La propuesta del desarrollo endógeno tiene que partir de otros valores...

La propuesta del desarrollo endógeno tiene que partir de otros valores de otra concepción de la economía, de lo social, de lo político

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Buenas Tardes, compatriotas, hermanos, compañeros, camaradas. Para mi es gratificante conversar un poco en este auditorio conjuntamente con el grupo de panelistas sobre estos aspectos de la revolución bolivariana que tienen que ver con territorio, población, aunque yo voy a centrarme en el desarrollo, o en los tópicos que apuntan al debate sobre el desarrollo, muy puntualmente sobre lo que implica hoy en Venezuela la propuesta del desarrollo endógeno e incluso asumido desde la Misión Vuelvan Caras, de la cual formo parte desde sus inicios como Coordinador de la parte formativa de dicha misión.

Y quisiera puntualizar ese elemento introductorio, porque de golpe tengo la tentación de dar vueltas sobre tópicos que apuntan hacia la historia, y básicamente suscribo el itinerario intelectualmente que plantea el compañero que me antecede, porque esta es una pelea palmo a palmo que hay que darla en la memoria colectiva, en el imaginario de nuestra gente, en la reconstrucción de los acervos culturales; y he elaborado un ensayo que es una recopilación de cosas que tienen que ver con el proyecto Nuestra América y la trayectoria de la corriente histórica en Venezuela, que ustedes tienen en sus manos, donde asumo que esta revolución es cultural, y le había puesto el título inicialmente ¿O no será?, y alguien me corrigió y me planteo que le pusiera O Reproducirá la Dominación, queriendo señalar que hoy por hoy todas las experiencias de las revoluciones en el mundo dicen que si no cambiamos los valores, las actitudes, las costumbres de nuestros pueblos, el régimen anterior se restaura. Es decir, una tarea importantísima de este proceso en este momento, tiene en el horizonte el cambio de mentalidad.

Es una transición que el Comandante Chávez ha definido con cierta claridad y que yo suscribo sin ser un chavista acrítico o subordinado intelectualmente, pero que comparto plenamente. Hoy tenemos que dar un salto, hoy el gobierno revolucionario, el movimiento popular tiene que dar un salto en la conciencia colectiva, en la ideología; y en la Misión Vuelvan Caras, particularmente, hemos venido batallando por abrir una brecha en ese sentido, en la conciencia no solo del gobierno sino de los actores involucrados, quiero decir los lanceros, aquellos que son beneficiarios directamente de la misión. Y aquí ustedes podrán encontrar el hilo de parte de esa discusión que yo no voy a repetir, por supuesto, porque ustedes lo podrán leer con calma.

Voy a concentrarme en hacer como un marco diferencial entre lo que nos legó el puntofijismo en la concepción de desarrollo, y lo que nosotros planteamos hoy con fuerza y que debemos asumir como una tarea, digamos trascendente, si queremos hablar de revolución, revolución integral, porque el desarrollo endógeno apunta hacia la transformación profunda de las estructuras. Les hecho un cuento o una anécdota sobre esto. Hace dos años el equipo del Ministerio de Educación Superior, discutiendo con el Presidente Chávez uno de sus programas como lo es Todas las Manos a la Siembra, éste nos hizo una observación sobre la necesidad de enmarcar esta iniciativa en la perspectiva del Desarrollo Endógeno, porque en el programa Todas las Manos a la Siembra nosotros hablábamos de desarrollo local sustentable, de un desarrollo que tiene un anclaje en el lugar, en la parroquia, en la localidad, en el caserío; que tiene sus raíces sembradas en la conciencia, en la organización popular.

Pero, el Comandante Chávez nos dijo: «Miren yo vengo reflexionando sobre este problema, y tengo una preocupación que en Venezuela de golpe perdemos la brújula en muchas cosas; y les voy a pedir que ustedes como equipos intelectuales que están comprometidos, que elaboran teorías»- y casi se dirigió personalmente a mi para decir: «Carlos, tú que te la pasas investigando y que haces teorías o que te metes con el problema de la ideología, mira aquí está un texto de Oswaldo Sunkel el cual deben leer y trabajar de una manera crítica adaptándolo a nuestra realidad ya queno se trata de copiar. Yo les recomiendo que el proyecto que ustedes están planteando lo inscriban dentro de esta idea, ahí está una clave de lo que vamos a plantear, de lo que vamos a discutir.

