El pasado 15 de enero de 2026, ante la Asamblea Nacional, la Vicepresidenta Ejecutiva Delcy Rodríguez marcó un hito en la historia económica contemporánea de Venezuela. Al anunciar la creación de dos Fondos Soberanos sustentados en el mecanismo de “créditos productivos retornables”, el Gobierno Bolivariano no solo celebra el éxito de haber alcanzado una producción de 1.200.000 barriles diarios, sino que da un paso valiente hacia el desmantelamiento definitivo del modelo rentista.
Como académico y economista, recibo con profunda satisfacción este giro estratégico. Quienes hemos dedicado años al estudio de la estructura rentista venezolana, sabemos que el cáncer de nuestra economía no ha sido el petróleo en sí, sino lo que he denominado en mis tesis y ensayos como el “Principio de transferencia irreversible de divisas sin contrapartida productiva”.
El fin de la “divisa regalada”
Desde 1939, el Estado venezolano operó bajo una lógica suicida: captar la renta petrolera y transferirla a agentes privados y externos de forma irreversible. Se entregaban divisas para importaciones o auxilio financiero sin exigir nada a cambio; ni niveles de producción, ni creación de empleo, ni retorno del capital. El resultado fue histórico: fuga de capitales, desindustrialización y una vulnerabilidad extrema ante choques externos.
Mi propuesta, sintetizada en el ensayo “El Principio de Transferencia Irreversible de Divisas y FONADIR” (presentado formalmente ante la UCV en octubre de 2025), plantea que la única forma de salvar la economía es rompiendo esa irreversibilidad. La divisa debe dejar de ser un “subsidio” para convertirse en Capital Financiero Perpetuo.
FONADIR: El modelo que hoy se hace realidad
La creación de estos nuevos Fondos Soberanos anunciados por la Vicepresidenta coincide milimétricamente con el espíritu del Fondo Nacional de Asignación de Divisas Retornables (FONADIR) que he venido proponiendo desde hace seis años.
¿Qué significa que el crédito sea “retornable”? Significa que el Estado ya no “regala” la renta. Ahora, cada dólar invertido en el sector industrial, agroalimentario o de infraestructura debe retornar al fondo para ser reinvertido. Es el modelo de éxito de países como Noruega o México, adaptado a nuestra realidad soberana.
Al decir la Vicepresidenta que los recursos de la renta petrolera no irán a la “bicicleta financiera” ni a la especulación, sino a la producción real, está validando la tesis de que el Estado debe demandar una contrapartida productiva. Es la transición de una economía de puertos a una economía de valor agregado.
Un triunfo del pensamiento económico nacional
Es un acto de justicia intelectual reconocer que el Gobierno Revolucionario ha escuchado y asimilado las críticas constructivas emanadas desde la academia comprometida. La implementación de estos fondos no es un hecho aislado; es la aplicación de una teoría científica que busca blindar al país contra el rentismo.
Venezuela entra en 2026 con un crecimiento proyectado tras un sólido 8,5% en 2025. Pero más allá de las cifras, lo verdaderamente trascendental es el cambio de reglas de juego. El FONADIR, bajo el nombre que el Ejecutivo decida darle, ya está en marcha. El compromiso ahora es velar porque estos créditos retornables se asignen con transparencia y eficiencia, garantizando que la riqueza del subsuelo se transforme, de una vez por todas, en bienestar tangible y soberanía industrial.
La ciencia económica al servicio del pueblo ha hablado. El tiempo de la transferencia irreversible ha terminado; comienza la era del capital productivo para todos los venezolanos.