Los pueblos ya no son sabios

No es el momento de llorar haciendo pucheros, deliciosa confusión de los niños. Nuestra herencia histórica son los coloridos españoles, hoy, no podemos arrastrar la herencia del imperialismo estadounidense es hora de entender que no podemos continuar con los lamentos, las quejas o seguir culpando a los anteriores gobiernos de la IV República o al capitalismo, si los pueblos aceptan indefinidamente esa demagogia política demuestra que las masas ya no son sabias.

Es deprimente seguir con los lloros, hay que terminar con eso y concretar acciones definitivas para dar por terminada la confusión que le gusta al gobierno sobre el socialismo en este siglo, no enfrentarnos a esta confusa realidad para seguir con la gimioterapia del lloriqueo nacional raya en lo religioso de lo que se perdona y de lo que no se perdona y continuar con la excusa de la caridad política, festín que se complica con el conformismo cultural y con la ignorancia que evita que el proceso se aligere. En este mismo momento el proceso nos tiene empachados con nada, no hay nada objetivo fuera del capitalismo en crisis y de los cambios climáticos.

La realidad es que, fuera de los deseos de ir al socialismo no sabemos cómo lograrlo porque los sueños son solo eso, al despertar la realidad desmorona esos sueños para volver a la duda, verdad inflacionaria-especulativa y, sobre la riqueza y su mejor distribución esta no termina de llegar porque la masa que es la única dueña del poder encarga a la representatividad ejecutiva, parlamentaria, para que les sigan diciendo como actuar, pero, solo en época electoral, por supuesto que esa es una fuente de poder transitorio para que el pueblo no ejerza los poderes de un autentico gobierno revolucionario.

Desde los inicios revolucionarios el socialismo representa una libertad real que solo la da la participación efectiva directa e indirecta en el ejercicio del poder para la transición al socialismo, participación política que no solo debe estar supeditada a la votación en los referéndum o elecciones sino en una participación activa en la economía-política y así dejar atrás la confusión del populismo representativo con la personalización del socialismo, convencimiento que la autoridad es la gente, soberano, avalado por la Constitución en una participación concreta entregando fondos y recibiéndolos, promulgando decretos para cambiar las ruinas en las que se encuentran las instituciones públicas, revitalizando las inexistentes auditorias sociales y no solo cuando las mande a realizar el líder sino todas las veces para que no haya discusión sobre la legitimidad revolucionaria.

En todas las épocas a los lideres las confusiones les es propicia, no se diga para su gabinete por lo funcional del populismo llamando a su pueblo para que se ubiquen como escalera en una ficción de gentes que solo llenan plazas y avenidas, el pueblo así utilizado no es una entidad concreta para su participación política, es pura emotividad movida por la demagogia con algo de verdad que conforma a la ignorancia social en un manejo de masas politiquera que alimenta el carisma del líder.

Los procesos revolucionarios tienen que tener racionalidad para incentivar la participación social más allá de la participación política que no pasa de ser pura manipulación cuando no se prepara al pueblo para la igualdad económica, esencia del socialismo critico, rebelde e inconforme, capaz de estudiar, disentir, criticar y apoyar con mejor conocimiento la transición al socialismo y terminar de una vez por todas con el cuento que el socialismo es una utopía.

Ser sabio como pueblo significa diferenciar un proceso revolucionario de un proceso de emociones que llena los discursos, las marchas, las concentraciones, como complemento de la publicidad por TV y radio, publicidad del micrófono que no alcanza para tapar la realidad y sostener al proceso mas allá de la etapa primaria solo con sentimientos subconscientes que, con una ayuda mínima obligatoria por los derechos humanos olvida que el cambio socio-cultural debe ser integral no disgregado para el convencimiento de un sistema en construcción.

Las elecciones son importantes para que el pueblo ejerza su participación política temporal en ejercicio de su libertad, participación política electoral que debe exigir el cambio del proceso, sin ese cambio revolucionario podemos ir a votar 100 veces pero ciegos por no ver que la inflación, las importaciones, sostienen a gobiernos vecinos a la que llamamos diplomacia petrolera y sin decidir las condiciones de nuestra revolución en función de la cultura política socialista, no de la cultura política que conviene al gobierno en la que estamos hasta el cuello, pero, que nos permite respirar siempre preocupados que nos ahogaremos de continuar así.

De ahí que la lealtad no puede ser obediencia allí se encuentra el reto de la honestidad participativa y de la ética revolucionaria, todo lo contrario es seguir con la utopía, la ficción de un pueblo que sabe leer y sumar pero que no entiende por falta de conocimiento y convicción al socialismo con el cuento de que todavía no lo construimos, por lo tanto, no aporta con su sabiduría en la construcción de otro sistema social.


rcpuma061@yahoo.com


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Raúl Crespo


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