Los estudiantes debaten: Un nockout a la Academia

Ayer asistimos a un gran debate sobre la educación, sus contenidos y frutos en la Asamblea Nacional. No por las cosas que se dijeron o dejaron de decirse, sino por la experiencia que vivimos en la confrontación fundamental entre dos escuelas, entre dos procesos de aprendizaje y entre dos productos personales y colectivos radicalmente distintos y contrarios.

En la vieja escuela del positivismo y el caletre. Las maestras escribían los textos que los alumnos debían leer en la celebración de los días patrios, a los que se invitaba las autoridades de la escuela y las autoridades civiles en los pequeños pueblos y municipios del país. Allí los alumnos mostraban sus capacidades oratorias, si lograban leer con disimulo, aparentando que hablaban naturalmente, muchos teníamos que recurrir a la memorización. Había todo un entrenamiento para hacer lo más natural posible lo que era realmente lo más artificial: poner a otro a decir lo que yo quiero.

Los tiempos han cambiado, han cambiado los métodos; se ha escrito mucho sobre la educación como proceso de construcción del conocimiento, como facilitación de integración y asimilación de un diálogo de saberes, donde el sujeto del aprendizaje es interrogador, analítico, comunicador, confrontador del conocimiento con la praxis vital y por eso aprende a expresar su conocimiento con la convicción del que es coautor de las ideas que expresa. Todos estos escritos de ordinario se caletrean y repiten o recitan nuestros téoricos de la Educación, es lo que, en general hacen nuestras Universidades hoy; pero pueden también estar integrados en el conocimiento, conciencia y formación del sujeto del aprendizaje, lo que mostraron otros alumnos de esas mismas Universidades. ¿De que depende entonces que una u otra forma de aprender se concretice?

Sólo la vinculación del conocimiento creado y recreado en su propia vida y su práctica social, en el debate y la participación en la construcción con su comunidad, su vinculación amorosa con los intereses colectivos de su pueblo, puede generar este tipo de formación alternativo a la escuela positivista y caletrera.

El lugar de la maestra de antaño lo ocupó ayer la agencia de publicidad (¿ARS Publicidad? ¿La misma que durante años nos planteó su consigna: “Permítanos pensar por Usted”?) preparó el discurso a leer, con el libreto de gestos, actitudes a mostrar, y hasta la teatralización final, para que el discurso fuera lo más creíble posible. Las maestras de nuestras viejas escuelas positivistas y caletreras se quedaron pequeñas.

Y fruto de eso allí teníamos al pobre joven usado, sometido, alienado, balbuceando aceleradamente para cumplir el guión del teatro al que estaba sometido. No comunicó nada de sí, ni de su entorno, ni de la vida en que estaba implicado, sólo palabras huecas con exigencias de libertad y derechos, que en ese momento ejercía; pero que era incapaz de identificar… Al final se retiraron, el guión se había acabado. Esto nos hace ver que la disociación o esquizofrenia vital, se expresa en la mayoría de los medios de comunicación oposicionistas privados; pero su corazón y gestación está en el sistema educativo, en la Academia, en la Universidad que no vinculó nunca la práctica social al conocimiento, reduciéndolo a la simple memorización y recital de conceptos fríos y universales.

Como contra cara se mostró, la frescura, la convicción, el manejo de las realidades colectivas estudiantiles y de la juventud, de un grupo defensor de nuestro proceso de cambio. Comunicaron vida, convicción, conocimiento y manejo de las realidades vitales del colectivo nacional, donde se les sentía comprometidos y con capacidad de ir más allá de la generación caletrera, que fue cada vez más nefasta en la medida en que ese tipo de educación, en el neoliberalsmo, asumió sus extremos más alienantes. Es su activa participación, vinculación y adhesión consciente al proceso social y político que vivimos, lo que va permitiendo en esta nueva generación la superación progresiva de la disociación: información-vida, teoría-praxis que genera nuestra Academia.

Lo mostrado en este debate es un llamado a la reflexión a todo el sistema educativo del país, la Universidad, los liceos, la educación en general. Lo expresado por estas y estos estudiantes revela la búsqueda y reivindicación de la posibilidad de la transformación educativa y la corrección a fondo.

“… las madres y el pueblo venezolano debemos reflexionar acerca de este modelo educativo, de estos profesionales que se están formando en estas universidades. ¿estos profesionales han aportado algo al pueblo?¿han aportado de verdad a la lucha campesina, a la lucha de nuestros indígenas, de nuestras mujeres oprimidas?¿han aportado algo o están encerrados en la academia discutiendo, leyendo, llenándose de letras y más nada?” Mayerlin Arias, estudiante de la Universidad Bolivariana de Venezuela.


