España: Ola de Huelgas del siglo XIX

Si esos problemas eran importantes la tónica de la situación estaba dada preferentemente por un hecho que podríamos calificar de nuevo: la tensión social que había llegado a ocupar los primeros planos de la vida política.

Cuando Alfonso XIII fue coronado, estaba Barcelona en estado de guerra desde el mes de febrero. La huelga de los metalúrgicos, que pedían la jornada de nueve horas, comenzada en enero, se transformó en huelga general al mes siguiente y la capital catalana se convirtió en escenarios de violentos choques entre obreros y fuerza pública. Los 10.000 metalúrgicos en huelga pidieron una acción solidaria a los otros trabajadores. El sábado, 15 de febrero, 72 reuniones populares. El sábado, 15 de febrero, 75 reuniones populares celebradas en Barcelona decidieron la huelga general.

Pese a la detención de numerosos dirigentes societarios, la huelga general paralizó por completo la vida de Barcelona y se extendió a Sans, Sabadell, Tarrasa, Tarragona y Reus. Hubo un momento, horas antes de que el capitán general declarase el estado de guerra, en que los huelguistas eran dueños absolutos de la ciudad. Luego, los choques entre fuerzas del Ejército y huelguistas adquieron violencia extraordinaria; las informaciones procedentes del lado obrero calculaban los muertos en cerca de 40 y los heridos en 200.

Esa huelga, dirigida esencialmente por organizaciones de tendencia anarquista, fue criticada por Pablo Iglesias y por la dirección del Partido Socialista. Sobre este particular se abrió verdadero polémica en el seno de la Internacional Socialista.

Un documento de la Ejecutiva del Partido Socialista, dirigido el 11 de marzo a todos los partidos y organizaciones socialistas del mundo, sostenía el punto de vista de que "la clase obrera no estaba todavía suficientemente instruida para tomar el Poder".

En fin, lo que algunos llaman "agitación social" no paró ahí: mineros de Bilbao y de Cartagena, portuarios de Málaga, panaderos de San Sebastián y otras corporaciones más fueron a la huelga en aquel verano de 1902.

La huelga de Bilbao de 1903 tuvo mucha más transcendencia que la del año anterior. A primeros de octubre, se formularon las reivindicaciones, en un mitin socialista en el que habló Facundo Perezagua ante 6.000 obreros; se pedía que el pago de salarios se efectuase semanalmente o por lo menos cada dos semanas y que desapareciesen las cantinas explotadas por los capataces que, a despecho del acuerdo de 1890, seguían existiendo. El 17 de octubre 15.000 mineros fueron a la huelga; el Gobierno declaró el estado de sitio; se levantaron barricadas, hubo muertos, heridos y numerosas detenciones. Sin embargo, el capitán general, Zappino, creyó más prudente ceder y después de negociar con los huelguistas dictó el bando del 31 de octubre que estipulaba:

1º Los obreros volverían al trabajo el 2 de noviembre.

2º A partir del 1º de enero, el pago se haría por semanas.

3º Bajo ningún pretexto se podría obligar a los obreros a aprovisionarse en una tienda o cantina determinada.

4º La Comisión de higiene de la provincia vigilaría rigurosamente los víveres vendidos en los almacenes y cantinas de la zona minera.

En el campo, cuya situación material y conocemos, las tensión no era menor. Esta época señaló la generalización de huelgas de los peones agrícolas andaluces. En algunos lugares las acciones adquieron suma violencia. Así, en Alcalá del Valle, donde los huelguistas asaltaron el Ayuntamiento y el Juzgado, chocando con la Guardia civil, que dio muerte a uno de ellos. Los numerosos detenidos fueron víctimas de innumerables torturas, lo que dio lugar a protestas de la oposición liberal y obrera, así como a diversas manifestaciones en el extranjero.

También en Cártama (provincia de Málaga) los jornaleros organizaron una marcha del hambre sobre la capital, que dio lugar al consiguiente choque con la Guardia civil. El hambre, agravada por persistente sequía, asolaba comarcas enteras de Andalucía, lo que los gobiernos de Maura y luego de Villaverde intentaban solucionar con platónicas encuestas del Instituto de Reformas Sociales de nueva creación o con intervenciones mucho menos platónicas de la Guardia civil.

La huelga de Morón, en 1902, afectó a 30.000 jornaleros que fueron secundados por todos los obreros de la ciudad, incluso por las criadas de servir y los funcionarios del Ayuntamiento.

La huelga de Córdoba (abril de 1903), iniciada por los trabajadores del campo, tuvo gran alcance: comercios y talleres, la banca, las escuelas y el Instituto de Segunda Enseñanza e incluso la prensa paralizaron sus actividades. La huelga, comenzada el viernes 17, duró hasta el lunes 20. Se declaró el estado de guerra, hubo barricadas y algunos incidentes. Pero de su carácter benigno da prueba el hecho siguiente, acaecido en el Seminario. Habiéndose dirigido allí los huelguistas con objeto de hostilizar a los seminaristas, bastó con que el Padre Pueyo les explicase que eran forasteros para que desistiesen de sus propósitos.

Otra huelga campesina importante fue la de Bujalance (5 de mayo); en este caso, los campesinos salieran de los cortijos y se concentraron en la ciudad, donde fueron secundados por cocheros, criadas de servicio, etc. Dueños prácticamente de la situación, impidieron que se vendieran bebidas alcohólicas en las tabernas.

En el movimiento campesino andaluz de esa época tuvo curiosos papel una mujer: Belén Sagaña, que participó decisivamente en la constitución de una "Federación Malagueña" que reunió a unas 60 sociedades obreras con un total de casi 20.000 afiliados.

También es interesante recordar el movimiento llamado "El Faro de Andalucía", de carácter libertario, que reunió a 20 sociedades.

Igualmente en Madrid hubo graves acontecimientos sociales durante el último gobierno de Villaverde. El hundimiento de un depósito de agua del Lozoya que causó la muerte de cuarenta obreros (hundimiento del que resultaba culpable la dirección de obras, según dictamen de una comisión oficial) produjo una manifestación popular reprimida violentamente por las fuerzas de seguridad que causaron un muerto y catorce heridos. En entierro de las víctimas se convirtió en importante manifestación política bajo la dirección de Pablo Iglesias.

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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