El mulato Tomás Straka, tratando de emular al otro mulato de José Domingo Díaz

El termino aquí de mulato, señores de Aporrea, no es en absoluto peyorativo. Yo también soy mulato pero tengo conciencia de mi clase. En cambio el mulato Straka no la tiene, como tampoco la tuvo el señor José Domingo Díaz.

He leído el libro de don Tomás Straka, “Contra Bolívar”, por lo que tiene de José Domingo Díaz, porque verdaderamente durante años no pude encontrar su obra “Recuerdos de la Rebelión de Caracas”; en la portada del libro de Straka leemos que contiene “una selección y análisis de los terribles artículos de José Domingo Díaz contra el Libertador”.

Tomás Straka se considera investigador del Instituto de investigaciones históricas Hermann González Oropeza, SJ", de la Universidad católica Andrés Bello, en la que según él mismo, dirige maestrías en historia de Venezuela e historia de las Américas.

Orgullosamente, dice este don Tomás, que ha ejercido la docencia y la investigación en las universidades Simón Bolívar, Metropolitana, Monte Ávila, el Instituto Pedagógico de Caracas, el Instituto Universitario Pedagógico Monseñor Arias Blanco y en el seminario interdiocesano Santa Rosa de Lima. Es este don Tomás además, orondo profesor egresado del Pedagógico de Caracas y magister en historia por la Universidad Central de Venezuela.

Todo un catedrático don Tomás que pujará sin duda por tratar de ocupar una poltrona en la Academia de los vagos y vacuos historiadores de Venezuela, allí donde estuvo muchos años jefeando el protuberante Guillermo Mojón.

Este trabajito que publicó Libros Marcados no puede llamarse propiamente un libro de Tomás si no de José Domingo Díazde donde Straka extrajo toda una selección de los artículos de José domingo Díaz, de la referida obra “Recuerdos de la de la rebelión de Caracas".

Como Bolívar está tomando verdadero protagonismo real en los hechos políticos de América Latina, Straka quiso meter en la diatriba, copiándose una serie de artículos del mayor detractor del Libertador. Lo primero que hizo Tomás Straka al editar su libro y tratar de venderlo entre los escuálidos, fue irse al programa del Matacuras Leopoldo Castillo muy orgulloso, y presentarlo allí con el agua maldita de la saliva de la puita de los medios venezolano.

Yo nunca he entendido ni podré entenderlo jamás como un negro, un mulato o un indio, pueden llegar a ser antichavista. Mucho menos podría entender como José Domingo Díaz llegó a ser antibolivariano en la época más terrible de nuestra revolución independentista. Esto tiene que ver con un complejo terrible. Lo de José Domingo Díaz era realmente insólito porque además adoraba con fruición desbordada al rey Fernando VII.

José Domingo Díaz fue expósito, y por esta condición, cosa extraña, llegó a permitírsele tener el título de médico.

Para los camaradas lectores de mis trabajos de historia, coloco aquí algunas ideas interesantes sobre este personaje:

José Domingo Díaz, probablemente nació en 1772, y fue educado por los hermanos sacerdotes Domingo y Juan A. Díaz Argote quienes le dieron el apellido. No era lerdo el muchacho y aprendió inglés francés y latín. Se vio envuelto en un escándalo de mala praxis médica, y luego pudo viajar a España nada menos que con el grandísimo traidor marqués Casa de León. Redactó junto a Miguel José Sanz, el semanario de Caracas, y llegó a ser secretario del Pacificador Pablo Morillo.

Este personaje estuvo a cargo de la “Gazeta de Caracas”, periódico oficial de desde 1814 a 1821. Lo llamaban el GAZETERO.

El 19 abril 1815, en el número 12 de la Gazeta de Caracas, aparece un comentario de Díaz a la proclama hecha por el capitán general Juan Manuel Cajigal.

En ese editorial dice domingo Díaz, que Simón Bolívar introdujo en Venezuela desconocidas parcialidades y ociosas distinciones de origen como las que hoy los escuálidos le endilgan a Chávez. Es decir que para él Bolívar había venido a dividir a los venezolanos, los que supuestamente vivían en armoniosa unidad bajo el gobierno español perseguido (como hoy éstos dicen que se la pasaban mejor con los adecos y copeyanos).

