Un pedazo de historia nos distrae con un algo de mentira

Todo tiempo fue mejor como bueno y es bueno sin quejarnos en particular y si nos culturizamos a la manera de otros es quizás mejor, y tan extraordinario que nos olvidamos de que alguna vez, hemos dicho algo que a otros vecinos o no, les molesta, y vaya reprimenda, y hasta se enfadan y sueltan su retahíla de resentimientos y más si huelen que viene de incultos, entonces la maldad los induce a decir, que su resentimiento es, porque solo ellos están en el oportuno deber de decir la verdad y solo la verdad, o cómo deben comportarse los intrusos, sin importarles lo que otros como escritores (...) hayan afirmado sin consistencia ninguna como seguro les parecerá, la opinión de la tremenda necedad de haber dicho que, la historia es como una página en blanco que cualquier mortal se mete en ella y escribe lo que quiere, y en lo adelante no se cansan de repetir hasta el cansancio, lo que para ellos es su verdad que no escapa, ni aceptan siquiera un revirar de ojos y de pase de página, y lo prodigioso es que toda su vida ha sido el repetir a diario como si tuvieran la tiza y el borrador en sus manos para poder comer y, ese comer de cada día, se ha dificultado en nuestro país y seguirá multiplicándose como incierto, aunque no bailen pegados como antes lo hacían, pero aún así, hay mucho de que hablar, siempre pensando en sí, porque su verdad es que, solo ellos son cultos -¡pásame la salsa María!- y la razón les asiste para difundir a su manera lo que les vaya en ganas su decir, política o no.

Ellos se rasuran a su manera sin delicadeza ninguna, porque los estafadores son otros y en otra parte, pues la mala intención es parte del camino seguido por otros, y como ellos son servidores de más por menos que resoplan su furia crítica viéndose en el espejo de sus bondades con muchísimos años que los cubre en amparo de consistencia de más sabe el diablo por viejo, aunque con cierto azoro y hasta con una hoja de servicios que difunde añoranzas perdidas que no le resbalan y así salen a la buena de Dios espada en mente, a reventar situaciones como los introvertidos que son a buen pujo que les resulta que son insólitas y hasta furtivas y hasta piensan en castigo, pero no poseen la espada de Damocles, y para suerte de otros que no son sus enemigos. Pero ese es su tema y su distracción y, con esa pasión viven y escriben todos los días como su mundo muy particular, de que ellos son ellos y solo ellos y, los demás sino están dentro de un basurero, posible es en un retrete impúdico que los deslengua sin fundamentos con muchas imprecisiones como prestos a difundir malas noticias que, en vez de alegrar contaminan el ambiente como comunicadores incultos o quizás, revoltosos de la inconsistencia de opinar cuando su consideración no es de ningún provecho -vaya realidad- y la Historia de la que siempre han vivido les da más respeto de atenerse a su solvente moralidad de decir y ver la catarata de la ofensa en el ojo ajeno que, como matadores dentro de su oficio lenguaraz los delata y ellos quedan como las magdalenas de la inocencia sin pecado concebido, ¡válgame Dios!

Y como ese es su mundo y estando en él de inmediato apelan a la Historia en su resguardo -nada de cobardía- y que conste que no se trata de malas lenguas, sino todo lo contrario -pareciera. Menos mal que ya Troya ardió y su Historia no se repetirá.

Ahora bien, lo risible está a la vuelta de esquina y, siempre habrá un mamador de gallo que los fastidie, llámese Bobby Cepeda o, Juancito Trucupey o, Rubén Blades con su tiburón, caribeños nada risueños que en alguna biblioteca del saber deben aparecer en posible libro de canciones que la misma Historia que, más adelante los despistará sin que rueden cabezas y con el aforismo de la sin razón que hasta bueno sería para más amargura de los renuentes al desacato verbal que, los 60 mil dólares que se supone que Maduro no le dio a Bobby Cepeda por cantarle en su cumpleaños, por la misma razón de la extravagancia desmedida, resuelva él como un asomo de corregir las malas actitudes, sean repartidos en buena proporción a todos los educadores jubilados del país que viven pelando de su bajo nivel de lo que fueron que, con eso quedaríamos a manos de su buen proceder de mentiroso y, recuperaríamos en parte ese pedazo de mala acción que sin cultura alguna ofendió a la potestad de más por menos de un mal momento y lo más poético sería imaginar que, los educadores reciban parte de un cumpleaños que no fue feliz de Bobby Cepeda para el presidente Maduro que, a decir de la reina María Antonieta, de a falta de pan, buenas son tortas y años después una comedia Bolet Peraza.



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Esteban Rojas


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