Revolución y fe en Dios, todavía inocentes

En Venezuela el socialismo, catolicismo y la ideología revolucionaria han prevalecido siempre. Desde los años 80 después las dictaduras, el petróleo hizo que el concepto revolucionario sea ambiguo hasta la aparición de Chávez, y desde el 2003 el chavismo cuyo referente es una acción que pretende eliminar las relaciones de producción de consistencia explotadora y su peculiar sintonización que ellas hacen de la sociedad, sacrificio de la clase pobre muy creyente en Dios, es el eje central, el elemento clave de la idea socialista chavista de revolución dirigida a dar al pueblo la mejor calidad de vida posible.

Sin embargo, nada obstaculiza con mayor fuerza al proceso revolucionario que la figura de un Cristo crucificado el paso al socialismo por la cultura política que representa, realidad histórica concreta contra la igualdad social desde la aparición del manifiesto comunista, la Iglesia no presenta un Jesús revolucionario y socialista multiplicando los panes y los peces o un guerrero enfrentando al imperio romano, nos presentan el Jesús político crucificado por fundar el catolicismo y por alterar la legalidad que rige la convivencia humana.

Lo político, dimensión característica de la sociedad se actualiza de manera privilegiada cuando esta se reafirma en Dios, en ese momento la política entra al límite para los cambios que debería atravesar la sociedad en época revolucionaria, allí, la iglesia determina que la sociedad está en peligro y como es el Dios de la masa acuden a la Iglesia o a las marchas masivamente no para pedir un cambio de sistema sino para pedir perdón por los pecados y para que Dios los ayude individualmente, esta característica egoísta alimenta la política del catolicismo capitalista defendida obstinadamente por el pueblo.

Así, el pacto entre Chávez, Dios y el pueblo, masa que votara por la reelección porque considera que hay posibilidades de crear nuevas formas de socialismo con nuevos pactos y nuevos teatros para proyectar en el país la seguridad alimentaria y una industria manufacturera acompañada necesariamente del concepto chavista como núcleo del proceso que poco a poco desplaza la idea bolivariana sin que Bolívar deje de ser el padre de la patria.

Pero, con el chavismo están los comunistas, socialistas y revolucionarios, claman se practique la vieja idea sumamente compleja que hace de las revoluciones un mito, la sustitución de la sociedad tradicional por una nueva sociedad diseñada de acuerdo al progreso de la producción adaptando a la sociedad al desarrollo tecnológico de los medios de producción, para lograrlo hay que eliminar a la mujer y hombre tradicional sustituyéndolo por uno nuevo capaz de crecer con la sucesión de revoluciones industriales que se nos vienen encima en este siglo por el calentamiento global.

Esto del hombre y mujer nuevos es viejo, apareció allá con el renacentismo después de la ascesis cristiana de la edad media que en vano intento borrar los apetitos del cuerpo y la mente para domesticarlos, apetitos esenciales, humanos para la vida; la inquisición buscaba reducir al ser humano a la condición de esclavo permanente sometido a la única sustancia universal y abstracta Dios, pero, no lo lograron porque el ser humano puede ser manso pero no menso además de ser contemporáneos de los triunfos políticos que impulsan nuevas fuerzas productivas, hombres y mujeres capaces de recomponer la consistencia cualitativa de la vida recomponiendo para sí mismos una identidad revolucionaria capaz de crear nuevos sistemas de valores de uso.

Para los pueblos el socialismo es una necesidad política sosteniendo la fe en Dios, todavía inocentes las masas chavistas católicas, ven en sus creadores una recomposición y no una creación ex nihilo, anuncia la desmesura de una actividad revolucionaria mezclada en la creación. La semana santa y la navidad fortalecen el poder de influencia de la Iglesia vaticana administrada por el mercado capitalista; mundo chavista comparte un mundo burgués capitalista, los dos sostienen el proceso que desprecia al proletariado en nombre de la mujer y hombre chavista todavía no socialista.

El concepto socialista chavista comparte literalmente la idea de Marx “la revolución comunista es pensada como posible aquí y ahora, las condiciones están maduras para transformar radicalmente las relaciones de producción” y como dice Chávez “estamos en un proyecto que requiere de mi reelección para que la revolución no dé marcha atrás” revolución chavista primero ve al socialismo como una meta futura a la que hay que acercarse a través del chavismo.

El chavismo no asume a sí mismo una revolución completamente radical capaz de sustituir una esencia humana por otra ni con ayuda de Dios, paradójicamente, el socialismo reformado de Chávez no pretende otra cosa que completar este proyecto con ayuda de Dios, único capaz de aliviar o curar el cáncer para llegar a la segunda reelección, de no ser así, la idea revolucionaria quedaría en manos del pueblo para una transformación radical para saltar a la transición socialista diferente a la capitalista establecida con ayuda de Dios.

Ni con ayuda de Dios se puede sustituir a la mujer y hombre actual si el chavismo no cambia el sistema y sus estructuras educativas, culturales, económicas y políticas, no puedo decir que el chavismo es revolución ni que el socialismo está en marcha o que es una y la misma cosa, porque, el hombre y la mujer nuevos se viene dando lentamente en la medida que el chavismo avanza por el espíritu de Dios para sustituir la empresa capitalista porque no es así.

Dios no ha querido o no ha podido aliviar la inflación en estos 12 años por decir algo, hay una ambigüedad en el concepto de revolución manipulada por el catolicismo y su experiencia de 2000 años, otorga a la Iglesia un enorme poder cultural político contra el socialismo esgrimido o sutilmente o descaradamente, porque, a la Iglesia católica no le interesa que el pueblo despierte debatiendo la palabra de Jesús, al capitalismo poco le conviene el avance revolucionario hacia la practica socialista.

Vivimos una mezcla de desengaño y optimismo como resultado de la desilusión y euforia por lo logrado, es algo así como la consecuencia del reconocimiento a la bondad de Dios para que efectivice la revolución sin que nosotros lo ayudemos con las fuerzas productivas para que una nueva cultura entre en empatía con la convicción revolucionaria, apunta mas a un sentido destructivo que a uno creativo porque el proceso no puede esperar solo la voluntad de Dios sino al equilibrio entre el progreso en la calidad de vida del pueblo con las relaciones de producción destruyendo la impronta de su estructura explotadora, con ella destruir la reproducción social capitalista católica que se multiplica automáticamente por ser formas de civilización muy antiguas y solidarias entre sí.

Esto nos lleva a una pregunta ¿Qué posibilidades tiene el chavismo creyente en Dios, manipulado por el poder que tiene la jerarquía eclesiástica, para construir una revolución socialista en los próximos 6 años si en 12 no hemos podido con la revolución pacífica contra el romanticismo de las revoluciones armadas? Romanticismo porque antes se planteaba los cambios llenos de ideales entregando la vida por ser consecuentes con los principios y convicción de querer el cambio de sistema económico político.

La contestación a esa pregunta seria, la fe es lo último que se pierde.


rcpuma061@yahoo.com


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Raúl Crespo


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