Chávez pasa rápido

Hace 5 meses murió el presidente Chávez, las semanas parecen cortas los días no se diga y los años ni bien empiezan terminan, es una sensación nada más porque el tiempo es el mismo. Quizá por estar inmersos en esta revolución vemos como los ideales de Chávez pasan rápido, poco pensamos en lo trascendente que es el socialismo, casi no hay momentos para esta reflexión.

La crisis del capitalismo nos enseñó que los socialismos constituyen lo políticamente correcto. Los colectivos son el verdadero signo de modernidad política, el individualismo, está demostrado, no tiene futuro en el producto comunitario signo de la verdadera democracia que significa participación.

La política de derecha como el capitalismo o el neoliberalismo son una invención para continuar con los intereses individuales que utilizan el derecho para encontrarle justificación al hecho de mandar y lograr obediencia.

Las mayorías, los colectivos son realidades superiores al yo. El gobierno, los diferentes poderes que se encuentran alejados del pueblo no son una realidad colectiva que permita el funcionamiento de la sociedad con armonía. La armonía entre el ejecutivo, legislativo, judicial con el poder popular debe primar, sin embargo, la verdad es otra, el burocratismo, la indiferencia revolucionaria están ganando terreno en la revolución.

El yo del funcionario se impone en el partido, en el Buro, el sectarismo suma en las gobernaciones, alcaldías, barrios, consejos comunales, ministerios, la influencia política del yo siempre está adelante de las mulas que halan la carreta de la revolución.

Y esto esta admitido hace tiempo, con mucha más fuerza desde la desaparición del comandante, la relación revolucionaria con la economía y lo humano es o se está convirtiendo en un fracaso, estos eventos como los de Samán, pone de manifiesto que cada vez pensamos menos en la esencia del socialismo. El yo sectario se impone, olvida la legitimidad revolucionaria de la mayoría, de sus facultades y de la justificación misma del socialismo que es la revolución.

No podemos llegar a una transición a partir del yo de las estructuras políticas y publicas porque ellos representan un mínimo ciudadano, a pesar de eso se niegan a modificar su perspectiva en el derecho de las organizaciones sociales que fundan una revolución, concesión obtenida del único titular, el pueblo, que existe con fuerza para sostener una revolución.

Desconocer las molestias que el pueblo origina sirve para construir despotismos, modernas formas de dependencia revolucionarias con las estructuras del Estado, este ofrece relaciones medianamente abiertas por puertas humanas que no entienden que el yo funcionario, ministro, gobernador, alcalde, es pasajero.

Mínimos personajes conocidos salen, entran de las estructuras del Estado, conocen jefes por docenas, mínimos ególatras dirigiendo la revolución desde un despacho, carentes de ideología convencida no llegan al pueblo, la masa se saltaba esas estructuras para acudir directamente a Chávez. Es una constatación histórica del chavismo, pero, como ya no está, Chaves pasa rápido.

Grave equivocación porque el problema no está en reemplazar constantemente a él o a ella en el tren ministerial para que atrase la transición al socialismo, la solución está en mover a gente de la base a los mandos medios; bases preparadas hay por cientos simplemente no son considerados por la revolución.

Sustancial mayoría de burócratas, tecnócratas, intelectuales, chavistas somnolientos, no admiten su error en el que incurrieron cuando endiosaron su yo que no se justifica por la constatación histórica de que los pueblos construyen los socialismos, los funcionarios solo hacen florecer las utopías que no se explican ni se justifican cuando no se las concreta, incluso, eliminan derechos colectivos.

Es un grave error permitir el endiosamiento del funcionario porque se permite crecer la idea de que estos son superiores porque gozan de influencia política y económica; no se consideran empleados del pueblo, deben saber que son una circunstancial minoría que no entiende la voluntad popular

Ni siquiera suman individualmente pero están enfermos del yo, son apenas un recurso del sistema burocrático para resolver los dramas fundamentales del pueblo, pero, de ninguna manera están preparados para diseñar un socialismo ni son portadores de la verdad ni sus recursos morales son superiores a los del pueblo porque se alejan del servicio amable y eficaz para el público.

Sin el pueblo practicando algo de socialismo no se explica una revolución, porque el pueblo es la única fuente del poder legítimo, somos la soberanía del estado, los colectivos no pueden ser construcciones circunstanciales por la misma conveniencia del poder.

El Estado, la democracia, en la IV Republica eran un préstamo precario y provisional, una pequeña invención que todavía toleramos, pero, la revolución no puede quedar a medias hasta que Chávez termine de pasar en la historia.

El voto y los diferentes poderes con sus muchos sistemas de representación no tienen valor sin el reconocimiento del pueblo, de sus atributos, de sus derechos, obligaciones y calidades como seres humanos cuyo crecimiento no puede estar limitado por instituciones que son instrumentos secundarios al servicio de la sociedad que debe reclamar cada vez más igualdad, equidad y una mejor economía política.

Precisamente este es uno de los mayores problemas de la revolución, lo otro, lo estamos combatiendo, inseguridad, corrupción, lamentablemente, estamos ocultando el socialismo en la revolución, no hay una cultura socialista como meta o como un instrumento democrático a cada paso, no se ve esa cultura revolucionaria. El socialismo no debe ser un proyecto del gobierno solamente, es una necesidad del pueblo para que este camine y encuentre su propio destino con dignidad.

El voto ejercido reafirma que la revolución es el camino primario para entregarle legitimidad al socialismo, los gobiernos solo ayudan a conseguirlo.


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Raúl Crespo


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