La escuela y ¡cómo le mintieron a Chávez!

     El lenguaje coloquial venezolano suele decir, “sé que el burro es negro porque tengo los pelos en la mano”. Pero también dice, cuando alguien opina sobre algo que se no le considera facultado, “zapatero a tus zapatos”.

            Me siento autorizado, “con los pelos en la mano”, para hablar de este asunto porque me pasé cerca de 45 años en la escuela pública, casi todos como profesor de aula y practicamente al final de mi carrera, llegué a la dirección de escuela. Es decir, hice el recorrido máximo que estaba permitido a un persistente opositor de la izquierda, lo que significaba no llegar nunca a nivel de supervisor porque eso estaba reservado sólo a los partidarios de los gobiernos del puntofijismo.

            Pero también fui dirigente sindical del magisterio, en la FMV, aquella histórica de Luis Beltrán Prieto, aquí en Anzoátegui y en el Colegio de Profesores de Venezuela, Seccional 9, cuando para ejercer el sindicalismo había que emplear sólo nuestras horas libres. Esa sinecura de la licencia gremial, status en el cual han vivido y viven muchos desde años ancestrales, no existía.

           Digo lo anterior para sustentar que hablo con propiedad porque conozco el asunto desde diferentes ángulos. Por ejemplo sé que en la Ley de Educación primero y luego en el contrato de trabajo de los docentes, se estableció el período de vacaciones. Sabiendo esto, no entiendo por qué el anterior ministro de educación, que llegó a serlo apenas se graduó de abogado, como dicen en mi pueblo “con la leche en los labios”, el año pasado llamó a clases con dos días de anticipación. Si mal no recuerdo, esa vez la dejaron pasar y comprobamos que eso es malo, muy malo. Tanto que este año, se atrevió a más y restó otro día de vacaciones de alumnos y docentes. Si se perpetúa en el cargo, hubiera terminando eliminando el principio universal que además de estar en Ley de Educación, Trabajo, está en el contrato  respectivo. Eso, promovido por un “revolucionario” es bastante grave. Porque no se trata de dos días o uno menos de vacaciones, se trata de sentar un precedente peligroso que viola algo sagrado para los trabajadores.

           Desde que el presidente Chávez dijo por primera vez que “el cobro de inscripción en la escuela pública” había puesto en peligro “la educación gratuita” y nosotros dijimos que incitó “ el crecimiento desmedido de la matrícula escolar privada a expensas de la pública”, nos opusimos a aquella conclusión. Quien esto dude, puede rastrear en aporrea.org y Blog de Eligio Damas, y buscar varios trabajos en los cuales desde hace años hablamos del asunto.

            Sucedió que, quienes vendieron esa versión al insigne compañero Hugo Chávez, no comprendieron el asunto porque nunca tuvieron “los pelos del burro en la mano”, razón misma por la que nada entendieron o fueron responsables de aquello, incapaces de recapacitar y confesar su pecado de hacerle el juego, por lo que ya dijimos, no comprender nada y hasta falta de creatividad, a los gobernantes de la IV república y el FMI.

            Decir que la matrícula escolar privada aumentaba y disminuía la pública, porque en ésta se cobraba una cuota de inscripción anual, es el mayor disparate que uno pueda escuchar; es tan infantil eso que uno no entiende cómo alguien lo repite.

           ¿Cómo entender que alguien por no querer o no poder pagar 20 ó 30 bolívares anuales a la escuela pública, opte por inscribir su hijo en la privada para cancelar como mínimo 500 mensuales, hablando en cifras de aquella época? Saque la cuenta y constate como los números denuncian la mentira. No lo haré porque abusaría del lector.

          ¿Cómo comprender que alguien retirase de la escuela pública a su hijo por no pagar aquella irrisoria cantidad anual, cuando el gobierno mismo asignaba a cada representante una cantidad mensual muy superior, pagada por cheque al representante, equivalente a lo que pagaría en un colegio privado, por cada representado?

         Lo anterior lo está afirmando alguien cuyo currículo profesional está consignado arriba.

         ¿Cuál es la verdad sobre la fuga de la matrícula escolar o lo que es lo mismo la “privatización de la educación”? Por supuesto, me refiero al gran volumen y no algunos pocos casos derivados de la insensibilidad de un director o la poca persistencia del representante.

