No crea riqueza, es un valor de uso a secas; lo hace sólo cuando se convierte en capital

El Dinero no Enriquece a Nadie

El dinero adolece de ser una mercancía “chucuta”, sólo tiene valor de cambio porque su valor de uso es sólo para el cambio. Un pan nos alimenta en sí mismo y sirve para su venta, por tanto es una mercancía, no así el dinero que nadie lo compra, salvo los prestatarios y deben reintegrarlo con creces usurarias.

Por definición, el capital es dinero utilizado en la compra de medios de producción y, particularmente, mano de obra. Cualquier persona puede adquirir un vehículo o una máquina de coser, pero sólo se enriquecería si usa esos bienes para explotar a sus respectivos operarios, un chófer o una costurera, porque sencillamente sólo entonces ese dinero usado como pago por el precio de aquellos medios se convierte en capital, y es este el que termina enriqueciendo a su tenedor.

Obsérvese que los asalariados reciben grandes sumas de dinero a los largo de sus 20 años o más de trabajo continuo; sin embargo, esa suma de dinero jamás lo hace rico, salvo que haya obtenido ingresos suficientes y ahorros forzados que le hayan permitido realizar compras como las del vehículo o máquina de coser, materias primas, etc., aplicados como medios y mano de obra productiva porque sólo así pasa a vivir de la plusvalía, a enriquecerse con esta, pero jamás con el dinero ahorrado.

No es el ahorro dinerario el medio de enriquecerse, nunca lo ha sido, es la explotación hecha sobre la mano de obra adquirida, ayer esclava o feudal, y hoy asalariada. Se trata de la explotación de esa mano de obra que obvia e inevitablemente requiere el concurso de los medios de producción también comprados con dinero. Los intereses recibidos del banco donde se tenga cuentas de ahorro, por ejemplo, no provienen del pago de los intereses que hace el prestatario empresarial, sino de los asalariados empleados con esos créditos, así como el comerciante obtiene ganancias provenientes de los mismos obreros asalariados que le permiten vender mercancías adquiridas pro debajo de su valor y revenderlas a su valor.

Desde luego, para tener un capital y ser capitalista es condición necesaria tener dinero pero no es este la razón del enriquecimiento ni mucho menos la fuente del mismo. Por eso se ha elogiado, respetado y premiado la actividad empresarial, aquella prestada por gente que dedica su dinero al montaje de empresas varias, a organizarlas, sostenerlas y enfrentar la guerra intracapitalista que suelen escenificar todos los empresarios entre sí porque todos se desenvuelven dentro de un sistema donde ninguno de los dueños de dinero, ninguno de los empresarios de cualquier sociedad, conoce de solidaridad, ni de paz, sino de una tenaz y permanente competencia que puede perfectamente extremarse hasta los límites de las guerras mundiales que ya hemos conocido.

Por eso, debe buscarse un mecanismo que permita un mejor reparto del dinero circulante, pero como este no es más que una mercancía, un medio de compra y de pago, un Estado puede perfectamente crear dinero inorgánico, en el caso de la Renta Petrolera, y como lo es también el dinero procedente de créditos sólo amparados en la renta petrolera futura o en los posibles impuestos a toda la sociedad de contribuyentes, y con ese dinero, previo acuerdos dentro de la sociedad, obtener medios de producción y contratar mano de obra bajo condiciones capitalistas o no capitalistas. Por ejemplo, un Estado rentista petrolero como Venezuela, hace bien en repartir la renta petrolera entre personas dispuestas a convertirse en empresarios, y que así o hagan, pero debe evitar y suprimir a todo aquel que se mete a empresario, a comprador de medios y mano de obra, que así lo ha hecho y hasta pretende seguirlo haciendo, meterse a empresario artificial sólo para hacerse de un dinero, y ciertamente invertirlo en medios y mano de obra, pero sin lograr su capitalización. No basta el dinero, este debe ser capitalizado bajo formas capitalistas o de otra índole.


Los cientos y millares de beneficiarios del Fisco Nacional venezolano que han recibido y se han “enriquecido” con ayudas dinerarias y de otro tipo, de este Estado, no han terminado por convertirse en capitalistas, sino en vividores de ese generoso o pendejo productor de burgueses sin capital. Se trata de burgueses sin capital, aunque con mucho dinero. Países capitalistas pioneros, como Inglaterra, comenzaron un fuerte y expandido proceso de capitalización; lo hicieron con empresarios, con gente ahorrativa, cuidadores de cada penique debidamente aplicado a la explotación de asalariados, pero quienes terminaron creyendo que sus riquezas adquiridas mediante esa capitalización respondía a su dinero o, en todo caso, a su industriosidad como empresarios. Por eso recibieron las loas schumpeterianas1. Con ello, han dejado de lado la verdadera fuente de la riqueza que debe llevarlos a la conclusión de que no ha sido el dinero el creador de riquezas, sino la mano de obra subpagada, es decir, el pago de salarios y la negación de la plusvalía.




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Manuel C. Martínez M.


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