Tocar PDVSA es como abrir la Caja de Pandora

Se tocó PDVSA y por un extraño sortilegio aparecieron todos los males de la formación económica social venezolana: energía, petróleo, el desperdicio del gas, el robo y tráfico de los minerales (diamante y oro) el chavismo, la historia, las guerrillas de los 60, los salarios, los sindicatos, los decretos anti terroristas, la corrupción, el debido proceso, la Constituyente, Guaidó, el Petro, el Bolívar, las traiciones, las lealtades, Maduro, Rafael Ramírez, Quevedo, Chirinos, Torrealba, la verdad o la mentira y al final, eso es la crisis venezolana.

Este fenómeno ha ocurrido por ciclos en las distintas repúblicas, y en cada ciclo, los gobiernos de turno han adecuado el destino de PDVSA a los intereses mezquinos de la burguesía desnacionalizada y de las transnacionales norteamericanas y europeas.

Sin embargo, ha sido el pueblo quien ha moldeado con sus propias manos, su fuerza de trabajo y sus posiciones políticas progresistas o conservadoras, la producción nacional y los alcances y límites de las decisiones gubernamentales y el destino de Venezuela.

El problema es que quienes rompen la Caja de Pandora, le tiran todos los males al pueblo y esconden mágicamente, es decir alienan, el proceso económico político de producción, compra-venta, plusvalía, circulación de dinero; dinero que es producto de todas las jornadas de trabajo de los obreros de la industria (principalmente de la energía y el petróleo), campesinos y empleados que han producido las mercancías y realizan los pagos fiscales (renta, iva, impuestos municipales, etc., que a decir verdad, es una cantidad colosal de dinero), pero este dinero, es el que sirve para retribuir mínimamente, con los clap, las energías gastadas en el proceso de producción y para financiar los presupuestos estatales por año. Ya haciendo cuentas y buscando relaciones resulta, que, al establecer un vínculo entre el dinero del presupuesto anual y el dinero recaudado en el mismo año, surge una cantidad proporcionalmente grande, que desaparece, se evapora o se fuga del control fiscal.

Esa enajenación o desaparición mágica del dinero, producto de la mercantilización del petróleo, el gas, el oro y los diamantes; en el sistema capitalista, ese dinero escondido al público, sirve para que los millonarios jueguen al azar en la bolsa de valores, especulen o tiren al agio el dólar y engañen al pueblo con una moneda desvaluada como el Bolívar. Actividad que los adinerados llevan a cabo de una manera tan desalmada, que no les permite aflojar la menor sensibilidad ante la vida desesperada y de miseria, con la que condenan a los trabajadores. Como dijo un borrachín consuetudinario, cuando salía a la calle a pedir dinero "para el trago": "todos los días sale un pendejo a la calle, mi misión es encontrarlo". Ese es el capitalismo.



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Memo Fernández


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