era bolivariana, (porque en nuestro proceso bolivariano se continuaron e incrementaron las mismas tendencias automotoras de la cuarta república) se apretujan cada vez más entre un sistema vial urbano y extraurbano que ya desde hace tiempo no da para más. Después aparecieron las motos como problema.

Aquí somos abusadores casi todos y desde hace muchísimo tiempo. “Estudios especializados” dan cuenta de la existencia del “pájaro bravo” como nuestra verdadera ave nacional y la tendencia a la viveza y el abuso en todos los órdenes como una de las características de la idiosincrasia del venezolano. En correspondencia la clase media con su automóvil, el “tótem” símbolo de estatus y de poder, fue por muchas décadas señora y soberana de nuestras calles. Atropellando despiadada e impunemente absolutamente todos los conceptos de civilización, orden y urbanismo y en consecuencia al centro y razón de ser de esa realidad: la gente.

Solo que en ese caso las víctimas eran mayoritariamente los peatones, ergo: los sectores populares. Todavía es una realidad los carros ocupando las aceras, jardines y en general lugares de paso para los peatones. Las comidas de luz y de flechas, los adelantos ilegales en las colas, la falta de uso del cinturón de seguridad, los conductores borrachos, los choferes combinando el manejo con la mensajería de texto. Y pare Ud. de contar.

En un respetable trabajo, yo lo llamaría más bien una interesante campaña, realizada por el diario Ultimas Noticias en el transcurso de la semana pasada, su equipo trata de investigar sobre todas las aristas del problema de las motos.

Bajo el titular “Un negocio al que le roncan los motores” arrancan con un trabajo bastante completo sobre el significativo incremento de las motos en los dos últimos años y cómo el estado venezolano es socio mayoritario de tres de las nueve empresas fabricantes en el país. Inmediatamente y en el mismo suplemento “El domingo” bajo el titular de “Sobre ruedas y fuera del carril” y con el subtítulo de “En los últimos 12 años ha habido seis intentos para regular el motocaos. La norma vigente no se ha cumplido” arranca un estudio pormenorizado sobre la evolución de la legislación que se ha intentado en ese periodo y por supuesto lo inútil que ha resultado.

Así; con sus variantes se van sucediendo estos trabajos durante toda la semana, consultando fuentes e incorporando testimonios de diferentes personajes involucrados, hasta llegar a lo que titulan: “40 ideas para destrancar la vía” el domingo primero de diciembre pasado, como conclusión y un aporte quizás a la solución del problema.

En el desarrollo de esta campaña se intercalan trabajos con titulares como: “Cortejos fúnebres aterrorizan al más pintado” sub titulado:”Con drogas, licor, armas y reguetón, le dan el último adiós al difunto” y se refiere a los entierros de motorizados. Un artículo prácticamente de una página, donde no se establece para nada ningún tipo de diferenciación entre los malandros y los trabajadores motorizados. O unas primeras página cuyo titular reza:”Todos no están en el mismo saco” con su correspondiente fotografía. La excepción que confirma la regla.

Todo este trabajo está teñido de la carga ideológica de una pequeña burguesía que ante esta oleada social, de raigambre profundamente popular, que le ha quitado el privilegio del abuso a sus anchas de los espacios urbanos y su gente, arremete contra ella con la implacable acusación de delincuentes, marginales, pata en el asuelo y escoria. Porque ese es el contenido en esencia del discurso, independientemente de que se deje colar que también hay trabajadores honestos y de que pudieran desarrollarse programas que finamente los dignifiquen como trabajadores del volante que son.

En “Lo que tienen bajo el casco” la licenciada Lura Weffer Cifuentes del equipo investigador de “La noticia” para este trabajo, dedica un breve espacio a reflexiones psicológico – sociales de este problema tan profundamente político. Se trata de unas opiniones del licenciado Leoncio Barrios quien dice que “Quien se sienta detrás de un volante, inmediatamente se ve invadido por una sensación de poder. No solo del vehículo, sino que además se siente dueño del tiempo y del espacio. Esta sensación de empoderamiento se acentúa si se trata de una moto, porque es un medio de transporte que tiene un símbolo que es fuerza, es potencia y es velocidad…”

Y a eso le añadimos que los que conforman esa gran masa humana, provienen de los estratos sociales más tradicionalmente excluidos y que ese poder que les confiere no solo andar encima de la moto, sino la libertad y poder que les da el que son producto de una realidad caótica, en la cual ellos más que el problema que puedan significar, representan una multitud de soluciones para problemas de la vida, de la economía, del comercio.

