Señora, estamos confundiendo a los enemigos

Esa madre joven que le dice al que le dañó su carro al intentar cruzar una barricada ¡CHAVISTA ES EL COÑO DE TU MADRE! ¡MALDITO ABUSADOR!, Y nosotros, que somos chavistas, por horror a la oligarquía, estamos en el mismo lado en esta crisis. Veamos por qué…

El presidente Maduro y su equipo de gobierno se han dedicado a armarle una trampa al pueblo chavista obligándolo como sea a apoyar incondicionalmente todas sus decisiones por más absurdas que sean ¡en nombre de Chávez, del socialismo, de la soberanía, de la independencia! Nos tienen chantajeados con la lealtad, estamos todos bajo presión, y sin razones lógicas que nos convenzan. Una insistencia desesperada por que todos tengamos el Carnet de la Patria, acompañada de una campaña soterrada de que sin él nadie podría tramitar jubilaciones, pensiones, viviendas, créditos, acceder a los servicios de las Misiones, a cupos universitarios: se ha dicho de todo sobre lo mágico que resulta tener este carnet y lo peligroso que sería no tenerlo. Luego inventan unos cuerpos de vigilancia que se llaman, uno, Vente Venezuela y el otro el 4X4, encargados de ser centinelas del voto y de la lealtad dentro de todos los chavistas. Están ahí para saber si vamos a votar o no, y de paso averiguar si estamos con Maduro a no. Nos envían mensajes, no llaman al celular, quieren escuchar nuestra opinión como sea. Si callamos, nos etiquetan de escuálidos. Pero, si votamos, si pudieran saber cómo votamos, sería perfecto. Es la aparnoia del miedo. Es decir, por este lado estamos emboscados. No podemos criticar nada del gobierno en público si hay cerca maduristas furiosos, pero tampoco podemos hacer silencio porque nos acosan muy rápido, no llama traidores, escuálidos, salta talanquera. Si somos empleados públicos somos aislados y castigados en los centros de trabajo. ¡Esto era lo que faltaba!, ahora los chavistas somos vigilados y amenazados en nuestros propios espacios y sitios de trabajo, bajo un habiente de terror generado desde el alto gobierno. Un viejo compañero recordaba los tiempos de la dictadura de Pérez Jiménez, la referencia más fresca al fascismo.

Del otro lado, Muchacho, Guevara, Capriles, la Machado, Smolanski, Alloup, Leopoldo López, su familia, y todos los demás, administran su cuota de terror, de población y de ciudad. Deciden un trancazo y la clase media frita, que no pudo viajar o simplemente es pobre, fanáticos furiosos antichavistas, apoyada por los policías y ex policías, pistoleros, niños de la calle, y toda clase de marginalidad, pagada con dólares, bolívares y drogas; y con una especie de licencia de corso expedida por las alcaldías controladas de por ellos que les otorgan el derecho a que destrocen algo público, a robar y saquear cualquier dependencia oficial, de robar a funcionario, de matar o quemar a chavista o presos de guerra. Estos mercenarios dirigidos y financiados de primera mano por un grupito de ricos y de sus capataces, tienen en Jaque a el resto de la población que no es chavista, la cual no puede transitar por calles y avenidas, no puede opinar distinto, no se puede enfermar, comprar comida, estudiar, recrearse: estos otros locos mantienen en tensión y zozobra a los suyos y a todo el mundo.

La gente está enferma de los nervios. Es decir, los pendejos, los chavistas ¡que lo somos por no ser de derecha!, más la clase media (y muchos pelabolas), ¡que no son chavistas! pagamos las consecuencias de una lucha de poder. Los trabajadores y empleados públicos y privados, los profesionales, los estudiantes de ópera y sus maestros, los pintores, los deportistas, los maestros y las enfermeras, el hombre común, otrora soberanos de nuestras vidas, hoy vivimos supeditados a la voluntad de estos pícaros, en un lado y en el otro, de estos payasos manipuladores que riñen por el poder –casi que por razones personales si no supiéramos que obedecen al mismo patrón-.

Mientras tanto, como Zeus y la corte Olímpica, Trump, Gustavo Cisneros, Lorenzo Mendoza, los inversionistas extranjeros, miran desde lo alto como se desarrolla el juego del hambre, el juego de los odios y el juego del terror.

 

reverones@gmail.com



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Marcos Luna


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