A mi me pareció un gesto bien honesto intelectualmente, porque ningún ideólogo, un jefe de estado ante un público, en la cual estábamos los directores, los viceministros y el Ministro de Educación, se atreve a reconocer que él está en una búsqueda, está indagando, está proponiendo una salida. Para mi fue un acto -digamos- de humildad que me conmovió, y que me hizo tener mucha mayor confianza en el tipo de liderazgo que tenemos; digo yo sin ser un chavista trasnochado o acrítico. Porque aquí van a encontrar elementos críticos de nuestra gestión y particularmente al combate del puntofijismo en el seno de la revolución bolivariana..

Bueno, nosotros hicimos un seminario sobre Oswaldo Sunkel, y de allí derivamos una caracterización de lo que consideramos el desarrollo endógeno, los núcleos endógenos de desarrollo, como era el caso del programa Todas las manos a la Siembra. Replanteamos una definición de Núcleos Endógenos de Desarrollo Agrario Sustentable (NEDAS), y trabajamos en eso desde hace dos años. De tal manera, que cuando aparece la Misión Vuelvan Caras, el gabinete social que promovió ese programa en el cual estaba la Ministra María Cristina Iglesias, le fue fácil tomar en cuenta que habían antecedentes que estaban escritos, donde hay materiales, hay experiencia, independientemente que nosotros tenemos que enfrentar aquí las viejas concepciones del desarrollo, en el propio seno del gobierno revolucionario.

Tenemos que enfrentar la herencia puntofijista en ministros, directores en línea, institutos autónomos, corporaciones regionales, gobernaciones, alcaldías, porque esta revolución está en una transición; como dice el compañero, aquí lo viejo no ha muerto y lo nuevo está naciendo.

Pero, aquí diríamos que la razón tarde o temprano se impone y se abren causes sobre la base de perseverar, de mantener una lucha ideológica y de buscarle viabilidad a estas propuestas. Entonces, cuando se monta el proyecto la Misión Vuelvan Caras no fue difícil que María Cristina dijese: «Los antecedentes de la Misión están en Todas las Manos a la Siembra «. Y por lo tanto debemos tomar en cuenta la fundamentación que tiene el desarrollo endógeno no sólo en Oswaldo

Sunkel, sino en las elaboraciones que nosotros veníamos haciendo. Y quiero plantear aquí un elemento teórico de diferenciación o de matices que hay con la elaboración de este autor, para el debate y para los que hacen investigación es importante.

Oswaldo Sunkel es un neo-estructuralista, es como decir, alguien que plantea una concepción que no compartimos totalmente por sus raíces estructuralistas; incluso puede tener rasgos de industrialismo. En el enfoque de este autor no aparece la economía social ni la economía solidaria, ni la economía popular, lo sustentable, la sustentabilidad tampoco aparece claramente definida; el papel de la subjetividad es ingnorada, porque ustedes saben que los estructuralistas no reconocen el papel central del sujeto. Ya Althusser hablaba de un «proceso sin sujeto», okey, estructura más estructura, … ¿Pedro Pérez, como sujeto social, donde está?. Por eso también en las elaboraciones he dicho que muchas veces se planifican y se elaboran proyectos desde una oficina, desde la burocracia del estado y uno no encuentra al sujeto.

Me he convertido entonces en una especie de paladín de la defensa del sujeto social, para preguntar cada vez que se hace una propuesta ¿dónde está el sujeto social, dónde están los excluidos, dónde está el sujeto político de este proceso?. Cuantos programas, y planes, y proyectos hemos conocido donde brilla por su ausencia una definición clara de cuál es el sujeto, de cuál es la problemática, de cuál es el contexto donde se inscribe es propuesta. Bueno, con esos elementos nosotros hemos librado una batalla campal, a veces silenciosa, a veces abierta; y hoy nos sentimos, digamos, reivindicados cada vez que el Comandante Chávez hoy dice que hay que profundizar la lucha ideológica, de que hay que dar un salto, de que hay que hacer la «revolución en la revolución».

