¿Qué escucharon? ¿Vengan los leales o por los reales? ¿Por qué y con quién luchamos?

¡Son tantos los decepcionados! ¡Tantos los lamentos! Isaías Rodríguez prefirió volver a Italia; él bien tendrá sus motivos. Quienes llegamos a esa etapa que el venezolano llama por convencionalismo y hasta discreción, "cierta edad", tenemos más motivos. Pero creo que prefirió alejarse por los mismos motivos que a uno, después de tantos años de lucha y sueños, llegada a esta etapa, le asaltan decepciones y con ellas una tendencia depresiva que hay que derrotar.

Venimos desde lejos soñando, pensando en lo mejor, en lo más bello. Envejecimos con los mismos sueños y hemos visto hasta en los mismos sueños, asaltantes y piratas que pasan de un barco al otro. Y lo que no deja de ser grave, capitanes que no saben cómo manejar la tripulación y ponen en el timón a quienes deberían estar en la bodega y cuidado como bajo absoluta observación. ¿Acaso lo de PDVSA y otros espacios, de antes y de ahora, no era para estar alertas y no confundir piratas y truhanes con marineros hechos para la lucha y el sacrificio? ¿Cómo no sentirse decepcionado, cuando toda la corrupción habida antes se nos quedó pequeña?

PDVSA se convirtió en un rio donde las aguas que allí estaban se unieron a las que llegaron en tiempos "de revolución" y todo se pudrió, llenó de mohos y, truhanes hicieron no sólo de gerentes sino hasta ocuparon los puestos, en todos los espacios, incluyendo el partido, donde debieron estar los hombres de siempre, por el tiempo y por la estirpe. ¡Y lo qué falta! Los que todavía pasan agachados.

De la obra de Gabriel García Márquez que, por hábitos también adquiridos en ese permanente soñar con tantas cosas, leímos suficiente, no hay nada que haya dejado tanta huella en mí que aquella conversación entre el Coronel Aurelanio Buendía y su compadre Gerineldo Márquez, que he citado en varios trabajos.

En un momento reflexivo el primero pregunta al segundo:

-"¿Compadre, por qué hemos luchado tanto?"

Márquez, sin meditarlo mucho, pues pareció tener la respuesta a mano:

-"Pues, compadre, por el Partido liberal."

Ante aquella respuesta, no sé si inesperada o no, pues no recuerdo como la percibió "el Gabo", Buendía comentó en voz baja:

-"Dichoso usted que lo sabe".

Largos años, casi hasta llegar a la vejez, habían combatido juntos por una causa o motivo siempre frustrado. Los jefes liberales y conservadores encontraban la manera de acordarse para que los combatientes como aquellos siguiesen siempre esperando por cristalizar sus sueños. Buendía había llegado al estado casi de frustración absoluta. Por eso dijo aquello último.

Hace poco, un camarada de viejas luchas, se ha mostrado tan decepcionado que ha optado por callar. Espera recuperar los ánimos y encontrar los motivos para continuar tal como antes. Sabe bien que debe hacerlo, pero quiere reflexionar para hallar "los pasos perdidos", como dijese Carpentier.

Eduardo Samán, a quien no se le puede calificar con el simplismo de traidor y tampoco divisionista, pretendiendo que él y miles tengan que aceptar lo que unos pocos imponen, optó por lanzar su candidatura a Alcalde de Caracas. Pudiera ser una de esas candidaturas de izquierda, que conserva intacto el ánimo de luchar con el mismo vigor por los sueños de todos nosotros, que Julio Escalona ansía, porque "donde haya un candidato de izquierda yo voy a orientar mi voto por aquel candidato…."

Claro Samán, todavía no está, cronológicamente hablando, a la altura de Aureliano Buendía y cree poder ayudar a retomar el camino que no es bueno recorrerlo solo sino seguido por buenos compañeros. Recoger aquí y allá, al azar o por convencionalismos, apoyos y acompañamientos, pareciera resultar muy costoso. Hay quienes cobran lo suyo no sólo en efectivo sino en grandes cantidades. Por eso hay que ser cuidadoso como recomienda Escalona.

