Chávez estuviese hastiado: de lo participativo y protagónico a la cooptación

Se habla ahora, cosa que no deja de asombrarme, tratándose de presuntos revolucionarios, adalides del cambio, de sustituir lo viejo y anacrónico por lo novedoso, a favor del “centralismo democrático”; se acude al viejo pensamiento chino y ruso, para avalar el uso y abuso de la cooptación como forma para escoger los dirigentes del partido y los representantes en los cargos de libre elección popular. En efecto, en el pasado, el partido bolchevique, el PCCH y muchos otros revolucionarios en el mundo, en circunstancias muy distintas a las de ahora, usaron aquella fórmula. Eso incluye a partidos de la vanguardia venezolana del pasado. Eran tiempos de dificultades, sobre todo, sometidos ellos a condiciones de guerra y hasta severas clandestinidades, lo que implicaba exponerse a persecución, detención arbitraria, tortura y muerte. Someter a votación amplia, como debe ser, a discusión abierta, cualquier asunto, era un sueño y exponer a la organización toda. Aquello contradecía la seguridad. Quienes han vivido la experiencia de la militancia clandestina saben bastante bien de eso. Que esos partidos, hayan seguido optando por aquella fórmula, no precisamente absolutamente democrática, sino la más amplia dentro de lo que permitían las dificultades en las que se desenvolvían en el pasado, no es digno de admiración y menos ejemplo de democracia y reconocimiento del derecho de la gente a participar y ejercer sus derechos democráticos.

La tan vilipendiada, con sobrada razón, elección de segundo grado que prevalece en EEUU y procedimiento mediante el cual se escoge presidente en ese país, en cierta forma no sólo se parece a la cooptación sino que casi es la misma cosa.

Sería bueno que quienes defienden la cooptación, derivado del centralismo democrático, como método privilegiado para escoger dirigentes y candidatos a “cargos de elección popular”, en su expresión más rígida y sectaria, como la que ahora prevalece, tanto en el oficialismo como en la oposición, tomen en cuenta que es usado por las corporaciones y empresas capitalistas, donde prevalece el interés de ellas y sólo ellas y también en los viejos partidos de la derecha, como AD, COPEI.

La concepción empresarial y burguesa de ese procedimiento parte de la idea que ella permite a quienes tienen la potestad de escoger, poder hacerlo a su conveniencia e intereses, con absoluta seguridad, sobre todo de la empresa, sin interferencia externa. Por supuesto, eso garantiza o mejor supone que allí no habrá cambios ni alteraciones en línea impuesta por los dueños, porque el o los escogidos por el grupo con facultades para ello cuidarán de hacerlo entre “los mejores” o quizás menos díscolos. La cooptación es en sí, contraria al cambio, garantía para quienes procuran mantener sus privilegios y seguridad para que todo siga igual.

Por esto último, pudiendo evitarlo, estando en plena legalidad y hasta en el gobierno, no hay manera de justificar ese procedimiento por demás burocrático. En el proceso revolucionario no debe haber interés en sujetar el cambio, mediante dirigentes escogidos de acuerdo al interés de lo existente, sino al contrario del movimiento por el cambio.

Es verdad, eso no lo discute nadie, que el procedimiento de la cooptación está previsto en los estatutos del PSUV. Al efecto, el artículo 5° de esos estatutos dispone que “Para la toma de decisiones y elecciones internas el partido podrá utilizar diversos métodos, elección universal directa y secreta, cooptación, elecciones de primero, segundo y tercer grado, opinión y consenso……….. de acuerdo a las condiciones políticas”.

Observe el lector que, el tiempo verbal utilizado “podrá”, sin duda genera un condicionamiento y lo somete a “las condiciones políticas”.

Esas condiciones políticas pudieran ser de distinta índole, hasta económica, en el supuesto caso que resulte imposible cubrir los gastos que una consulta democrática implica. Como también, el tiempo disponible para organizar una consulta frente a una contingencia. Generalmente, para los viejos partidos revolucionarios, la contingencia o circunstancia que aquello determinaba era la precaria posibilidad de movilización, manifestarse, dado que el Estado los reprimía y cercaba.