Entonces, para quienes tenemos años en esto, en una pelea a veces contra la corriente, muchas veces silenciados, descalificados. Nos sentimos orgullosos de poder hablar desde el seno del gobierno, pero también desde el seno del movimiento revolucionario venezolano, porque no hemos renegado de nuestro proceso, hemos reivindicado lo que hay que reivindicar de esta herencia, de lo cual nos sentimos orgullosos. Incluso no nos sentimos a veces estigmatizados cuando el enemigo me dice a mí que fui guerrillero, que estoy ideologizando.

Lo he dicho abiertamente y públicamente, no tengo nada de que arrepentirme de las luchas del 60, mas que esas luchas puntuales que intentan criminalizarme, y he dicho, bueno, lo que pasa es que aquí hay una pelea por intereses ideológicos, por propuestas alternativas, y no tengo ningún empache en decir públicamente que me siento orgulloso de esa trayectoria, y que hoy ni el gobierno, ni el Comandante Chávez, ni la Revolución Bolivariana me ha pedido a mi renunciar, abdicar, capitular teóricamente frente a estos desafíos, y con ese orgullo que alguien pueda definirlo como autosuficiente- porque frente al enemigo hay que ser orgulloso frente al imperio, frente a la dominación no podemos ceder.

Y con ese orgullo quiero decir aquí que estas reflexiones están llenas de pasión y de sangre, de vitalidad, porque la revolución necesita eso hoy: voluntad política para producir cambios, e incluso, para ver nuestros propios errores y nuestras propias fallas. Entonces cuando hablamos de desarrollo endógeno, reivindicamos la motivación intrínseca también como la subjetividad del actor político, la internalidad, porque el desarrollo endógeno es algo que nace desde adentro, por dentro, desde adentro; esa es la palabra y así está conceptuado. Pero más allá de esa definición también hay que recuperar la dimensión cultural de lo endógeno, lo propio, nuestra herencia, nuestras raíces.

Por lo tanto lo endógeno no es una visión tecnocrática, economicista, no, es una visión integral de lo endógeno que tiene que conducirnos a reconocer nuestras fuerzas que no es sólo petróleo, porque más bien puede ser una maldición, no es hierro, no solamente son los recursos naturales, es el hombre, es el sujeto, y allí es donde somos muchas veces pobres en espíritu, porque hay que reconocer los elementos de distorsiones y perversiones que vive el pueblo venezolano en el terreno de los valores, en el terreno del comportamiento social; incluso en la negación de su propia cultura, porque aquí hay vergüenza étnica, aquí hay endoracismo, compañero; aquí hay desarraigo producto de toda la dominación imperialista y de toda la manipulación de los medios.

Entonces, el desarrollo endógeno no es cual quier cosa, y es verdad que el Comandante Chávez, preocupado, nos ha dicho a nosotros, en el debate, abiertamente, en la Comisión Nacional de Vuelvan Caras: «es que yo siento que los propios ministros a veces no están claros de qué se trata»; para que estemos también ubicados en eso. Los movimientos populares, los movimientos políticos que apoyan este proceso yo siento que no tienen claridad de qué estamos hablando cuando planteamos el desarrollo endógeno, y hay que librar una lucha muy abierta y muy fuerte, o hay que sociabilizar este debate y lanzarlo a la calle, con la ventaja de que el Comandante Chávez tiene una tribuna y es un vocero.

Ustedes ven que semana tras semana ha venido insistiendo, mandándonos a leer y a plantear el problema de fondo, porque ahí se está jugando el destino de esta revolución, así de sencillo. O seguimos el modelo tradicional de desarrollo con todas sus implicaciones, incluso con un enfoque progresista que muchas veces la CEPAL u otros sectores han promovido en América Latina, o empezamos a plantear un nuevo enfoque de desarrollo.

