La captura y fusilamiento del asesino de Tomás Funes

Desde el campamento revolucionario se encontraban varios jefes de la rebelión contra Juan Vicente Gómez, entre ellos Arévalo Cedeño, Marcial Azuaje; mejor conocido como "Cuello de Pana", Carmelo París, Julio Olivar, Pedro Fuentes "Quijada de Plata" y Pedro Pérez Delgado que había llegado por recomendación del General Alfredo Franco.

Todos estos hombres estaban poniéndose a la orden de Arévalo Cedeño para atacar a Rio Negro que era territorio del famoso asesino Tomás Funes.

La reunión no va por buen camino, el General Julio Olivar no quiere ponerse al mando de Cedeño, aduce que no acatará las órdenes de un hombre que tiene las mismas credenciales que él.

Carmelo París interviene tratando de reducir los ánimos que se estaban caldeando. Cedeño sin mover un musculo de su rostro no dice nada, pero no quita la mano de la culata de su revolver. París con su voz mesurada intenta poner de acuerdo a estos hombres que solamente respetan su ley.

Olivar propone una campaña sobre Apure, que ya dirige con el apoyo de Pérez Delgado, pero Cedeño se refiere con vehemencia lo importante de remontar el Orinoco y atacar a Funes en San Fernando de Atabapo, por la importancia logística que significa tomar esa plaza.

Señala lo que reportaría a la causa tomar esa ciudad, con los recursos que allí existían en armas, dineros y el balata que guardan los depósitos. A pesar de las razones de Cedeño, que eran muy tentadoras para los revolucionarios, tanto Olivar como Pérez Delgado siguen insistiendo en atacar el Apure.

Los dos hombres defienden esa teoría basándose que San Fernando estaba más cerca y se podía contar en esa zona de tomarla con pocos recursos.

Sus planes era atacar San Fernando del Apure, después Calabozo y hacerse fuerte en el llano y extender la guerra por todo el país.

La discusión se agría más de lo que ya estaba y Cedeño insulta a Pérez Delgado y los dos hombres están a punto de caerse a tiros pero intervienen los dos oficiales revolucionarios.

Cedeño le dice a París que haga que se retiren esos dos hombres o le caerá a tiros, Pérez Delgado lo reta y tiene que intervenir el Jefe del Estado Mayor y los dos hombres rebeldes con el ataque a Funes parten esa misma noche con un grupo de caballería que los acompañan.

Al otro día comienzan a prepararse para atacar a Funes en su territorio. Con Olivar y Pérez Delgado se había ido Andrés Hernández y a los días siente que debe participar en la expedición contra Funes y les dice a sus amigos que se devolverá y estos no tienen ninguna negativa a que su amigo se devuelva a participar en la expedición contra San Fernando de Atabapo.

Hernández llega a Monte Picure en donde se prepara la expedición contra el asesino de Funes. Cedeño lo recibe mandándolo a detener acusándolo de ser espía de Pérez Delgado, Rudencindo Márquez lo acusa ahora de ser espía del General gomecista Pérez Soto.

Márquez esta borracho y comienza a insultar a Hernández, de pronto saca un cuchillo y lo empieza a apuñalar, mientras grita que es por Pérez Soto, por Juancho Gómez y por Juan Vicente.

Cedeño se acerca al sitio con un grupo de sus oficiales, pero ya es tarde Hernández yace muerto, Márquez replica que había perdido el control y no pudo controlar los deseos asesinos en contra de ese hombre que solamente tenía la intención de participar en esa expedición que comenzaba con un muerto inocente como mal presagio.

Trescientos hombre parte en tres canoas a enfrentarse con Funes y no tuvieron ni siquiera la caridad de enterrar a Hernández, que su cadáver quedo tirado en el piso.

La expedición duro un mes desde la confluencia con el Cravo, atravesando el Casanare, el Río Meta para retomar el Orinoco, atravesando los pueblo cuando eran protegidos por la oscuridad de la noche, tratando de que no se oyeran los remos al chocar con el agua y de esta forma pudieron burlar la vigilancia de los puestos de Funes.

Cuando llegaron a los raudales los insurgentes tuvieron que trasladar las canoas a peso o remolcarlas con cuerdas desde la orillas de los ríos.

De esta forma avanzando en silencio llegando a las cuatro de la madrugada del 27 de enero de 1921 a San Fernando de Atabapo.