Las acertadas consideraciones de Leoncio Barrios, se aplican también a esos conductores que tal vez no experimenten el poder de la facilidad de subir escaleras y de colarse por pequeños agujeros en sus versátiles y ágiles vehículos. Pero si experimentan la sensación de poder que significa conducir una Hommer o una Four Runner en unas calles donde hacen lo que les da la gana porque son de ellos, con la misma actitud abusiva. Solo que ellos son la “gente decente, no quepa duda” y por supuesto no son tantos ni remotamente.

Los tiempos que corren en Venezuela son de inclusión de los preteridos y allí reside en gran parte el contenido popular de la Revolución Bolivariana. Proceso que reivindica no solo a aquellos específicamente convocados y organizados por el Presidente Chávez. Este inmenso conglomerado de los motorizados ha surgido como resultante ante todo de las deficiencias que en lo referente a la ciudad y la dinámica urbana se han venido acumulando en las últimas décadas. A ellos no los puso Chávez allí, ellos están allí producto del devenir histórico y de la dinámica social.

Sirva como ejemplo aquella medida a todas luces inconstitucional de prohibir la circulación de dos personas en una moto. Que fue derrumbada ante la necesidad, tanto por razones de empleo, como de transporte, de las Mototaxis las cuales representan un aporte importante a la solución de un problema grave de la urbe moderna venezolana.

Doce leyes distintas se han intentado en seis años, de a dos por año. Y pasarán muchos años más y decenas de leyes, que seguirán siendo inútiles mientras se enfoque de esa manera excluyente, marginante e inconstitucional la organización de los motorizados. ¿Qué derecho constitucional ampara la prohibición de circular a determinadas horas a semejante conglomerado de ciudadanos o la prohibición de circular por las principales avenidas? Los problemas de orden policial, se resuelven con medidas policiales, no imponiendo una especie de toque de queda, a una porción tan grande de la población en tiempos y condiciones normales.

La licenciada Weffer también cita a Barrios en relación a los fuertes lazos de solidaridad existentes entre los motorizados, lo cual el psicólogo social atribuye a la procedencia mayoritariamente popular de estos trabajadores del volante, dado que “en los sectores populares la solidaridad es una pauta”. Y porque le experiencia les hizo conocer las duras arremetidas de las agresiones de algunos choferes y por supuesto de los cuerpos policiales, para quienes desde hace décadas los operativos contra el hampa se denominan: cacería de motorizados.

Esa condición mayoritariamente popular, su inmenso número, la solidaridad que experimentan entre compañeros de labores, su enorme poder de movilización y el ser trabajadores insertados profunda e inevitablemente un la dinámica social y económica, les da a los motorizados condiciones que los ubica entre la vanguardia revolucionaria hoy en día. Tan solo falta la conciencia política de su ubicación histórica que se transforme en conciencia organizativa. Eso proceso ya está en marcha con las diferentes organizaciones de Mototaxistas, puesto que ello les da ubicación con organización propia en la economía en el área de servicios. Entre otras.

Nos atrevemos a afirmar que los motorizados forman parte de la vanguardia revolucionaria en este momento histórico y será solo desde esa óptica que en este espacio y en este tiempo podrán ser organizados de una manera efectiva y verdadera. Generando conciencia lejos de las actitudes represivas tradicionales.

Entre tanto seguirán cargando a sus dos y tres carajitos para llevarlos a la escuela o al juego de pelota o a la fiesta en la casa de la suegra, porque esa es su herramienta de trabajo y de vida y los caracteriza y complementa sus personalidades. Y los acosarán por aquí y por allá como lo han hecho siempre y ellos resistirán porque los motorizados contienen la esencia y la movilidad de la guerrilla urbana. Y a eso es a lo que temen tirios y troyanos. Y seguirán trabajando y luchando cada vez de una forma más organizada y más consciente por su dignificación y la construcción de la Patria Bolivariana.

Afortunadamente no se cumplió aquel pensamiento social demócrata reaccionario de Lorenzo Barquero, el papá de Marisela la hija de Doña Bárbara, de que los venezolanos tenemos que matar el centauro que llevamos por dentro. Estos centauros están más vivos que nunca y todavía tienen muchas batallas por librar. Como en abril.


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Edmundo Iribarren


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