Les puedo también narrar como anécdota que estuve recientemente regresando de una conferencia que organizó los Estados Unidos, México y Canadá sobre crecimiento económico y desempleo; y también me siento orgulloso de haber desbaratado parte de esa estrategia que montaron los yanquis para hacernos creer que la propuesta que tienen ellos de empleo y desarrollo económico es el modelo a seguir. Pero no fue promover el sub-desarrollo, por eso se ha hablado de que hay un desarrollo del sub-desarrollo, que tiene expresiones territoriales y poblacionales. Si uno revisa el tipo de poblamiento, de ocupación del territorio, veremos que se concentra en la parte norte-costera de Venezuela focalizado en una serie de enclaves económicos, y hemos dejado la mitad de Venezuela o la parte sur de Venezuela sin poblamiento, sin desarrollo, sin tener posibilidades, incluso, de acceder a servicios.

Eso no es una dinámica espontánea, eso corresponde a una inserción en la división internacional del trabajo, el imperio nos impuso una forma de desarrollo, o nos quiere seguir imponiendo bajo el enfoque neoliberal del ALCA; pero eso tiene un origen histórico y unas raíces estructurales que hoy podemos reconocer. He ahí un problema de deformaciones que tenemos que atacar. Por ejemplo, uno puede decir fácilmente, siguiendo a muchos economistas venezolanos, que aquí hay una desproporción sectorial; aquí la agricultura está en ruinas igual que la industria, más allá de procesar insumos, de producir partes.


Pero tenemos un comercio hipertrofiado; crecimiento súper grandísimo de los servicios y el comercio si lo comparamos con la base agrícola e industrial, estamos al día en el mercado global con la telemática, con las tarjetas de crédito, con los mecanismos de intermediación financiera, con las telecomunicaciones, pero, ¿y la papa?: importamos el 80% de lo que consumimos, el campo arruinado, abandonado. Esta deformación no ta de represión y de coacción. No, nosotros tenemos que hacer una revolución aquí para reconocer la necesidad de ir hacia el sur. Claro, el Presidente hoy plantea nuevos ejes de desarrollo, que ya no es solamente el Eje Orinoco-Apure, sino que vamos a trabajar con el Eje Norte-Llanero, que abarca desde Barinas hasta Monagas, porque antes de llegar al sur debemos llegar al centro. Esto en clave gramsciana se asemeja a la tesis de Messogiorno o la cuestión meridional donde Gramsci desarrolla la tesis de la hegemonía.

En Italia, el norte con Milan, Turín, es una zona con un gran desarrollo industrial y en el sur están los campesinos atrasados, la camorra siciliana y Gramsci plantea soldar el norte y el sur en un proyecto nacional, ese es el problema meridional. Trasladado este enfoque a Venezuela, entre Caracas, Valencia, Maracay, habría que establecer un puente económico-social-cultural para vincularnos con el Eje Orinoco-Apure; ¿Pero qué une a Apure con el Norte? Gramsci lo plantea en el terreno de la ideología, de lo ético- moral, del movimiento intelectual, pero que también tiene una expresión territorial, y parece que es un acierto que nosotros en el esquema de desarrollo del nuevo mapa estratégico, montemos el eje central del país que atraviesa este territorio que le estoy planteando. Porque está planteado, entonces, una nueva manera de ocupación del territorio y del poblamiento de ese territorio, y ahí empato con el tema de esta discusión, aunque no es el punto fuerte de mi intervención, pero si tiene unas consecuencias inmediatas sobre la desconcentración territorial como una parte del plan nacional.

Pero, ¿será solamente un problema de territorio?, volvemos al mismo rollo: el problema es la subjetividad, y lo endógeno entonces tiene que ver con lo interno, con lo propio, con la fuerza interior, con la motivación intrínseca, donde tenemos que debilitar y atacar las externalidades. Hacernos menos dependientes de la renta petrolera es decir, una de nuestras externalidades. Aquí se está hablando de internalización petrolera, que quiere decir, sembrar el petróleo, pero hemos fracasado en ese esfuerzo, porque no teníamos un enfoque claro.

