Cultura utópica en la política de izquierda

Abolir el capitalismo y la propiedad privada, las clases y el estado por una comunidad democrática es la ley de la radicalidad comunista ¿lo es del socialismo? Suena bien pero no es fácil de cumplir, es el discurso de Marx, Lenin, Luxemburgo, los Castro, en su momento de Ortega, Mujica, para reconstruir una nación-Estado punto de partida de una lucha revolucionaria prometedora para el nuevo hombre y mujer del socialismo del siglo XXI.

Por el siglo XVIII la tentación de cambiar el mundo después de la revolución francesa se acentuó, las revoluciones burguesas tomaron el control absoluto de la política con ayuda de la Iglesia, nunca trajo una posibilidad de justicia social, expulso a la utopía de un porvenir de equidad social, la utopía se refugió en el progresismo, mientras se sostuvo en la izquierda la crisis y los estragos del capitalismo no consolidaron el socialismo ni el comunismo sino brevemente; las revoluciones en Sudamérica otorgan otro sentido técnico con las renovaciones al espíritu de la utopía, la pregunta es ¿durara mas allá del socialismo soviético?

Acoplar los nuevos tiempos industriales y productivos, circulación y consumo globales con el comportamiento social es parte de la gestión política elemental de un proceso de cambio que no puede seguir siendo tradicional porque se confunde con las reformas económicas-políticas necesarias para actualizar la cultura progresista si quiere sobrevivir en estos tiempos en donde la derecha y la izquierda se mezclan, aun con posiciones diferentes continúan ayudándose para la dinámica de una historia regida por el desarrollo tecnológico.

¿Dónde o en qué nivel se encuentra la crítica de ese modelo de producción-económica en base a la energía fósil manejada por la sociedad burguesa que la impulsa, a veces percibido como inevitable incluso soportable porque no se puede hacer más implicaría que sea visto como razonable para la ideología de izquierda?

Izquierda política y derecha, socialismo y capitalismo son formas simultáneas que coexisten en una misma sociedad porque transitan en paralelo en un mismo sistema asimilados por la población, han pasado más de 150 años y la meta de una mejor democracia autónoma, soberana, libre, industrializada y progresista en su organización social y en su gestión política no se ha cumplido, me atrevería a decir que es la misma excepto por los cambios tecnológicos absolutamente innovadores para la cultura humana no para la cultura política que no ha podido modernizarse aun cuando se presupone que la significación de la palabra socialismo ha dejado de ser la misma; la asimilación de los procesos de cambio no se han subordinado con lo que implica soberanía, libertad, porque la participación revolucionaria sigue siendo representativa.

En la representación política descansa el fracaso socialista, representación disfrazada de participación parlamentaria el proceso no es independiente, no tiene consistencia propia, desde el principio gira en torno a la demagogia y a los cambios oportunistas que de él salgan para llamarlo progresismo, ayuda a quitarle lo categórico al no implícito de socialismo para entenderlo según nuestra esperanza como un no, pero, prometedor a la palabra utopía.

Sin embargo, el dominio practico devastador de la derecha sosteniendo la desigualdad social ha guiado la cultura política de la izquierda con un discurso lógico y humanista frente al poder económico técnico del capitalismo; aun con las reformas el socialismo continua siendo un sustituto ineficiente para las revoluciones de izquierda en la búsqueda colectiva de la justicia social y, si se lo aparta de lo moderno en su cultura y educación, el socialismo reformado económicamente y socialmente para gobernar con libertad y justicia, desarrollo y progreso capaz de sustituir al sistema tradicional en el que ha existido la política será una utopía difícil de agarrar.

Da la impresión que el destino del socialismo depende del dilema capitalista cada vez que está en una situación límite, pero, persistente en el desarrollo tecnológico afirma la vida y la aceptación de la muerte y al dejar sin la cultura tradicional a las civilizaciones las lleva en dirección de lo abominable; pueblos históricamente desencantados por la inspiración socialista porque no se concreta o porque sobreviven poco tiempo o porque interactúa con el capitalismo, es una historia repetitiva que clausura la transición al socialismo para un mundo mejor realmente posible.

Entre ciencia, tecnología y capitalismo existen relaciones que son propias, totalización completa e independiente, una parte de ella sirve para trabajar en la utopía socialista en condiciones de imponerle reformas parciales para amoldar la economía a la dimensión social con justicia que se busca capaz de expulsar al animal humano de la animalidad del mundo capitalista.

Raúl Crespo.
rcpuma061@yahoo.com


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Raúl Crespo


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