Ese artículo 5°, pese a que deja abierta muchas posibilidades, porque debe sujetarse a la vida y los imprevistos, señala como primera forma la “elección, directa, universal y secreta”, la cooptación y otras formas vienen después. Se trata de dejar abierta todas posibilidades ante un mundo cambiante y las acechanzas de la vida. Pero no parece lógico, que estando en legalidad y para más en el poder o por lo menos bajo el control del aparato del Estado, sin la interferencia de policía represiva alguna, siempre se busque y aproveche la manera de justificar la cooptación y evadir la primera forma de elegir. Estando en el poder, se puede manipular para crear un cuadro que justifique no optar por ella sino la más expedita para favorecer a quienes tienen el control del aparato. Si examinamos la historia reciente hallaremos muchos ejemplos de esto.

Pero resulta, que no es sólo cosa del artículo 5° de los estatutos del PSUV, sino que los revolucionarios y partidarios del cambio venezolanos, dirigidos por Chávez y bajo su orientación, optaron por borrar de nuestra Carta Magna la condición de representativo que es lo más acorde con la cooptación. La cooptación parte del supuesto que los dirigentes tienen el poder para elegir y escoger. Es decir ellos sustituyen al pueblo, lo que implica que optamos por lo representativo, por lo viejo y decíamos combatir y erradicar. Hemos llegado al caso que, las últimas conformaciones de la dirigencia nacional y de las instancias más bajas, se han hecho mediante el método de cooptación, Centralismo Democrático y Representativo. Es más, los escogidos bajo esa forma, posteriormente han optado por “escoger” a su vez ellos, a los demás para cuanto cargo o candidatura haya sido necesario. Hablamos de participativo y protagonismo hacia afuera, mientras adentro aplicamos la representatividad. ¡Luz hacia afuera, oscuridad adentro!

Nuestra constitución, la que los chavistas llaman la “de Chávez” y la que el gobierno exhibe como, para decirlo con palabras del mismo personaje, nuestro Popol Vuh, establece nuestro modelo democrático como participativo y protagónico. Siendo así, además de lo previsto en los estatutos del partido, tal como hemos dejado constancia e interpretado, la cooptación sólo podría ser pertinente en determinadas circunstancias, no siempre y menos adoptarla como el método único para escoger dirigentes y representantes en “cargos de elección popular”. Sucede que lo excepcional se ha convertido en regla y para ello siempre se apela a cualquier excusa o manipula el escenario para darle cabida. Desde hace años, la dirección del PSUV, desechó la elección directa, universal y secreta hasta para escoger los integrantes del Congreso de esa organización.

Pero aun admitiendo, en caso extremo, en una “situación sobrevenida”, para decirlo con gravedad, la pertinencia del procedimiento, eso no niega el derecho de los militantes a auto proponerse o proponer camaradas. Tampoco contradice el derecho a exigir del grupo con responsabilidad de escoger, suficientes méritos y cualidades para ello, como suficiente ecuanimidad, equilibrio y sin sujeción a grupo alguno. Menos es opuesto que a los propuestos se les examine el currículo que los avala como militantes idóneos, para lo que se requiere muchas cualidades; de manera que los escogidos sean de los mejores y aptos posible, sin tomar en cuenta criterios ajenos a la condiciones que deben distinguir a los revolucionarios. Lo contrario “podría” ser escoger a quien sea con tal que forme parte de los círculos que controlan al partido y secuestran el cambio; es decir, como quienes se reparten un botín.

Es inconcebible que alguien que se defina como revolucionario, partidario del cambio, lo nuevo, democrático, lo que le da poder al pueblo, justifique el uso desmedido de procedimientos excepcionales, de paso como amañados, de emergencia que, convertidos en habituales, contradicen el espíritu del pensamiento de Chávez y la Constitución venezolana.

No obstante, quien no se sujete a ese fórceps anacrónico, podría, ser “individualista” y hasta “traidor a la patria”.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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