Según cuentan, en las calles de Madrid, en las noches y los momentos de cese al fuego bilateral por un acuerdo, de una trinchera a otra, iban soldados a reunirse para festejar con el "enemigo"; pasadas aquellas circunstancias seguían en su guerra, cada quien con sus banderas sin meterse mentiras. La "revolución" nuestra se empalagó de "leales", cuando les dijeron vengan porque creyeron oír, "vengan por los reales". Y muchos que se hacen llamar históricos, a ellos tomaron no como camaradas o compañeros, sino socios.

Son tantos aquellos que han luchado, como dejar el cuero pegado en el camino sin esperar nada a cambio, que a esta altura de la vida, después de todo lo que ha pasado, se sienten como Isaías y hasta como el Coronel Buendía. Habrá también quienes como el Coronel Gerineldo Márquez, orgullosos y realizados por haber luchado bajo las banderas del "Partido Liberal", aun cuando hayan continuado siendo íntegros y limpios como sus sueños juveniles. Eso sucede porque quizás son más soñadores o soñadores de verdad, que ven el mundo en el cual viven como si fuese aquel que quisimos construir. Si también los hay como Gerineldo Márquez. A ellos habría que decirle, como Buendía a su compadre, "dichosos ustedes que saben por qué lucharon". Por lo menos eso les hace felices y a uno, aquello de verlos así y honestos como siempre, no deja de llenarnos de alegría; aunque sea una muy pequeñita.

No sé si sueño o estoy despierto, pues la vida me la he pasado soñando, tanto que en veces sueño que estoy despierto y otras, creyéndome despierto, sueño. Lo cierto es que mis sueños o mi realidad de ahora, parecen invertidos. Antes soñaba que estaba del lado de una trinchera por la justicia y el equilibrio; que la misma vaina es. Luchaba por la abundancia necesaria para que todos tuviesen acceso a los bienes necesarios. Por la buena alimentación, la salud, que estaban secuestrados por una clase y un Estado. Ahora veo un cuadro complejo, como si la realidad se hubiese roto en pedacitos, estos desplegados en el espacio de manera anárquica. Unos están del lado izquierdo cuando deberían estar en el derecho; arriba en lugar de abajo o viceversa. Unos soldados de un color parecen mezclados con otros de un color diferente que antes estaban enfrentados, lo más curioso, disparan a otros vestidos como ellos. Todo es confuso. Y uno, en medio de todo aquello, sin saber de qué lado están los nuestros. Eso sí, conservo mi bandera pegada a mi cuerpo, no dejo se escape para que sus pedacitos de colores y estrellas se esparzan o desperdiguen y me dejen sin ella. Mi libro, el de mis sueños, apretado a cuerpo está, cerradas bien sus tapas para que el viento que sopla en remolina y viene y va, no mezcle sus hojas con las de otros libros. ¿Cuánto hay pa´ eso? No hay nada que lo compre. Cuando empezamos a soñar, una de las primeras cosas que envolvieron esos sueños fue, los sueños no se compran ni se venden. Tonto quien comparte sus sueños con alguien que sólo le jura lealtad sin compartir sus sueños; quizás sí su cama y su banquete.

Quienes llaman a votar por su discurso, en lo formal, parecieran alineados. Los de aquí, justo en el sitio que le corresponde y los de allá donde deben estar. Pero al votar y contar los votos o mejor seleccionar el candidato, la realidad muestra que aquella imagen es como falsa, pues los votos dan el mismo resultado aunque uno lo espera diferente. Gana siempre el mismo y los sueños se desvanecen.

Por este enredo, a mis años, más que los que tenía Buendía cuando dijo aquello, yo me pregunto, en esta contienda de ahora ¿Por qué y con quién luchamos?



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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