Entonces, el desarrollo endógeno tiene que poner en discusión, por supuesto, las propias relaciones de producción, porque mientras aquí nos guiemos por la tasa de ganancia, por el afán de lucro de la acumulación capitalista no habrá desarrollo integral. En esa dirección sostengo abiertamente, que mientras la tasa de ganancia en el campo esté por debajo de la tasa de interés, mire hermano, ningún capitalista va a invertir en el campo porque lo lucrativo (en términos del individualismo posesivo), es intermediar con el diferencial bancario. Mientras la tasa de ganancia en el campo sea inferior a la especulación inmobiliaria, nadie va a invertir en el campo; bueno, porque el capitalista no opera con la racionalidad de beneficiar al colectivo y satisfacer las necesidades de la población, así de sencillo.

Entonces, la propuesta del desarrollo endógeno tiene que partir de otros valores, de otra concepción de la economía, de lo social, de lo político, y hoy nosotros estamos empezando a plantearnos el cambio en las relaciones de producción. Entonces, por la vía del desarrollo endógeno nosotros vamos a enfrentar también el enemigo interno, estamos enfrentando, por supuesto, al imperio, porque el desarrollo endógeno se opone a las formas de integración, a las formas de articulación que se plantea para la economía de nuestros países, como es el ALCA o cualquier tipo de tratado de libre comercio. Pero, también internamente nosotros tenemos que cambiar las relaciones de producción, las relaciones de propiedad, eso está super claro.

Ciertamente, no es una revolución socialista ni comunista, sino un modelo mixto, una transición hacia otro tipo de sociedad. Y yo me he atrevido a decir incluso, ya caracterizando esto, que aquí hay cuatro formas de propiedad (para quienes tienen interés en estas cosas que son complejas, pero hay que decirlas con toda franqueza para que nos ubiquemos de que se trata): aquí está la propiedad estatal sobre las industrias básicas, y sobre recursos naturales, y sobre bienes y servicios. Está la propiedad mixta que es una mezcla entre propiedad privada y propiedad estatal; está la propiedad privada que a su vez se divide en propiedad monopolista o capital no monopolista con la pequeña y mediana producción muchas veces no monopolizado. Y está la economía solidaria, la economía social o popular, para cuyo desarrollo se acaba de formar el Ministerio, con la cual estamos trabajando, y Ustedes van a oír a Elías Jaua trabajar sobre esto.

Hay cinco tipos de propiedad, en cuyo seno nos planteamos una alianza estratégica entre la propiedad estatal y la forma asociativa de producción, con formas de propiedad colectiva, Esto implica una alianza de clases. Quiénes están con la economía popular y social, la economía solidaria : los trabajadores, los campesinos pobres, las capas medias, sectores incluso burgueses que no están vinculados a los monopolios o al capital trasnacional. Por eso es que no es un movimiento obrerista ni es una revolución que sigue esquemas o postulados defendidos tradicionalmente por nosotros, la gente de izquierda.

No, es una revolución que sigue un camino muy peculiar, muy sui géneris. Pero tiene que constituirse un bloque de clase o de grupos sociales, de capas sociales, de etnias, para no definir sectariamente o en términos dogmáticos una posición de clases; y eso hay que definirlo y hablarlo abiertamente. Por primera vez estamos entrando en un lenguaje que para los que tenemos una herencia de izquierda estamos como reconstruyendo y atreviéndonos a hablar claro sobre estas cosas. Así como Chávez reivindicó las definiciones y los términos como imperio, el imperialismo, tenemos que nombrar con propiedad las cosas. Y he exhortado a salir del eclecticismo, de la ambigüedad ideológica. Señalar por ejemplo, quienes están en el marco de esas cinco formas de propiedad, cuáles son los sujetos sociales, los actores políticos, sociales y culturales que suscriben y que pueden ser agrupados como movimiento social en torno a esas nuevas relaciones de producción en construcción.

No quiero decir que esté constituida esta alianza de clases, porque fíjense, apenas estamos comenzando a empujar planes de desarrollo con este enfoque de la economía popular; promoviendo formas asociativas de producción que no son solo las cooperativas, sino múltiples formas de asociación que supera la propiedad privada sobre los medios de producción, siendo avalado por un mandato constitucional, es decir, lo que estamos planteando un tipo de organización productiva que tienen en la CRBV su Carta de Navegación. Este tipo de formulación, posee implicaciones jurídicas, por supuesto, porque aquí se reconoce la propiedad, pero la propia Constitución establece un límite a la propiedad privada por razones de interés público, por motivos de interés social, por el interés general.