Osly Hernández, estudiante de la Universidad Central de Venezuela.
Acompañamos este proceso… por la posibilidad de que la educación no siga siendo un instrumento para oprimir a nuestro pueblo, sino que yo pueda reivindicar el hecho, como decía un compañero por allá … el compañero Cilio Sánchez …., es triste ver cómo la solución habitacional de Caracas, compa, no la resuelven los ingenieros, la resuelven los albañiles.
Ahora ¿Cuántos albañiles hay dando clases en nuestro sistema educativo? ¿Cuántos albañiles están transmitiendo ese saber popular (Aplausos) dentro de nuestro sistema educativo, y por eso los llamo a la reflexión, incluso para la profundización de nuestro proceso porque todavía no pasa, pero pasará y hay estudiantes, pueblo, campesinos, obreros, indígenas y mujeres, prestos para que eso ocurra, para que se profundice este proceso de revolución…

Héctor Rodríguez, estudiante de la Universidad Central de Venezuela. “Que le digan al pueblo venezolano de qué sirve su educación, su extensión o su investigación para resolver los problemas de las barriadas caraqueñas. ¿Cuándo los estudiantes de arquitectura han dicho: ¡Vamos a resolver el problema de las barriadas!? ¿Cuándo las tesis de los estudiantes de ingeniería han sido para producir ciencia venezolana, tecnología venezolana y no para repetir o aplicar en Venezuela la ciencia y la tecnología que nos traen del exterior? ¿Cómo vamos a tener soberanía si nuestras universidades no producen ciencia, ciencia nuestra, tecnología nuestra?

…. primero, solicitarle a los compañeros que se fueron, que nos acompañen; que agarremos todo ese conocimiento que nos da el pueblo venezolano –a adquirir conocimiento universal- y nos acompañen a hacer crecer los consejos comunales. El pueblo de Venezuela necesita de los estudiantes, bueno, vamos a entregarnos al pueblo de Venezuela, porque además los estudiantes no somos algo ajeno al pueblo; los estudiantes somos parte del pueblo, por lo tanto los invitamos a construir con nosotros esa nueva democracia, una democracia de verdadera libertad e igualdad”.

Lo que está claro de este proceso es que la Universidad tradicional “autonomista” es el mejor aliado de la trasmisión y reproducción de la ideología capitalista, y de la introyección en nuestro pueblo de sus modelos de desarrollo dependiente y de sometimiento servil a los objetivos científicos del Imperio.

Ha habido importantes esperanzas levantadas en este proceso revolucionario, en ir generando una nueva Educación, vinculada a la práctica de la fuerza popular, que al final radica en la acción transformadora de los trabajadores; pero reiteradamente vemos como las fuerzas académicas firmemente enraizadas en nuestro proceso se desesperan y quieren volver continuamente a su práctica de la Academia aprendida y no cuestionada, en sus métodos y en sus productos, a pesar de los discursos. Promesas de esto ha sido la Universidad Bolivariana como educación vinculada a la práctica social y popular, la misión Sucre, los liceos Bolivarianos, que se debaten continuamente en su vinculación o no con el proceso popular de construcción de nueva sociedad.

Hoy hay que asumir este proceso de cambio educativo como lo plantea la “Universidad Bolivariana de Trabajadores Jesús Rivero” (UBTJR), es necesaria la vinculación del conocimiento a las fuerzas del trabajo, reconocer sus saberes, sistematizar su práctica y confrontarla a los conocimientos acumulados de la ciencia son requisitos indispensables para el desarrollo de propia tecnología y esa vinculación con las fuerzas de la clase trabajadora y sus intereses históricos es de donde puede surgir la nueva educación bolivariana.

Disfruté mucho en la marcha del 2 de Junio, juntos marchando a los estudiantes de la UBV, la UCV y a los trabajadores de la UBTJR, constructores del saber, intercambiando consignas: “Obreros y estudiantes unidos y adelante”. Ahora estudiantes obreros y trabajadores estudiantes están buscando dar respuesta a lo que ese debate fundamentalmente planteó al país. El Knocaut dado a la Academia tiene su acción y respuesta en estas nuevas formas de construir dialécticamente el conocimiento desde las fuerzas de la clase trabajadora y su experiencia histórica para poder poner la ciencia al servicio de la transformación socialista.


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