Le prometía Díaz en nombre del rey que a todo aquellos que fuesen buenos de corazón los realistas les perdonarían. Y en contraposición al Decreto de Guerra a Muerte señalaba que serían iguales ante la ley los que hubiesen nacido en las tristes y desiertas Rivera de apure, o aquellos que vieron la luz del día por primera vez en las alegres y pobladas orillas del Tajo.

Se lamentaba Díaz de todos aquellos engañados que habían esperado remedios de los males inexplicables en que los hundió “el bárbaro” Bolívar. El “bárbaro” que los había hundido en la desesperanza. El “bárbaro” que les había dicho francamente que serían iguales para terminar engañándolos y alucinándolos; el “bárbaro” que los halagaba con palabras o con hechos insignificantes, y los despreciaba en su corazón, y en las cosas que tenían realidad, se consideraba como una divinidad y consideraba a los demás como entes destinados a servirle: llamaba ciudadanos a todos pero exigía que se le llamase excelencia; elogiaba la democracia, pero actuaba como un tirano.

Qué idéntico a lo que vivimos hoy día.

Era necesario, para José Domingo Díaz, que para que Bolívar fuese seguido por semejantes principios había que ser muy ignorante, o ser muy iluso.

A Domingo Díaz le parecía ridícula esa creación que hizo Bolívar de la orden de Libertadores, porque establecía clases honoríficas que traían consigo misma la desigualdad, y distinciones a las clases que consideraba inferiores.

Entonces Domingo Díaz trataba de convencerles a los venezolanos que todos serían iguales ante las leyes gobernando el rey de España. “El noble y el plebeyo, el pobre y el rico, el sabio y el ignorante, el blanco, el pardo, el indio, y el negro tienen por sus virtudes y sus vicios una misma consideración para con ellas. Esta es la igualdad que forma la tranquilidad pública: cualquier otra es el efecto de una imaginación delirante, y el origen de males incalculables…”

“…Es tiempo ya de que todos los venezolanos manifiesten al mundo que somos españoles, y que somos dignos de serlo. Que no incurramos en la grosera contradicción de tenerlos por reales, y de no obedecer ciegamente los decretos del gobierno: la lealtad y la sumisión son sinónimos: la lealtad y la desobediencia están en contradicción. La lealtad y el deseo de la paz pública son una misma cosa... es leal en las circunstancias actuales el que siguiendo el ejemplo, los deseos y los decretos del gobierno todo lo olvida, como su olvido sea conveniente para restaurar la paz…”

“…Venezolanos no pueden vivir entre nosotros unos monstruos tan abominables. Los que profanaron nuestra patria y la cubrieron de ignominia, no pueden volver a dirigirla, después de haberse purificado son indignos de vivir entre los hombres: deben pertenecer otra especie... y la sola memoria de Bolívar, Mariño, Bermúdez, tirar, Diego Mérida, Casado, Mendoza y otros colegas suyos, ofende vuestro honor, y la dignidad de nuestra patria…”

Le llama a Bolívar también salvaje y seguidamente añadía: “el colegio seminario, y la escuela en donde a costa de desvelos, cuidados y sacrificios del legítimo gobierno, se proporcionaba gratuitamente a los venezolanos estos útiles conocimientos, fueron atacadas y destruidas en sus fundamentos, consiguiendo en los medios de la ejecución el doble reto de llevar al sacrificio nuevas víctimas, y aumentar el número de los que él llama soldados como hombres que respetaron siempre todas las naciones. Pero acaba de sufrir la horrible e ignominiosa derrota que el 10 noviembre 1813 le dio el brigadier de Joseph Cevallos en la ciudad de Barquisimeto. Huyó con el pavor que le es propio, cobarde, y en el pueblo de Caramacate, expidió por la primera vez la orden inaudita de asesinato universal de los europeos y canarios, y la de hacer marchar cuántos hombres hubiese esta ciudad con especialidad los jóvenes estudiantes…. Fueron muy pocos los estudiantes y colegiales en el espacio de tres o cuatro días no quedaron hechos soldados…. El que tenía la estúpida insolencia de llamar continuamente siglos de esclavitud y barbarie los tres que le habían precedido; el que no tuvo el pudor de desdecirse en su proclama del 13 abril 1814; el que tuvo la audacia de llamarse Libertador, este es quien con un decreto dictado por el pavor, la desesperación y el orgullo destruyó la obra, como el hijo de ilustración y cultura.”

En pocas palabras, José Domingo Díaz con su Gazeta, fue la Globovisión de aquella dura guerra de Independencia.


jsantroz@gmail.com


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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