Pero vuelvo otra vez entonces al problema de lo endógeno, el desarrollo endógeno: la sustentabilidad, esto es una diferencia importante con el enfoque tradicional de desarrollo endógeno. Aquí no se puede seguir montando proyectos que no tienen posibilidad de sostenerse en el tiempo, posibilidad de preservar el ambiente, la biodiversidad. Claro, nosotros hablamos de sustentabilidad no sólo en términos ambientales, sino hay que verlo desde el ángulo de sustentabilidad económica, cultural, política. Por eso en el debate que hay sobre los objetivos de desarrollo endógeno o núcleos de desarrollo (que son una focalización territorial del desarrollo ) hay que tomar en cuenta la sustentabilidad.

¿Puede un proyecto promoverse simplemente a punta de billete?, ¡no!, ¿se puede simplemente sostener con infraestructuras, porque podemos montar- fíjense las loqueteras que hemos cometido nosotros-, montamos la construcción de una ciudad por allá?, Ciudad Sucre es que se llamaba eso. Es una loquetera de los técnicos, de los expertos, y ahí vuelvo al planteamiento de la elaboración de planes sin sujetos, donde no hay contexto, no se analizó la problemática específica. Pero los núcleos endógenos no tienen nada que ver con eso, nosotros tenemos que ser cuidadosos con el problema de la sustentabilidad de los proyectos; y tenemos que partir del sujeto, de los valores, de la organización social, de la cultura, porque los reales los tenemos y la capacidad instalada sub-utilizada sobra aquí en el estado y la sociedad. En otro momento, hemos trabajado el diagnóstico de la capacidad instalada sub-utilizada, mal utilizada o no utilizada que tenemos en Venezuela, encontrándonos con un potencial inmenso que no hemos empleado.

Esta revolución está demandando un cambio en ese sentido, buscando una mayor eficiencia en la gestión , de allí el planteamiento de la desburocratización del Estado, porque este Estado lo hemos heredado nosotros de la vieja república, este no es un Estado revolucionario.

Hemos heredado, una cultura organizacional, unos valores administrativos donde el papeleo interminable predomina, donde los recaudos innecesarios pululan, toda esa parafernalia de pasos administrativos impiden que este gobierno responda a demandas sociales concretas, y tenemos entonces que romperle el espinazo a la burocracia; y ustedes ven que el Comandante Chávez viene sistemáticamente, montado en esa perspectiva.

¿Y eso tiene que ver con lo endógeno? Claro que sí, porque es muy difícil impulsar un proceso de desarrollo exitoso si nosotros, quienes estamos en los puestos de mando, en la dirección, o que cabalgamos sobre estructuras del Estado no cambiamos entonces el enfoque, los paradigmas, las estructuras, las técnicas, los procedimientos que tiene este Estado. Entonces la revolución en la revolución, hermano. He sugerido trece rectificaciones en el proceso de cambio, y unas cuantas otras propuestas para cambiar de mentalidad. No quiero decir que sea un recetario que haya que cumplirlo como dogma, pero hay que puntualizar muchas veces, concretamente de qué se trata, y lo relaciono con el desarrollo, con la visión integral del crecimiento económico, porque no se trata solamente de crecimiento, sino el desarrollo humano integralmente, la calidad de vida, el modo de vida, todo los aspectos que hoy cualitativamente nos planteamos. Y esas rectificaciones las vemos como un proceso.

La revolución en la revolución es un proceso de rectificación y un cambio de mentalidad visto en esta perspectiva del desarrollo integral, del desarrollo endógeno diferenciado, de toda la herencia puntofijista. Me he puesto también polémicamente a hablar de cultura puntofijista, y ustedes van a revisar, y porque me refiero a esto si esto tiene 500 años, o puede alguien decir, bueno tal período no se puede categorizar de esa manera. Me perdonarán los historiadores, pero me atreví a señalar que nosotros en función ideológica y política debemos de focalizar nuestras deferencias con el puntofijismo, por una razón, entonces, de permitir un deslinde con la cultura adeca y copeyana como matriz, aunque abarca a los patas blanca y patas verdes con boinas rojas que están en el proceso, para que estemos claros.