Los rebeldes sentían el sagrado deber de acabar con el asesino de Funes que llevaba bajo su conciencia un numero grande de asesinatos y violaciones. Eran escandalosas las tropelías realizadas por este asesino y sus esbirros.

Asesinó al Gobernador Roberto Pulido y violaron él y sus hombres a su esposa, después asesinándola, igual suerte corrió el hijo del mandatario y todo aquel que era amigo de él.

Impuso su ley y solamente él vendía balata y comparaba, fijando el precio que él quería. Con sus asesinos de nombre Luciano López, El Avispa, el Picure, y Manuel González aterraban la zona. Gómez lo dejó como jefe absoluta por lo costoso de una expedición en su contra.

El asesino Funes no esperaba ningún ataque y los rebeldes rodean el pueblo en pelotones de 25 hombres y después de fuertes combates reducen a Funes a una sola casa en donde se defienden con fiereza.

Ya Pérez Soto había participado a Funes de que Arévalo Cedeño se acercaba con una expedición y resiste con 300 hombres, ese día 27 el cerco de los invasores no avanza, pero los sitiados comienzan a sentir la escasez de agua.

Al otro día usan un cañón en contra de la casa y a los sitiados no les queda más remedio que rendirse por el disparo de artillería del arma que había sido cargado con todas las piezas de hierro que consiguieron, además piedras y cualquier cosa que pudieron conseguir.

El primer tiro abrió un gran boquete en una de las paredes de la casa sitiada, la gente de Funes no se rinde, pero los sitiadores tienen otros planes, comienzan a rociar las paredes para quemarlas, cuando los sitiados se dan cuenta sacan un trapo blanco en señal de rendición.

Arévalo envía uno de sus oficiales para que reciban las peticiones de los vencidos, que son que les dejen enterrar a sus muertos, atender los heridos y Funes quiere hablar con Cedeño.

Al principio el jefe rebelde se opone a entrevistarse con Funes, ya que según él no es función propia de los vencedores entrevistarse con los vencidos.

Luego termina enviando a "Cuello de Pana" que es recibido por un Funes que alega que seguramente sus enemigos han logrado que estos se pusieran en su contra. Azuaje responde que ellos pelean contra Gómez y él es uno de sus representantes.

Funes insiste en que esta dispuesto a entenderse con Arévalo Cedeño y Azuaje se retira a comentarle a su jefe lo que había conversado con el terrible asesino.

Azuaje le dice a su jefe que Funes no parece ser asesino que les habían hablado, el jefe de los rebeldes ordena a un bachiller Delagado0 que realizase un acuerdo para que ambas partes lo firmaran. Funes propuso que entregaría las armas, no todas, ya que las necesitaba también para defenderse, la entrega de algún dinero para la causa y varias letras de cambio que podrían hacer efectivo en Ciudad Bolívar.

Detienen a Funes y hacen investigaciones, consiguiendo papeles en donde están anotados 420 nombres de personas desaparecidas que fueron muertas por Funes y sus asesinos.

Los hombres de Arévalo buscan por la zona al Picure, al Avispa y a Luciano López, los vecinos les narraron a los insurgentes que realizaron un Consejo de Guerra, las atrocidades cometidas por Funes y sus hombres.

Después de deliberar el Consejo de Guerra decidió condenar a muerte a Funes y a Luciano Mendoza que ya lo habían detenido.

Los acusaban de ser los responsables directos de todos los crímenes en ocho años de terror en el Amazonas, Funes cínico alegó que solamente lo que había hecho era luchar por la prosperidad y la felicidad del territorio Amazonas.

El día 30 de enero del año de 1921 las Fuerzas Expedicionarias de la Revolución Constitucional forman una parada militar y sin cura que le confesara sus múltiples pecados, ni venda que cubriese sus ojos fusilaron a Funes y a Mendoza en la plaza de San Fernando de Atabapo.

El asesino vestido de lino gris y un sombrero del mismo color le entrega su anillo al bachiller Delgado antes de que actué el pelotón.

Arévalo Cedeño a los 25 días se retira de San Fernando de Atabapo y parten ahora 600 hombres bien armados por el parque que tenía Funes para seguir escribiendo páginas de valentía en contra del Brujo de la Mulera.



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José Rosario Araujo


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