El humanismo radical de Carlos Marx

 
El análisis científico de los fenómenos concurrentes que se expresan en la crisis actual del capitalismo a escala planetaria, obliga a una reflexión profunda sobre la naturaleza misma del sistema, las contradicciones que le son inmanentes y la apertura de una brecha conceptual sobre la cual se fundamente la posibilidad de superarlo.

La bancarrota del mercado financiero internacional, junto a la de la deuda, con su consecuencia directa en el alza del desempleo, en medio de una prolongada recesión, revela que en el conjunto de la economía del centro capitalista se registra una crisis general, que, a la vez, coincide con la inestabilidad del mercado energético, la contracción del mercado alimentario y la agudización del cambio climático. Las bases teóricas y políticas del capital están siendo cuestionadas a fondo.

El andamio filosófico del neoliberalismo cruje al estallar la “burbuja” financiera, pero, no por ello deja de ser la columna vertebral de la política económica global. Las consecuencias de la crisis se expresan en guerras, creciente turbulencia social y debacle política. A la polémica entre el papel del Estado en la economía y los límites del “mercado”, se suma la del “modelo” económico. En un brevísimo período histórico, pasamos del agotamiento del modelo keynesiano a la reestructuración del capitalismo, proceso que tiene como eje las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, base material de la nueva fase de la mundialización del capital, que ratifica su carácter universal y universalizante.

Nada tiene de novedoso su especificidad global. ¿Puede obviarse que la circunnavegación a África y América generó las condiciones para el surgimiento del mercado mundial, a partir del siglo XVI? ¿No es en esencia Bretton Woods un modelo global, con sus instituciones como el FMI, el Banco Mundial y lo que derivó en la Organización Mundial de Comercio?
Confirmada está la tesis que estudia el desarrollo capitalista a partir de una realidad geopolítica, en la que existe un centro y una periferia, a lo que se agrega, que las políticas de las instituciones internacionales responden a los intereses de las grandes potencias, y, de manera inequívoca, a los del imperialismo norteamericano. Para no desviarnos a otro campo de análisis, únicamente apuntemos un hecho que es incontrovertible: la situación internacional está signada por una agresiva política militarista de Estados Unidos y sus aliados, al mismo tiempo que se registra la transición de la unipolaridad –que nace con la implosión de la Unión Soviética-, a la multipolaridad.

El neoliberalismo surge anunciando que hemos llegado al fin de la historia, denostando las experiencias socialistas y los aportes teóricos de Marx, el concepto “mercado” lo elevan a la condición de “ser supremo”, cuyas reglas modelarían a la sociedad toda. Sostienen que la nueva fase de la globalización torna imposible la existencia de un sistema alternativo fuera del mercado. Aquí, hay una distinción importante. Es necesario tomar el lápiz y subrayarla: “Este argumento sería correcto si se supusiera que puede haber una vía de progreso económico al margen o paralela a la definida por el capital. Pero entonces ya no estaríamos hablando de Marx, sino de las múltiples variantes ideológicas del nacionalismo de Estado que, aprovechando el ambiente de fomento de los mercados y la industrialización interna enarbolada por las políticas keynesianas, creyeron hallar en el capitalismo de Estado una anticipación del socialismo o, al menos, una “vía propia” y novedosa…”(1)
La ruta analítica de Marx es otra. En el Manifiesto Comunista sostiene que: “La condición esencial de la existencia y de la dominación de la clase burguesa es la acumulación de la riqueza en manos de particulares, la formación y el acrecentamiento del capital. La condición de existencia del capital es el trabajo asalariado. El trabajo asalariado descansa exclusivamente en la competencia de los obreros entre sí. El progreso de la industria, del que la burguesía, incapaz de oponérsele, es agente involuntario, sustituye el aislamiento de los obreros, resultante de la competencia, por su unión revolucionaria mediante la asociación. Así, el desarrollo de la gran industria socava bajo los pies de la burguesía, las bases sobre la que ésta produce y se apropia de lo producido. La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros. Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitables”. (2)

A todo riesgo, luce como necesaria una síntesis esquemática, a la hora de explicar los componentes de las fuerzas productivas que le son propias al capitalismo: la materia prima, el capital y la fuerza de trabajo, pero, la fuerza de trabajo es lo único que es estrictamente no – capital, y, a la vez, es su fuente de reproducción. ¿Por qué? La fuerza de trabajo es una mercancía, se cotiza en el mercado y se rige por la competencia, no obstante, tiene una particularidad que la diferencia sustancialmente de otras mercancías: es la que crea valor. He ahí uno de los descubrimientos fundacionales del socialismo científico, expuestos en el Manifiesto que la Liga de los Iguales, le encargó a Marx y a Engels redactar en 1848, labor que desarrollaron en un viejo edificio de la plaza mayor de Bruselas.

