Alquimia Política

El anti-estatismo de Bakunin

Se hace necesario esgrimir ideas acerca de hombres y mujeres que entendieron con claridad suprema que el fin último de quienes hacen la revolución es la transformación, ir más allá de los contornos de un Estado y adentrarse en la conciencia y en la cotidianidad de la gente. Por esta razón, en la medida de lo posible, iré acercando al lector a pensadores que tuvieron clara esta visión y que lejos de andar pregonando por ahí que son “más revolucionarios que otros”, hicieron revolución. Uno de esos personajes es Mijaíl Bakunin (al cual conozco muy bien porque mi tesis de pre-grado, y casi todas mis investigaciones posteriores, desde 1993, han estado hilvanadas a su pensamiento).

Bakunin (1814-1876), fue un anarquista ruso contemporáneo de Karl Marx; muy conocido en aquella primera generación de filósofos anarquistas; fue considerado uno de los precursores de este pensamiento, dentro del cual defendió la tesis colectivista. Las ideas de Bakunin se presentan en varios puntos fundamentales. La concepción antiestatista, el federalismo, la solidaridad, la organización de los trabajadores y la necesaria compenetración con las constantes revolucionarias que inciden sobre el cambio y transformación del universo social.

El hombre, como realidad (y no como la fábula bíblica), en sentido muy claro "...se ha emancipado, se ha separado de la animalidad y se ha constituido como hombre; ha comenzado su historia y su desenvolvimiento propiamente humano por un acto desobediencia y de ciencia, es decir, por la rebeldía y por el " pensamiento". Esta emancipación del hombre es para Bakunin la concreción de tres elementos, que en una medida ascendente, se han dado en el surgimiento de la raza humana. Tres principios fundamentales constituyen las condiciones esenciales de todo desenvolvimiento humano, tanto colectivo como individual, en la historia: 1° la animalidad humana; 2° el pensamiento, y 3° la rebeldía. El primero corresponde a la economía social y privada; segundo a la ciencia y el tercero, a la libertad. Estas ideas mueven el universo social de lo que verdaderamente es humano y alcanza ese fin último de "rebeldía" que equivale a un sistema social en donde el hombre sea dueño de sí mismo y su "yo soy, hoy soy yo" se convierta en las banderas nacionales de la gran fraternidad social denominada raza humana.

Según argumenta Bakunin, el sistema imperante ha impuesto la creencia de un Dios. Ello, desde su punto de vista, se debe a un mal necesario. Hay una categoría de gentes que, si no cree, debe al menos aparentar creer. Son todos los atormentados, todos los opresores todos repetirán al unísono estas palabras de Voltaire: Si "Dios no existiese habría que inventarlo". Porque, comprenderéis, es precisamente una religión para el pueblo. Es la válvula de seguridad. Y puesto que se ha comprobado que los pueblos de todas las épocas de su vida han creído, y creen todavía, en Dios, debemos concluir simplemente que la idea divina, salida de nosotros mismos, en un error históricamente necesario en el desenvolvimiento de la humanidad. A tal respecto Bakunin se formula la siguiente interrogante: ¿Por qué y cómo se ha producido en la historia, por qué la inmensa mayoría de la especie humana acepta como verdad la religión? La respuesta a ello la encuentra Bakunin en la configuración de un tentáculo que sirve como brazo de dominio físico de la sociedad: el Estado.

EL Estado, que es en visión atinada de Bakunin "consagrado en la Iglesia", asume una connotación de Estado militar y se convierte necesariamente, en un Estado conquistador; porque si no conquista él, será conquistado, por la simple razón de que donde reina la fuerza no puede pasarse sin que esa fuerza obre y se muestre. Por consiguiente, el Estado moderno debe ser absolutamente un Estado enorme y poderoso: es condición fundamental de su existencia.

Por su parte la idea de Dios, que consagra al Estado en su papel de Ley y Orden de la sociedad, implica "la abdicación de la razón humana y de la justicia humana; es la negación más decisiva de la libertad humana y lleva necesariamente a la esclavitud de los hombres, tanto en la teoría como en la práctica". A tal efecto, todo aquello que está amparado en perpetuidad de una negación de la libertad humana, esclaviza al hombre y le hace sujeto de todas las injusticias.


En este punto de vista se edifica la idea antiestatista de Bakunin: ¿Qué representa el Estado? La suma de negaciones de las libertades individuales de todos sus miembros; o la suma de sacrificios hechos por todos sus miembros renunciando a una parte de su libertad en favor del bien común. En lo que respecta a la autoridad, como concepto instrumental del Estado, Bakunin manifiesta certeramente su posición: “Aceptamos todas las autoridades naturales y todas las influencias de hecho, ninguna de derecho; porque toda autoridad o toda influencia de derecho, y como tal oficialmente impuesta, al convenirse pronto en una opresión y en una mentira, nos impondría infaliblemente, como creo haberlo demostrado suficientemente, la esclavitud y el absurdo. En una palabra, rechazamos toda legislación, toda autoridad y toda influencia privilegiadas, patentadas, oficiales y legales, aunque salgan del sufragio universal, convencidos que no podrán actuar sino en provecho de una minoría dominadora y explotadora, contra los intereses de la inmensa mayoría sometida.”


Estas ideas las concluye Bakunin diciendo: "He aquí en qué sentido somos realmente anarquistas”. La libertad, por su parte, en Bakunin tiene un sentido de solidaridad y fraternidad entre los hombres. Ella se da por la unión espontánea de la sociedad y no por la imposición de una religión o Estado, que en su más directo interés está el del someter las libertades en tomo a una libertad que supuestamente dictaminan lo divino y trascendental en las relaciones de los hombres: “Sólo soy libre cuando todos los seres humanos que me rodean, hombres y mujeres, son igualmente libres. Lejos de limitar o negar mi libertad, la libertad de los demás es su condición necesaria y su afirmación. Sólo soy libre en el verdadero sentido de la palabra en virtud de la libertad de los demás, de manera que cuanto mayor es el número de personas libres que me rodean, y cuanto más amplia, profunda y extensa es su libertad, más profunda y amplia será la mía”.


En cuanto a la revolución, como medio para transformar la sociedad, Bakunin la concibe como un todo compacto que se expande internacionalmente: "No puede ser una revolución aislada, en una sola nación". Ahora bien, para lograr esa internacionalización de la revolución es necesario organizar bien el movimiento. Y qué mejor ocasión, intuía Bakunin, que aprovechar la euforia de la clase obrera para encaminar un movimiento coherente que dé, de una vez por todas, la cara por los desposeídos y elimine el parásito del Estado de una vez y para siempre. Sólo un pequeño número de individuos, expresaba Bakunin, puede ser arrastrado por una idea abstracta y "pura". Los millones, las masas, no sólo del proletariado sino también de las clases instruidas y privilegiadas, sólo se mueven por el poder y la lógica de los "hechos", captando y previendo la mayor parte del tiempo sólo sus intereses inmediatos, o empujados únicamente por sus pasiones monetarias más o menos ciegas. Por consiguiente, para interesar y atraer a la totalidad del proletariado al trabajo de la Internacional, es necesario acercarse a ellos, no con ideas generales y abstractas, sino con una comprensión viva y tangible de sus problemas urgentes, de cuyos males esos trabajadores tienen conciencia de una manera concreta.


*.- azocarramon1968@gmail.com


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Ramón E. Azócar A.*

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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