A propósito de “Lo que calla el oficialismo” de Iturriza López

Chávez y Maneiro o el lugar de la política

Se viene de nuevo Maneiro a zarandear Miraflores; lo trae Iturriza López a modo de jaculatoria de terror para los labradores de la torcedura del árbol que avistamos desde la tribu. ¿La pillará Chávez entre el humo y los rabos de nubes? A muchos, desde la intemperie, nos arrecha que ocurra, y no creemos en submarinos voladores ni en liturgias del más allá para salvarnos. Debo decir que si mantuve una distancia frente al caso de J. Pérez (Becerra, un caso emblemático!), fue por mi condición de chavista astral, intuitivo, visceral, llanero y Confusionista; por aquello de que la astucia del zorro y la fuerza del león no son prendas de vestir.

No dejaré de creer en Chávez y eso lo digo sin puntos ni comas. Así como no permitiré jamás que la prestidigitación de María Corina Machado, o las teorías magnicidas de la “escopeta de un solo tiro”, o la “marcha sin retorno”, urdidas por pérfidos y puritanos, como Escarrá o Ramón G. Aveledo, atenacen a los míos. No por ello, sin embargo, estoy impedido de decir que en el “oficialismo” hay gentes que adulteran el valor histórico del liderazgo de Chávez para promover el culto a su personalidad, ese monstruo de mil cabezas que sirve para disimular acciones humillantes, hasta el punto de hacernos creer que las cosas son como ellos las ven y no como lo que verdaderamente son.

Es cierto, existe un “oficialismo” que falsea los casos y las cosas de la casa. O dicho de otra manera: existen dos tipos de “oficialismo”, el chavista, que como lo ha calificado Iturriza es tan “feo” como el antichavismo de la MUD; y el “oficialismo” de izquierda, esté o no con Chávez, sobreviva en Venezuela o en el culo del mundo, que ahora se viene como una jauría a devorarle el hígado a nuestro Presidente, presa codiciada también por la derecha criolla, la internacional, la CIA y otros monstruos planetarios. Y todo por J Pérez (Becerra, claro), convertido ahora en amuleto de estos saltimbanquis fantasmales, que aliñan el episodio de la deportación para chantajear a la revolución bolivariana en nombre de causas que ellos arrastran como zombis.

A veces creo que Chávez ve crecer el árbol torcido que le prodiga sombra a esa élite campante. Lo ve crecer en nuestro propio patio y en la América Latina y esa mirada perjudica sobre todo a sus ojos; luego a los nuestros. La revolución bolivariana es muy carajita y hay que curarla en salud de esa enfermedad. No dejemos que eso ocurra.

Por eso comparto con Iturriza la urgencia de recobrar “el lugar de la política”  concebido por Maneiro. Es necesario dotar a nuestra revolución de los postulados de Maneiro sobre la calidad revolucionaria y la capacidad política, interpretados y asumidos por Chávez en su doble condición de Jefe de Estado y de líder indiscutible del movimiento popular. Ante el modelo de pensamiento y acción de Alfredo, cierto “oficialismo” reacciona con hostilidad y miedo: porque representa el extraño caso de un filósofo alérgico a los lugares comunes, a la burocracia y  proclamaba una praxis política revolucionaria para construir el nuevo Estado. Adelante, Presidente, promueva el esperado sacudón que planteó en el 2009. Aquí nos tiene, en el mismo lugar. Y somos muchos.


   fruiztirado@gmail.com


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Federico Ruiz Tirado


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