Resulta ilustrativo indicar que “la subsistencia material del mundo moderno descansa sobre el intercambio de fuerza de trabajo. En la miríada de objetos que circulan en el mercado mundial, ninguno se acerca a los montos de dinero por los que se le hace equivalentes. A la usanza de los economistas, permítaseme decir que el mundo produjo en el año 2004 unos 68 billones de dólares. De ellos, no menos de 40 billones sirvieron para pagar una sola mercancía que se intercambia dondequiera, y además, única en el seno del volumen del comercio mundial: la capacidad de hacer que lleva consigo el esfuerzo humano”. (3).

Agrega el profesor Baptista: “El gran hallazgo que reclama Marx haber realizado, su aportación a la determinación de los horizontes de la sociedad contemporánea, consiste precisamente en la develación de que el contrato de trabajo, tal y como se presenta ante nuestros ojos, lleva consigo una desventaja, un desequilibrio, una exacción para el trabajador. En suma, y para no ahondar en un tema que pudiera llevarnos muy lejos, el trabajador, sostiene Marx, entrega más del equivalente que recibe cuando vende su capacidad productiva”. (4).

En “El Capital”, Marx, se dedica a investigar las causas que determinan la existencia de un sistema de explotación y alienación, es, sin duda, su logró histórico, además, de encontrar que es en la universalización del capital donde están las bases materiales del socialismo. Lejos está de los utopistas, de los que construyen “castillos de arena”, de los que no alcanzan a comprender que es en el desarrollo de las contradicciones del propio capitalismo desde donde se puede crear una nueva sociedad de hombres y mujeres libres. No pasemos por alto, ésta, que es una explicación aleccionadora: “Mi investigación desemboca en el resultado de que, tanto las relaciones jurídicas como las formas de Estado no pueden comprenderse por sí mismas ni por la llamada evolución general del espíritu humano, sino que radican, por el contrario, en las condiciones materiales de vida cuyo conjunto resume Hegel, siguiendo el precedente de los franceses e ingleses del siglo XVII, bajo el nombre de “Sociedad Civil”, y que la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la Economía Política”. (5).

Todo un continente teórico se inaugura con Marx, una novedad a todas luces, cuando incorpora la historia a la crítica de la sociedad capitalista, para el Prometeo de Tréveris: “La naturaleza humana ha de hallarse en “la comunidad verdadera de hombres”, lo que equivale afirmar que sólo “en sociedad” puede plenamente individualizarse. Pero esa individualización no es más que “producir y crear la comunidad humana”, que producir y crear la historia”.
La universalidad del capitalismo genera las condiciones para la universalidad de la clase trabajadora, con su asociación, su unidad, y una acción política consciente y derivada de la construcción de una nueva hegemonía “moral e intelectual”, al decir de Gramsci, será posible alcanzar la liberación de la sociedad, escindida, dominada y explotada, por una burguesía, que es, también, universal.

El humanismo radical de Carlos Marx es una perspectiva histórica, para él, ser radical es agarrar por la raíz la cuestión que importa. Pero para el hombre la raíz es el hombre mismo…”. (6)
La agudización de las contradicciones de la sociedad moderna en estos tiempos de crisis, afirma la vigencia de la revolución socialista mundial.

Notas bibliográficas.
1.- García Linera, Álvaro. (2008): El Manifiesto Comunista y nuestro tiempo. En “La potencia plebeya”. Edición del Instituto Internacional de Integración del Convenio Andrés Bello. La Paz. (P/59).
2.- Marx, Carlos y Federico Engels. (1980): El Manifiesto Comunista. Editorial Progreso, Moscú. En Obras Escogidas. Fue escrito en 1848.
3.- Baptista, Asdrúbal. (2008): Itinerario por la Economía Política. Academia Nacional de Ciencias Económicas, Ediciones IESA. (P/83). (El subrayado es nuestro).
4.- ________________ . (P/118).
5.- Marx, Carlos. (1981): La guerra civil en Francia. Editorial Progreso. Moscú. En Obras Escogidas. Escrito por Marx en mayo de 1871. (P/517).

6.- Marx, Carlos. Crítica a la filosofía del derecho de Hegel. (1843).

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Roy Daza

Diputado del Parlamento Latinoamericano

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