La cultura puntofijista tiene posibilidades de ser identificada y sirve como un referente para esta lucha ideológica, y yo me voy por la calle del medio en eso. Sabiendo que puede ser simplista, reduccionista hablar de cultura puntofijista, no cultura como actividad artística, lúdica o simplemente la estética, ¡no!, con el modo de vida, todo lo que implica estas cosas que tienen que ver con la cotidianidad del venezolano: la forma en que produce, la forma en que se divierte, la forma en que tiene su familia, los valores.

Hay una forma adeca de hacer política que choca con el nuevo paradigma de la participación. La revolución bolivariana propone nuevas formas alternativas de gobernabilidad, digamos, de corresponsabilidad en el gobierno; y nuestra Constitución es lo más avanzado y la Ley de Participación Política, y la Ley de Planificación Local de Política Públicas lo plantea abiertamente. Y tenemos entonces unos elementos legales y constitucionales, pero volvemos al problema del disco duro y de las prácticas políticas. El puntofijismo sembró en nosotros una concepción burocrática de la actividad política, una perversión de la política. La perversión de la política que tiene que ver con el desencanto, el malestar que vive la política.

Hace ya mucho tiempo, hice una investigación en una oportunidad con comunidades donde preguntaban qué es ser político, y la gente decía un farsante, un mentiroso, un estafador; hasta en el amor, cuando uno anda enamorando una chama, dice ella, «no seas político, usted si es político. Hermanos, hemos heredado una perversión de la acción política y por eso nadie quiere ser político. Mucha gente decente y honesta, incluso del enemigo, no cree en la política ni en los políticos, y una de las tareas de esta revolución es rescatar la dignidad de la política, es revertir ese proceso de quiebre, de los justificativos éticos de la política. La Revolución bolivariana, es quizá un mérito del Comandante Chávez que ha empezado y comenzó hablando claro y hablando un lenguaje sencillo, y rescatando las tradiciones y las costumbres; a darle dignidad a los asuntos públicos, al concepto de ciudadanía, a todas esas cosas que son importantes. Desarrollo endógeno sin ciudadanía no existe, la siembra ciudadanía y la ciudadanización es un aspecto clave del desarrollo endógeno. Fíjense entonces, que desarrollo endógeno son muchas cosas y debemos salirnos entonces, del enfoque simplista del crecimiento hacia adentro.

Nuestra responsabilidad es entonces proponer salidas alternativas desde adentro y frente al imperio que plantea mas bien lo exógeno, la globalización, el ALCA etc, etc, y no solo debemos endogenizar a Venezuela sino para nuestra américa, porque con los latinoamericanos que tuvimos en el evento en México, ellos preguntaban: «¿Y no podemos hacer un desarrollo endógeno latinoamericano, con economías complementarias, integradas de otra manera?» Bueno ese es el desafío que tenemos, pero por lo menos nosotros somos ahorita una Meca, una esperanza, un sueño para los pueblos que están buscando otras alternativas de desarrollo. Y la revolución venezolana en estos últimos tiempos, en estos últimos meses empieza a vivir la tensión de estos cambios que están planteados.

Llamo una «tensión esencial» siguiendo a Thomas Kuhn, quien plantea que entre conservar e innovar siempre hay una situación de estrés diario, estamos obligados a vivir en una situación de tensión, porque hay mucha gente que no quiere cambiar, que quiere mantener el statu quo, incluso dentro de nosotros; bueno y los que estamos con la innovación, con los cambios, con las transformaciones. Es una tensión esencial, y no es para desesperarse, es para tener el rumbo claro, el pulso firme, reconociendo, entonces, que nosotros somos, entonces, constructores de sueños, somos profesionales de la esperanza. Gracias.


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Intervención durante el Foro realizado el día Martes 5 de octubre de 2004, en el Auditorium de la Biblioteca Nacional (Caracas)

http://laberinto.uma.es



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Carlos Lanz


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