         Como en todo, en este asunto intervienen varias variables, incluso la relativa a las leyes del mercado. Pues la educación es una mercancía, como el dinero mismo, que se vende y compra. El adquiriente o demandante procura lograr en el mercado lo mejor posible y paga de acuerdo a sus ingresos. Entonces lo que menciono no es la única pero sí bastante significativa.

         El FMI, llegado un momento de crisis en Venezuela, detectó que por razones históricas, como la existencia del Decreto Ley de Instrucción Pública del siglo XIX, el venezolano demandaba la educación gratuita bajo el control del Estado y este, había venido siendo de mucha calidad. Hasta entrada la década del sesenta, la escuela privada, a diferentes niveles, no podía competir con la calidad de la pública. A aquella iban los desechados por esta pero en capacidad de pagar y esos no eran muchos. Eran pocos los padres y estudiantes competentes, si es que existían, que optaban por la escuela privada. Esta era sinónimo de venta de promociones y títulos.

            Para el FMI y el neoliberalismo esa escuela maravillosa, no lo era, sino costosa y había que disminuir la inversión para trasegarla al sector privado. En la contratación del magisterio, que debía y debe revisarse cada dos años, para beneficiar a los trabajadores del sector, encontraron el organismo financiero internacional y sus agentes, la clave para descalificar y hasta destruir aquello grandioso que se había logrado.

           Entre la lucha para lograr que el contrato entrase en discusión, su proceso posterior correspondiente y luego que el “patrón” cumpliese con sus compromisos, se comenzó a hilvanar una larga cadena de huelgas que en veces consumían hasta el 50 % de los días hábiles para la enseñanza. Y eso fue así durante años.

           El FMI y los gobiernos neoliberales se percataron que allí había un arma letal para provocar traslados masivos “espontáneos” de la matrícula de un  lado a otro. Por eso, el gobierno extrañamente se convirtió en promotor de huelgas, poniendo trabas para que los contratos entrasen en discusión, ofertando en cada sesión lo mismo para no avanzar y luego incumpliendo sistemáticamente con lo acordado para provocar huelgas.

          Los ministros de educación no presupuestaban los contratos que sabían debían firmar para que por cualquier traba en el congreso, donde la oposición también hacía su juego, consciente o no del asunto, ponía trabas. Por supuesto, estas actitudes terminaban por provocar nuevas huelgas. Hubo un caso emblemático de un ministro de Educación de unos de los dos partidos del puntofijismo, que consumió en otros menesteres, las partidas correspondientes a sueldos y aguinaldos, contando que luego le darían un crédito adicional, lo que estaba impedido por la ley misma,  que terminó en una huelga de larga duración. Todo estaba planificado.

            El asunto llegó a tal extremo, que hubo dirigentes sindicales opuestos a aquellos gobiernos, de los mismos que vendieron aquella versión a Chávez, la misma que uno todavía escucha en boca de funcionarios de este gobierno, que declaraban paros cada quincena si a las diez de la mañana del día fijado para el pago no lo recibían a las 10 de la mañana.

           Fueron muchos los maestros y profesores a quienes habiéndoles preguntado por qué tenían sus hijos en la escuela privada, donde los docentes eran los mismos de la pública donde ellos trabajaban, respondían no sin preocupación y hasta dolor:

           -“Porque aquí más el tiempo que estamos parados que trabajando y los muchachos no pierden el tiempo”.

          Sucedió que el FMI y los gobiernos del puntofijismo pusieron una trampa “caza bobos” que el sindicalismo magisterial pisó y repisó. Nunca, la mayoría quiso revisar, pese los llamados a mirar la trampa y eludirla creativamente. Sucedió que la matrícula de la escuela privada alcanzó niveles bastantes significativos y lo que es peor, prestigio de ser mejor que la pública. Circunstancia por cierto, que todavía no hemos superado. Pese que, los docentes siguen siendo los mismos en un lado y otro; sólo que en el privado, el docente estrella, puede ser un holgazán en la pública..

            Mientras tanto, a quienes nos atrevimos advertir la “trampa” y el proceder inadecuado de quienes debían desmontarla, nos calificaron de “tipos de la derecha”. ¿Hemos cambiado?

            Por todo lo anterior y lo que uno todavía ve con tristeza y hasta nostalgia, diremos que Ministro de Educación no puede ser cualquiera, un advenedizo o persona que desconoce todos los asuntos que al cargo conciernen; no es suficiente que lo percibamos como leal y dispuesto, como los buenos jugadores de béisbol, a acatar las señas del banco. El sindicalista tampoco puede ser alguien que no se atreva.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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