Entre periodistas y traidores: las verdades del “poder”

Hay poder de poderes. Por ejemplo, el patriarcado. Es el poder del macho impuesto por años de civilización occidental y oriental sobre la hembra, la hegemonía masculina sobre la mujer en casi todos los quehaceres de la vida, desde el lenguaje, el trabajo, hasta en el mismo modelo de independencia femenina, es decir, para independizarse la mujer tiene que ser como el hombre; a ninguna diputada del PSUV se le ocurriría un modelo distinto de sociedad, por ejemplo, el matriarcado, el cual todavía, inclusive, se conoce en uso en algunos pueblos perdidos del Amazonas y en África, …o el socialismo.

Sin embrago, entre paréntesis, esto nada tiene que ver con las concepciones de femenino y masculino que los antiguos signaron a la naturaleza: la madre tierra, la naturaleza, el sol y la luna (quizá). Este comentario viene a lugar por los disparates que comete a diario Maduro con el "género" de los adjetivos y sustantivos, confundiéndolos con el "sexo", que son dos cosas distintas, tratando de copiar a Chávez en su rebeldía, el cual lo hacía con una franca intención política de descubrir en el lenguaje esta hegemonía patriarcal, así se equivocara muchas veces.

Luego, más acá de ese poder sexual, está el poder de las clases sociales hegemónicas: la de los aristócratas, la de los oligarcas, la de los capitalistas burgueses; el cual ha impuesto en el tiempo sus leyes, formas jurídicas, sus saberes, sus instituciones. Muchas de estas instituciones se han hecho casi naturales a las gentes en las sociedades modernas: los jueces, la iglesia, los parlamentos, los sistemas electorales, la "democracia", las naciones y sus mojones territoriales y la "Patria", naturalizados más allá de los intereses de clase. En algunas sociedades los reyes son una institución, en otras el presidente y el parlamentarismo... incluso hay tiranías muy normales ellas por el paso del tiempo y la costumbre a ser tiranizado.

El caso es que desde el poder fluye hacia abajo la verdad. La verdad se impone por razón al poder de quién la genera. Sí Maduro dice que Nelson Martínez fue un traidor, aunque a mucho les cueste creer esto, se impone como verdad porque no hay otro poder que ahora compita con el del presidente y sus acólitos: Maduro se apoya en el Fiscal para imponer su verdad, el Fiscal en el tribunal supremo, Diosdado en Maduro y le devuelve la razón al fiscal, en una centrífuga de mucha fuerza ¿Quién puede dudar ahora que Nelson Martínez fue un traidor y un corrupto? ¿Quién puede dudar que su enfermedad fuera atendida debidamente, que no lo dejaran morir?

Otra cualidad inescrupulosa del poder es la de administrar casi todas las verdades de las ciencias, el espacio, el tiempo, hasta la temperatura del planeta, los números, las estadísticas, la lingüística, la gramática, etc. Por eso, si la "opinión pública" (ese podercito del consenso social) no se ocupa, ¡nadie pude decir de Nelson Martínez nada!, ni bueno ni malo, simplemente porque nadie se ocupó del desdichado preso, en razón a su acusación de traidor y corrupto hechas desde el otro poder el cual posee el monopolio de la información. En otros tiempos esta hubiera sido una buena motivación para reporteros acuciosos, pero los periodistas de ahora, desde que existe el periodismo como profesión, solo acaban con la verdad donde quiera que ésta pueda aparecer.

Nadie se ocupó de Nelson como tampoco lo hacen ahora de Eulogio del Pino y de los otros gerentes, Orlando Chacín, Ricardo León, nadie quiere pensar más allá de esta acusación. Tampoco es que estos gerentes sean atletas inmortales, o simples pendejos corrutos que no van a morir, seguro mueren también.

Pero los pícaros de otros ministerios, de Miraflores, de finanzas, del Banco Central incluidos, si tienen salud para rato y gozan de un verdadero "buen vivir" en libertad, a pesar de que se enriquecieron con los dólares baratos producidos por los llamados ahora corruptos y traidores; los cuales, por lo menos, sí trabajaron de verdad, por el bienestar de todo el país y para que emergieran nuestros novísimos ricos, los llamados boliburgueses por la otra derecha cómplice e hipócrita,

Y todo, porque un fiscal cómplice del poder los acusa; manda a que los esposen, los expongan al escarnio público en televisión, confabulado con el sistema nacional de información, el cual vive del chisme, de los show informativos, de las estridencias fanfárricas, del ¡Urgente! ¡Última hora!

Este es un país de resentidos y chismosos, y el funcionario de turno lo sabe; el "poder", que es una peste apestosa, se ocupa de recordárselo todos los días: "Tarek, ya sabes, tú tienes rabo de paja", otra cualidad del "poder hegemónico", de esta peste (que no es popular ni participativo ni protagónico ni nada): el sentido de la complicidad y del chantaje, y una suerte de bullying político… ¡el fiscal no se iba a quedar atrás en osadía y desvergüenza!

Desde hoy hay que recobrar el sentido de los derechos humanos. José Vicente Rangel debería retomar su línea de defensa de los derechos humanos por encima de las distracciones y los comunicados oficiales, la muerte de un preso de esa jerarquía, en condiciones tan confusas debe ser motivo para una investigación seria y para la protección y defensa de los derechos humanos de los demás presos "personales" del fiscal, de Maduro y ahora parece que otros. Aquí no existe la condena a muerte, y menos por razones políticas.



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Marcos Luna


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