Crónica Banana City

La Doctora Petra (I)

Se anuncia el día. Amanece y se ilumina la esperanza de un pueblo que apuesta al por-venir. Nada fácil es la situación por la que atraviesan sus pobladores. La algarabía de los muchachos que llegan a la escuela da a las mañanas, al igual que los pájaros y las bandadas de loros que lo cruzan de un extremo al otro; un colorido y sonoro concierto sin igual que irradia todo el contorno de la escuela.

Entre los maestros y profesores que reciben a los muchachos destaca Petra. Su presencia es imponente, altiva, de personalidad fuerte y al mismo tiempo manifiesta el sentir de un amigo cercano. Su redonda cara, por lo general, se puebla con una sonrisa y una frase que lanzada al aire, en tono cantarino, nos envuelve en un manto de cariño: ¿Cómo estas, fulano? Saludo que se transforma en punto de partida de la conversación que surge como continuidad del encuentro. El tema recurrente es la vida y sus circunstancias, la realidad que modela nuestras vidas, que configura a todo Pueblo.

Cierto día que visitaba a una amiga me encontré con ella. Al salir de la casa divise un grupo que caminaba por el "medio de la calle"; nada extraordinario, dado que es costumbre en los pueblos hacerlo así. Alegres conversaban y reían animando la marcha; al frente venía ella como comandando un pelotón. Era un grupo compuesto, principalmente, por mujeres; esas que siempre están activas impulsando actividades para satisfacer necesidades de la comunidad.

-¡Hola Luis! ¿Cómo estás?, dijo al verme, con su flamante sonrisa a flor de labios.

– Por cierto, tengo que hablar contigo. ¡Estoy leyendo a Husserl y quiero que me hables del "cojito"

-¿De quién? – le respondí sorprendido, mientras buscaba en mi memoria alguna idea de del filosofo alemán Edmund Husserl que se refiriera al "cojito".

-¡Si, el cojito" -insistía ella.

-¡Es que acaso no te acuerdas?

Hasta que identifique, después de superar mi pedantería de lector de filosofía, y dije:

-Ah, el "Cogito ergo sum". Es Descartes y la sentencia de la filosofía moderna: "Pienso, luego existo"; sobre la cual reflexionó Husserl.

- ¡Yo lo digo como lo leo! –Me dijo, soltando una carcajada y dándome una lección.

 

Petra pertenece a las familias fundadoras del pueblo. Allí nacieron, crecieron, se casaron y algunos murieron. Hoy las nuevas generaciones de la familia están diseminados por todo el pueblo. La vieja casa paterna, desde donde se multiplico la familia, queda a la salida del pueblo, al lado del camino real. Mas adentro, están otros caseríos más pequeños. El camino continúa creciendo y ramificándose en su búsqueda de los poblados. Los que lo tomaban van en dirección noroeste, hacia la montaña.

Allí Petra se crió y creció entre sus numerosos hermanos y hermanas. El amplio patio se poblaba de animales: gallinas, patos, algún chivo y hasta algún cochino que escapado de la cochinera merodeaba por el patio compitiendo con perros, gatos y el resto de animales por un mendrugo de pan.

Su vida juvenil se forjó en la dura lucha que imponía la supervivencia. Crió animales que luego beneficiaba y vendía su carne. La crianza del cochino y su preparación era una de las faenas que dominaba con destreza, a pesar de su edad y lo duro del proceso de trabajo. En paralelo iba a la escuela y luego se hizo maestra.

Enamorada de su profesión, forjo su experiencia educativa. Conjugó ciencia y tecnología educativa con los saberes populares, así como los mitos pertenecientes a la comunidad. Años más tarde, con y desde la madurez de su experiencia, fue a la Universidad donde la culmino con un doctorado en Educación.

El pueblo se forjo con la lucha de sus pobladores. Las calles polvorientas se convertían en pantanos cada vez que llovía. Era común ver las mujeres caminar con los zapatos en la mano buscando el autobús que las llevaría a la ciudad vecina. Muchas fueron las luchas por conseguir el asfaltado; lo mismo con el agua, la escuela la plaza, el alumbrado… Toda la infraestructura del pueblo fue conseguida pulso a pulso con la lucha de su gente.

Nos dice Petra que las trancas de la autopista son testigos de la presión que ejercían para construir el pueblo. Y continúa dicindo:

-¡Lo mismo podemos decir de las distintas asambleas donde se emplazaban a los dirigentes políticos aspirantes a la Alcaldía en cuyos manos reposan la responsabilidad de los problemas de la comunidad!

Petra es una mujer que lleva una vida excepcional. Su compañero es carpintero y por supuesto la carpintería funciona en su casa. Al compás de la melodía que brota de la sierra, en paralelo, el hijo menor hace maestrías con los módulos de internet, mientras que ella escribe para revistas científicas o sus trabajos de tutoría de las tesis de los estudiantes universitarios de Educación de la Universidad Simón Rodríguez.

Pero no sólo la actividad académica formal. Tutora de un programa de cultores adultos populares de la región que obtienen a través de un programa especial de acreditación por experiencia: músicos, pintores, instrumentistas,… Además es conservacionista y cultivadora de la investigación de mitos y tradiciones del pueblo. Es la "rezandera del pueblo", no hay un difunto en la comunidad donde Petra no sea la persona que le rece el novenario; imprimiendo su propia personalidad y sello particular al correspondiente rito.

Los pueblos se hacen y sus constructores son los pobladores, con sus héroes anónimos, que aportan su riqueza personal y colectiva al proceso de conformación de una comunidad con su cultura. La vida y su circunstancia van forjando la sabia que constituye cada comunidad. Petra representa ese sentido de pueblo que se manifiesta en cada hecho de la cotidianidad comunitaria que hace Pueblos, que hace Historia.

(1). El Lector interesado puede consultar la sección Crónica Banana City, del Blog. "América en su Historia, su Literatura y Filosofía"; a través de su dirección: americaseryliteratura.blogspot.com



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Luis E. Villegas N.


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