Era una alegría para los demás

"La vida llama poderosamente al hombre y superpoderosamente al revolucionario para que obre concretamente en ella y para que contribuya a formarla en lo invisible; la vida, siempre orientada en el sentido de lo presente, quiere presencia, quiere que el revolucionario se mezcle y participe en sus realidades. Pero al mismo tiempo su obra no formada aún y orientada únicamente hacia el futuro advierte al revolucionario dominante y celoso, que se aísle de la vida, que se niegue a sus exigencias y que sólo sirva al espíritu creador".

La tarea histórica de una generación responsable es procurar empatar este momento con el pasado para poder plantear los problemas del futuro. Estudiar las posibilidades que ofrezcan las obra de las generaciones que nos precedieron, analizando sus errores para evitarlos y continuando por el camino de sus aciertos, es un deber. Libro de imágenes empezó luego inesperadamente aquella abundancia insaciable e inagotable de su verbo lírico, aquel esplendor de parábolas desbordantes, que ningún político en el país ha logrado superar.

Simón Bolívar, El Libertador: Había encontrado que circuyen el Chimborazo insondable, en cuya inconmensurabilidad podía desembocar el sentimiento todo; la suave humildad se había tornado beatitud, "la constante y quieta gravedad, que desde las profundidades del que acciona sobre las almas", la agitación suave se había vuelto embriaguez temblosa y extática, las estrofas aisladas, como musicalmente mecidas por el viento, se habían transformado en el retumbar broncíneo de campanas, contaba del país "endurecido" en el sentido de lo positivo y claro.

Nuestra generación revivió, respetuosamente asombrada, este gran crecimiento desde un comienzo tan tímido hasta un anhelo del Chimborazo que abarca al mundo, ese ensanchamiento y esa transformación egregia. Fue maravilloso asistir a esa elevación del Libertador en el tiempo, y sentir año tras año, conmovido y cada vez más arrebatado, como se llenaba y cumplía el verbo de ese hombre, sentir cómo las primeras miniaturas de su verbo se ampliaban en cuadros ardientes, como el lenguaje absorbía los discursos, como las parábolas comprendían, cada vez más profundas, el núcleo de los fenómenos, cómo el frágil elemento de los discursos formaba todo el pueblo valedero, y como unos discursos martilladas con rimas cada vez más raras y originales aunaban con fervor lo aparentemente más distante, a lo más próximo, de modo que en verdad toda nuestra existencia espiritual parecía envuelta en ese tejido.

Apenas si entonces lográbamos captar, asombrados, el sentido que encerraban aquellos últimos discursos, y sólo ahora comprendemos, con dolor, que ya no procuraba dirigir entonces la palabra a los vivos, sino que dialogaba con lo otro, con el más allá de las cosas y del sentimiento. Ya fue el diálogo con el infinito el que allí se inició, fraternal conversación con la muerte, su propia muerte, preparada de larga mano y que entonces maduraba, elevando su mirada, exigente, desde la oscuridad hacia el investigador.

Ese fue su último ascenso, y difícilmente podremos medir el ventisquero que alcanzó solitario en su postrer camino. Esa perfección era ya como un fin, y él mismo tuvo deseos de descansar. Así fue que, descansando de tan escabroso ascenso, para probar sus fuerzas nunca agotadas, una posibilidad nueva y más difícil todavía. Aficionado hasta el postrer instante a lo arduo y la casi irrealizable, eligió por descanso ese esfuerzo excesivo que seguramente no habría pasado de mera pausa predecesora de una nueva ascensión hacia lo eterno.

Su obra crecía en el silencio, taciturna, como acaece con todo lo grande, se formó a solas, como todo lo perfecto. El espíritu intuitivo de los que han sido llamados enseña a ese hombre singular que lo decisivo nunca puede realizarse sino mediante un gran renunciamiento simultáneo.

Citó a Don Mario Briceño Iragorry: "En la escuela se sustituyó la cultura de las virtudes ciudadanas por la permanencia de un rito fúnebre. Y los delitos contra los vivos se expiaron por medio de homenajes a los muertos. Se sembraron estatuas de Bolívar a lo largo de los caminos de la Patria, mientras los hombres llamados a ser libres, unos soportaban el peso de los grillos mantenían sobre los labios las duras consignas del silencio. Y muchos hasta llegaron a creer en la posibilidad de fabricarse un "familiar" con reliquias del Padre de la Patria".

¡Bolívar Vive, la Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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